Uno de los principales problemas de México es la corrupción

La corrupción en México

Uno de los principales problemas de México es la corrupción. La democratización localiza en ese fenómeno una de sus principales resistencias a causa del desencanto de los habitantes hacia la política y los políticos, provocando que la participación ciudadana en las cuestiones públicos sea menor a la que existe en otras políticas que viven procesos de liberalización política similares, generando consecuencias negativas en la calidad de la representación política. El desarrollo económico no logra ser óptimo por las cargas al intercambio de bienes y servicios relacionados a la corrupción. Metódicamente todos los aspectos de las políticas públicas que permiten poner al alcance de la población factores de prosperidad social como salud, educación e infraestructura se ven afectados no solamente por la corrupción sino a veces también por las políticas erráticas para tratar de combatirla, que generan una carga regulatoria superflua en deterioro de la competitividad de la economía mexicana.

El sistema político mexicano se ha liberalizado, en mayor o menor medida, trayendo entre muchas otras consecuencias la ubicación del tema del combate a la corrupción en un lugar prioritario, al menos en lo prolongado, de la plataforma política de todos los partidos nacionales con registro.

La indispensable protección de los derechos fundamentales, el sistema jurídico mexicano en lo general y los cada vez más sofisticados mecanismos de corrupción han generado que no sean pocos los casos en los que la impunidad triunfe ante la falta de instrumentos efectivos para castigar a los implicados en tan dañina gestión.

¿Pero, desde cuándo se ha manifestado la corrupción en México?

Uno de los grandes problemas de México fue que al tornarse una nación soberana nació sin tener unas bases institucionales sólidas. Casi todo el siglo XIX se identificó por ser un periodo de desequilibrio político. No es hasta el llamado Porfiriato, que México vive un periodo de paz y prosperidad económica. Porfirio Díaz logró sosegar a la competencia política y mantuvo contentos a sus colaboradores. La corrupción entre su gente era algo tolerado por Díaz. Ésta tenía como objetivo asegurar la lealtad de sus subalternos; era un costo necesario para mantener la estabilidad política que necesitaba el país. Díaz comenzó con el presidencialismo. El problema que había era la falta de un elemento eficiente que pudiera asegurar una sucesión presidencial pacífica y ordenada.

Fue entonces, con el fin del Porfiriato, que volvieron muchos de los problemas que se habían vivido durante gran parte del siglo XIX. La administración de Madero, que sucedió a Díaz, se vio constantemente amenazada por grupos divergentes, pero gracias al General Victoriano Huerta logró soportar los ataques. Al final es la traición de Huerta lo que pone fin al gobierno de Madero y esto desata una ensangrentada disputa por el dominio. Finalmente, es el General Plutarco Elías Calles quién plantea una medida sobre qué modelo de gobierno se debía adoptar que se adecuara a la realidad mexicana. Calles desarrolló un modelo corporativo de gobierno para conciliar las fuerzas políticas y así acabar con los repetidos crímenes que empezaron con el asesinato de Madero. El modelo corporativo consiste en absorber todo el potencial de la sociedad mediante la integración diferenciada de las partes del “cuerpo social”, es decir la corporatización de los distintos grupos de la sociedad (obreros, campesinos, militares), al mismo tiempo que se realizan elecciones controladas por el partido. En otras palabras, toda la sociedad quedaba inmersa en las esferas del gobierno. Calles desea, desde la muerte de Obregón y hasta la presidencia de Lázaro Cárdenas, el mayor poder político, es el Jefe Máximo, la máxima figura dentro de su esquema de gobierno corporativo, aún con mayor poder que el propio presidente. Calles se había percatado de que para tener el poder político no era necesario ser presidente,  bastaba con poseer el control sobre él.

Durante su presidencia, Cárdenas expulsa a Calles, y consecuentemente se vuelve la máxima figura dentro de la política y dentro del esquema corporativo. Cárdenas resuelve el problema de sucesión presidencial mediante el dedazo: un mecanismo mediante el cual, el presidente saliente nombraba al candidato que le iba a suceder. Además, el antecesor no se inmiscuiría en la política una vez que deja el poder. La maquinaria partidista le aseguraba al nuevo candidato el triunfo. Esto significa que las instituciones electorales estaban corrompidas, y por lo tanto en la historia del Partido Revolucionario Institucional existen varios casos de corrupción política, entre los que destacan el triunfo de Pascual Ortiz Rubio sobre José Vasconcelos en 1929, el triunfo de Manuel Ávila Camacho sobre Andrew Alamazán en 1940, y el muy discutido triunfo de Carlos Salinas de Gortari sobre Manuel Clouthier y Cuahutémoc Cárdenas en 1988.  Es con Lázaro Cárdenas que se vuelve al presidencialismo. Lo cual configura uno de los problemas del sistema corporativo, pues el poder del presidente era prácticamente ilimitado. Se seguía haciendo la ficción de tener una democracia, aunque el PRI arrasara en las elecciones. Tendrían que pasar muchos años para que el PRI reconociera sus derrotas. Es hasta 1989 que un partido de oposición gana una gubernatura, hasta 1997 que el PRI pierde la mayoría en el congreso y finalmente hasta el 2000 que pierde la elección presidencial.

Como conclusión, la corrupción es un fenómeno social que arremete a cualquier rubro y a cualquier clase social, se desarrolla por el propósito de beneficiarse a costa de las demás personas.

Los tipos de corrupción más notorios son, entre otros, los que se presentan dentro de las delegaciones de gobierno; con los agentes de tránsito; haciendo trámites como la obtención de licencias, actas de nacimiento, matrimonio, en dónde los sujetos públicos piden las “mordidas” a cambio de la agilización del trámite, o simplemente para llevarlo a cabo.

A pesar de la fuerte lucha contra la corrupción, es difícil erradicarla, debido a los bajos ingresos que perciben los servidores públicos, que usan esto como justificación, para cometer este tipo de actos, la mejor manera de combatirla es denunciando estás acciones y evitando caer en ellas, pues de otra manera seguirán cometiéndose, porque los principales causantes de todo esto somos la población que accede a estos actos.

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