Francisco Hernández, Poetógrafo de la ausencia

Hoy culmina el taller de poesía: “Poetografía”, impartido por Francisco Hernández, el Maestro

“Un taller no sirve para crear poetas. Nadie se hace poeta en un taller.
“Un taller no sirve para crear poetas. Nadie se hace poeta en un taller.

Miércoles dieciséis de junio: inicia el taller, personajes de la Cultura inauguran: Elsa de La Paz, Leonardo Varela, Rubén Sandoval. Los asistentes no son poco conocidos: Anna Rosshandler, Christopher Amador,  Amado Cuervo, Varela y el mismo Raúl Antonio Cota, entre una docena de propositivos talentos más. De cinco a siete de la tarde sin falta y crítica nada complaciente (mas constructiva y concienzuda), trabajar, comentar, debatir.

El taller se basó en poetizar imágenes, fotografías en particular, retratos específicamente: Joel-Peter Witkin, por ejemplo. El fin fue desmitificar la labor del poeta, valorizar el trabajo, el oficio. Los asistentes debían trabajar sobre algo en específico, por tal motivo, la inspiración no jugaba un papel trascendental: algunos escribieron en sus oficinas, otros en el camión, algunos en un restaurante y lo mostraron al grupo y fueron criticados: “al menos alguien recibe por primera vez una crítica diciéndole, esto que estás escribiendo es cursi”, dice Francisco Hernández al referirse a los aspectos que ayudan al crecimiento como escritor cuando se es parte de un taller de literatura.

“Un taller no sirve para crear poetas. Nadie se hace poeta en un taller. Pero alguien descubre a un autor para poder leerlo, al menos alguien descubre que hay otra forma de escribir las cosas, al menos alguien se atreve a discutir en un plano absolutamente literario” Para Francisco Hernández la poesía es una dedicación de incondicional entrega e investigación, las imágenes y las vidas de los imaginados son su materia.

“Allá en mi pueblo, en San Andrés Tuxtla, Veracruz, no había talleres de poesía y yo nunca tomé un taller” El maestro fue publicista por veintinueve años, no es sino hasta hace quince que vive de escribir, de becas y premios, a los sesenta y cuatro años sigue naciendo y naciendo. “Escribía     algunas cosas      que no gustaban. Algunos amigos me decían ‘sí está más o menos bien pero no, no, yo creo que no’ y entonces ganó terreno la publicidad y entonces ganó terreno la vida real, es decir (sonríe) me casé, tuve dos hijos y tenía que trabajar (moviendo la cabeza, en plan de “a darle duro”), hasta que tenía yo, como… treinta y cuatro creo, ahí publiqué yo mi primer libro”

Los asistentes que no se conocían se dieron sus números de teléfonos, sus direcciones de correo electrónico “gracias Maestro, fue un  placer”. Fotografía de clausura.

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