Chava Flores, el poeta del relajo
Fue el autor de divertidas estampas musicales sobre la vida en la Ciudad de México y en el país. María Eugenia habla de su padre a 25 años de su fallecimiento.
Fue el autor de divertidas estampas musicales sobre la vida en la Ciudad de México y en el país. María Eugenia habla de su padre a 25 años de su fallecimiento.

CIUDAD DE MÉXICO, 5 de agosto.– Su mayor gloria fue haber nacido en los tiempos en que el ser pobre en la Ciudad de México no era una tragedia.

Alguna vez dijo que si volviera a nacer “sería el mismo, pero nadas más que rico, nomás para ver qué se siente”.

Ésa era la actitud antisolemne de Salvador Flores Rivera, mejor conocido como Chava Flores.

Escritores como Pável Granados lo definen como el único cronista musical del Distrito Federal para el mundo. Otros más lo ubican como el “compositor festivo de México” o “el compositor del barrio”.

A un cuarto de siglo de su muerte, su obra sigue vigente, aunque poco reconocida. Fue el cantautor que diseccionó los detalles, costumbres y descripciones de los personajes de una época de la capital mexicana.

Su hija María Eugenia Flores Durán aseguró que la gran movilidad que tuvo durante su infancia y juventud por la ciudad influyó en esa sensibilidad para contar historias cotidianas de una forma muy peculiar.

Su nacimiento, el 14 de enero de 1920, estuvo marcado en la calle de la Soledad, en el antiguo barrio de La Merced. Creció en Tacuba, en la Roma y Santa María la Ribera, aunque también se le ubica en Azcapotzalco y la Unidad Cuitláhuac, lugar en donde vivió hasta 1986, cuando se mudó a Morelia, Michoacán.

De acuerdo con su biografía oficial, desde que murió su padre en 1933, tuvo que comenzar a trabajar para contribuir al sostenimiento de su familia.

Chava Flores tuvo infinidad de empleos desde su infancia: fue costurero, encargado de almacén, cobrador, vendedor de puerta en puerta, administrador de una ferretería, propietario de una camisería y de una salchichonería, y hasta impresor.

Fue esencialmente un trabajador incansable. Cuando las cosas no funcionaban bien en su empleo, inmediatamente buscaba una alternativa que le permitiera continuar trabajando. Ése fue el caso del año 1946, cuando desafortunadamente tuvo que cerrar su camisería, y con ello comenzar una racha de empleos breves y mal remunerados.

En la gran mayoría de estos empleos fracasó, incluso uno de estos tropiezos lo llevó a ser encarcelado por quien fuera su compadre.

“Afortunadamente para México fue mal negociante; si no, no hubiéramos tenido a Chava Flores”, dice orgullosa su hija María Eugenia.

Pável Granados lo define como cronista musical, porque desde que inició con su primera canción: Dos horas de balazos, lo tomó como un programa de vida, lo hizo de una manera genial, porque prácticamente tomó desde el nacimiento del mexicano hasta su muerte: con el nacimiento, el bautizo, la primera comunión, los 15 años, las bodas, todo hasta llegar a la muerte. Su legado fueron más de 200 canciones.

“Lo hizo con un estilo que es al mismo tiempo cómico y nostálgico; no era un hombre hecho para el chiste, porque le tocó conocer de niño las vecindades de México y también, la verdad, es que le tocó ese desgaste que se dio en los años 40, cuando se congelaron las rentas a raíz de la Segunda Guerra Mundial y se empezaron a desgastar todas las vecindades.

“Le tocó describir a ese México, ver esas vecindades perdidas; esos barrios del Centro Histórico, que tenía cada uno su personalidad, que algo tuvieron que tener de idílicos”, argumentó  Granados.

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