Las triste realidad de los realities

Erik I. Murillo

 

La guerra de los realities ha empezado, y las dos más grandes televisoras del país, han puesto toda la carne en el asador para ganarse los primeros lugares en rating de la tv mexicana.

Por su parte, Televisión Azteca, se adelantó a la guerra de realities, con su programa producido por Magda Rodríguez, Segunda Oportunidad, el  cual ofrece más de lo mismo; una simple Academia, pero con otro nombre y los concursantes de siempre, reciclados de todas las generaciones anteriores, que nomás no lograron figurar por la saturación de «estrellas» improvisadas.

Televisa, que no se podía quedar atrás en la competencia por lo chafa, acaba de estrenar,  hace dos fines de semana, su Campeonato Mundial de Baile, el cual consiste, en lo que han consistido, todos los programas producidos por los Galindo, pero ahora con bailarines internacionales.

El gran duopolio televisivo sigue apostándole por las fórmulas conocidas, que han venido explotando desde hace más de un lustro. Mientras que en otros países del mundo, como EEUU, la oferta de realities es muy variada y siempre están buscando la diversificación de la televisión, en México, seguimos comiendo refritos altos en grasas saturadas.

Hasta ahora, ninguna de estas empresas ha sacado un programa con contenido original. Shows como Big Brother, Bailando por un Sueño o Cuanto quieres perder, han sido copiados y mal imitados en México, vendiéndolos posteriormente al resto de Latinoamérica como idea novedosa y original.

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