El gran hoyo negro que no ha podido interpretar ni operar todo el aparato político mexicano ha sido evidente a los ojos de todo mundo

Panamá y el “Hoyo Negro” de los Toluquitas

El gran hoyo negro que no ha podido interpretar ni operar todo el aparato político mexicano ha sido evidente a los ojos de todo mundo, menos –¡claro!– de los toluquitas. Ellos siguen jugando a rellenar los puestos delicados del gobierno con recomendados que le mandan a Videgaray y que Videgaray les manda a ellos.

Nunca se han dado cuenta –por lo visto hasta ahora ya no se darán cuenta– que el imperio perdió los brazos, el cerebro y el tacto, gracias a la llegada de un incapaz como Barack Obama. Se quedó sin liderazgo político.

También, gracias a los escándalos de rapiña financiera con los que acabaron de desmadejar la endeble economía mundial en 2008, el imperio se quedó sin la proverbial fuerza de las dinastías, exhibidas como incompetentes desde entonces. La historia del emperador desnudo.

Para tener una idea clara de lo que significaba la influencia de las dinastías, basta acordarse de Robert A. Taft, uno de los sempiternos aspirantes a la candidatura republicana (1940, 1948 y 1952) a la Casa Blanca, que en la era de esplendor hizo una revelación tan exagerada como cierta.

Desde 1936, dijo Taft, «todos los candidatos republicanos a la presidencia de los Estados Unidos, hemos sido nominados por el Chase Manhattan Bank», evidenciando la intervención de uno de los jugadores más pesados en ese sistema político.

Los toluquitas no se enterarán jamás que hubo dueños de la economía planetaria, de las campañas y de los compromisos de los triunfadores en las urnas, que nunca se anduvieron por las ramas en esto de sojuzgar patios traseros como los latinoamericanos.

Ahora que los Atracomulcas van a Panamá, desde donde Estados Unidos mueve sus intereses en el subcontinente, sería bueno que supieran un poco de esa historia.

El poder se movió de Wall St. a Washington

Durante los últimos setenta años, casi los mismos que el PRI duró en el poder, el Clan Rockefeller por sí mismo, con la ayuda de sus ejecutivos, partió el bacalao y ejerció una influencia incontestable. Pero eso lo saben los priístas, no los de Zacazonapan. A éstos, papi les dio todo en bandeja de plata para que ahora lo tiren al bote de la basura.

Las grandes esferas del poder — hasta antes del crack del 2008– se vieron inundadas con personajes — «abogados del dólar», los llamaron, y a ellos les gustaba ese remoquete– que determinaron el rumbo y el ritmo de la política y la economía mundial.

Procedentes directamente de los órganos directivos de las empresas de los múltiples holdings del trust Rockefeller y empapados del espíritu de esas corporaciones, cambiaban de escritorios: de Wall Street a Washington, como si las nominaciones del partido del elefante les pertenecieran.

Para muestra, un solo botón : Henry Cabot Lodge, suegro de Antonio Enriquez Savignac, uno de los próceres de la localidad chilanga, fue candidato a la vicepresidencia de Richard Nixon –contra Kennedy, en 1959– -después de haber sido embajador en Vietnam, poco antes de la invasión frustrada.

Su nieto, Juan Enriquez Cabot, fue prócer de los Servicios Metropolitanos de la ciudad de México. Jefaturó, junto con Marcelo Ebrard, el famoso desfalco de Santa Fe, después de haberle dado el esquinazo a su valedor y “padre de la Patria”, Manuel Camacho, en la miliunoche$ca repartacha de las comisiones.

Pero eso es bisutería.

La relación es tan prolífica que, sólo para citar a los más significativos de los egresados corporativos del Chase, me acuerdo de Douglas Dillon, Allen y John Foster Dulles –aquél que dijo, cuando se fueron a quejar de Somoza, que el dictador nicaragüense era «nuestro hijo de perra»–, Winstorp Aldrich y Dean Rusk, destacados protagonistas del escenario norteamericano, el espionaje y la intervención en el período de la guerra fría. Famosos por inventar objetivos y propaganda bélica.

La lista continúa con el relevo generacional de los anteriores, Walt Withman Rostow, quien nos quiso vender los espejitos de las necesarias etapas del desarrollo gringo, Zbigniew Brzezinski y Henry Kissinger, también salidos de la Fundación.

Rockefeller, forjador de una dinastía

Es interesante, para tener una idea de quién era el patrocinador, asomarse a la historia del forjador de la dinastía, John Davison Rockefeller, descendiente de una familia de judíos alemanes llegados a un suburbio de Nueva York.

Trasegadores y mercenarios en la guerra de secesión, fundaron sus antepasados la empresa Standard Oil. A partir de ese momento empezaron a adueñarse de la industria petrolera mundial.

Para tener una idea, ‎la empresa de los Rockefeller descubrió el primer pozo petrolero verdaderamente importante en la región de los emiratos árabes en Qatar, a principios del siglo XX. Ahí nació la pesadilla del Medio Oriente.

El origen del imperio sunita en Arabia Saudí está estrechamente ligado a ellos. Y todavía hay quien duda que en las maniobras del bajo precio petrolero están metidos haciendo mancuerna. Ellos han sido los atizadores de la discordia en el Medio Oriente.

Los actuales conflictos de árabes sunitas contra los chiitas iranios y sirios, no pueden entenderse sin la manzana de la discordia que se encuentra en el centro: el imperio Rockefeller.

En el camino se quedaron sus competidores y un largo rosario de artimañas, extorsiones, sobornos e irregularidades de toda índole, nada que no tuviera que ver con la lógica del capital, llevada a sus últimas consecuencias.

El imperio Rockefeller inspiró a Karl Marx para proferir aquella sentencia inolvidable:» el capital es un animal miedoso. Cuidado con sus reacciones».

Desde entonces, la jaculatoria preferida del fundador de la dinastía sería: «Dios bendiga a la Standard Oil», y la divisa de su imperio económico, perpetuada en el edificio central en Nueva York, dice: «Por el bien de la humanidad»(¡gulp!).

Hasta sus adversarios lo trataban como a un rey

El proceso de consolidación financiera de sus corporaciones culminó exitosamente en 1955, con la fusión del Chase Nacional Bank y el Bank of The Manhattan Company, ligado al grupo Warburg, de la que resultó el Chase Manhattan Bank, de una presencia indudable en los desastres actuales.

No es difícil advertir que la conformación de esos mastodónticos conglomerados económicos contradice frontalmente las cacareadas reglamentaciones antitrust, así como el no menos vociferado sofisma del «libre mercado» y la «mano invisible», espantajos propagandísticos, como los hechos demuestran hasta la saciedad.

En todos los juicios importantes que los «abogados del dólar «han enderezado ante los tribunales y la Suprema Corte de EE UU ha resultado triunfante el trust Rockefeller.

Fue así como nacieron la Standard Oil de Nueva Jersey‎, la SOCONY, de Nueva York, la Vancuum, la Humble Oil, las espectaculares acciones en Bolsa, que han hecho expresar a varios presidentes que la legislación antitrust puede esperar, lo que importa es el éxito de las compañías.

El Consejo de Relaciones Exteriores, la Comisión Trilateral y el Bilderberg Group, entidades financiadas por los grandes oligopolios económicos de Rockefeller, han estado en las últimas décadas detrás de los sobornos parlamentarios, los negocios sucios y las invasiones armadas más escandalosas de que se tenga memoria.

El creador de la doctrina del gran garrote, el emblemático Theodore Roosevelt ya lo había advertido cuando tomó posesión :» todo esfuerzo por desmantelarlo resultaría fútil, a menos que se hiciera de una manera que se desmantelara a toda la Nación».

Un destacado biógrafo de la familia, George Gilder, confirma: «Cuando David va a Rusia es tratado a cuerpo de rey. Resulta curioso que nadie sea capaz de reverenciar, halagar y exaltar a un Rockefeller tan bien como lo hacen los marxistas».

Sin embargo, la codicia rompió el saco. Fue muy grave el daño que el Chase Manhattan Bank le hizo a las economías mundiales con el tráfico de los «activos tóxicos » de la crisis hipotecaria subprime en 2008, como aquí lo platicamos usted y yo hace unos días.

Ir a Panamá, más caro que un shopping Spree

La influencia de las dinastías quedó tocada. Es una nueva historia del mundo. Y nosotros, ni en Los Pinos, mucho menos en Tlatelolco, con un pobre muchacho recomendado a Videgaray por Cordero, nos hemos dado cuenta de todos los intersticios que se han abierto para hacer los canales de negociación más amplios y favorables a los mexicanos.

El hoyo negro está dado, junto con las condiciones favorables para cualquier mediano negociador diplomático. Pero‎ el único hoyo que traen los toluquitas lo traen en su cabeza, más dura que una piedra de moler chile.

‎¿De qué sirve ir a la Cumbre de las Américas si no se sabe esto? Es demasiado dinero malgastado para ir a tomarse una foto.

‎Hacen menos daño sus mujeres derrochando nuestra lana en tienditas de Beverly Hills. ¿O no?

Índice Flamígero: “Caí de pie”, dijo AMLO, tras el desplome del templete sobre el que se encontraba en un mitin en Milpa Alta, la zona rural del DF. Las interpretaciones están de sobra.

www.indicepolitico.com / pacorodriguez@journalist.com / @pacorodriguez

 

Subscribe
Notify of
guest
0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments