Parece una huella enigmática ‎del "gobierno" hacer todas las cosas al revés

En el «Gobierno» todo al revés

Parece una huella enigmática ‎del «gobierno» hacer todas las cosas al revés. A veces, el estigma adquiere connotaciones realmente peligrosas. Cuidarlos y cuidarse es la única receta para el equilibrio cardíaco.

Todo mundo se ajusta los cinturones y se pone tieso cuando declaran ponerse a combatir el hambre, la pobreza, el desempleo, la violencia, el narcotráfico o los medios. Ahí sí nadie les gana. Son los amos del despropósito. Lo hacen al revés.

‎Cuando se trata de crear líderes, si el «gobierno» es inteligente, lo hace con maestría, con gran tino. Cuando no lo es, trata de tocar la diana, y tiene que crearlos involuntariamente, le resultan esperpentos «marca llorarás».

Con ese antecedente, a contrapelo de todos los países occidentales, donde las fuerzas motrices de la Nación crearon por consentimiento al Estado, nosotros no. En México, el Estado fue el verdadero creador de la Nación. Aunque parezca fantasía, así fue.

Y… el Estado creo a la Nación ‎. Para no buscar demasiado lejos, pues siempre ha sido así, a raíz de la consolidación del aparato estatal, los caudillos sonorenses fabricaron por designio a todos sus líderes interlocutores con poder prestado.

A pesar de que el mismo Álvaro Obregón había preguntado al que se parara enfrente «quién sería el que salvaría a México de sus salvadores», él se erigió en Gran Dedo y ungió, después de sepultar los batallones rojos de la Casa del Obrero Mundial, a los nuevos líderes de los trabajadores del campo y la ciudad.

La creación de la Confederación Regional Obrera Mexicana fue plataforma inmejorable para catapultar a Luis Napoleón Morones‎ a integrarlo como secretario de Estado, en el primer intento exitoso de corporativismo. Luego, Morones fue el brazo armado que asesinó al caudillo, cuando buscaba la reelección.

Los sonorenses fueron los mejores aliados de los grupos regiomontanos para consolidarlos como jefes de la industria nacional. Todas las exenciones y excepciones –financieras, industriales, laborales, comerciales–, a través del «gestor» vasco Adolfo Prieto, fueron pocas para fortalecer sus consorcios.

Nuestra «aristocracia», muy menor; provinciana

Al mismo tiempo, los sonorenses adquirían «bases sociales‎ y empresariales» para legitimar su gobierno ante al ansiado reconocimiento yanqui, indispensable para los créditos y las armas, en esa lucha encarnizada de facciones.

A los empresarios del Grupo Monterrey se les daban todo tipo de franquicias y reconocimientos.‎ Llegaron a ser miembros de consejos de administración y juntas de gobierno de casi todas las empresas, universidades e instituciones estatales de renombre. Un sobrino de Adolfo, Carlos Prieto, llegó a firmar los billetes que imprimía el Banco de México.

El chofer de Obregón‎, Tanis Mercado, favorecido por órdenes del caudillo con gasolina gratis, llego a controlar lo que después sería el pulpo camionero, empezando con la línea urbana capitalina Roma- Mérida, hasta hacerse del monopolio Estrella Blanca .Con el tiempo, sus descendientes fueron liquidados.

Al frente quedaron Carlos Hank, Rubén Figueroa y Roberto Alcántara. A la fecha sobrevive el menor de la dinastía Alcántara, hoy financiero y real propietario del pulpo camionero.

Emblemático, porque parece llevar el sello de la casa, resultó ‎el berrinche que montó la sociedad de piel «dorada», la misma que era exaltada hasta el paroxismo en las páginas de sociales de aquél periódico Novedades, por el «Duque de Otranto» Carlos González López -Negrete y por Agustín Barrios Gómez, en su «Ensalada Popoff», del viejo Excélsior.

Un desplegado a plana entera y color en el diario de los socialités mexicanos, El Heraldo de México, en el que los aristócratas mexicanos expresaban su furia e indignación ante la barbarie que había cometido Antenor Patino, el boliviano «Rey del Estaño», dejó fiel testimonio de un acto propio de su decadencia.

Resulta que el simpático boliviano no les giró invitación en el verano de 1970 para acudir a la fastuosa inauguración de su hotel «Las Hadas», en Manzanillo. En cambio, las albercas y las glamorosas salas de estar del balneario se vieron adornadas con las bellezas y los apetecibles palmitos de la aristocracia internacional y la realeza europea.

Los ricos locales, los Legorreta, Alarcón, Escandón, Lascuráin, Branif, Díaz Lombardo, Arrigunaga, hasta los Corcuera y demás prosapia de esa ralea, sintieron que se les movía el piso y protestaron públicamente contra la ofensa del pobre de Antenor.

Incluso, pidieron que la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas cancelara el funcionamiento del aeropuerto que el boliviano había mandado construir para que aterrizaran las naves de los ricos europeos. A la fecha es el aeropuerto internacional Playa de Oro, de Manzanillo.

Un periodista provinciano de Colima, Humberto Silva, consiguió una entrevista con el magnate boliviano. A pregunta específica de por qué había actuado así, Antenor contestó que se trataba de gente menor, cuya riqueza y modales eran provincianos, que desmerecían frente a la auténtica aristocracia.

Los calificó como clientes asiduos de hoteles de paso en Acapulco, consumidores de tiempos compartidos y restaurantes de menús baratos que no tenían el perfil de la clientela que buscaba para el conjunto de «Las Hadas», en ese tiempo considerado uno de los más bellos y caros del mundo.

Un país de juniors y herederos

‎Fue el primer revés escandaloso sufrido en carne propia por los herederos de la aristocracia pulquera. El segundo lo dio involuntariamente el gobierno, pues al no poder fabricar más dinero ante la crisis, no pudo rescatar las malhadadas «inversiones de portafolios» que habían quebrado al Grupo Monterrey.

Las malas decisiones del Grupo Alfa, que abarcaba mucho y apretaba poco, acabó con la fortuna empresarial de los regiomontanos, hasta que se quedaron sin liquidez.

Al final, el único que la tenía era Roberto González Barrera «El Maseco», ¡el que fabricaba las tortillas de maíz! ¡Qué escándalo! Le habían sembrado todos los obstáculos para ingresar al selecto club de milmillonarios y ahora los dejaba en un ridículo afrentoso.

‎Hubo herederos y juniors de todo en esta nación, desde los de Atracomulco, que heredaron la corona del gobernador Isidro Fabela, a través de su sobrino, Alfredo del Mazo Vélez, ungido con el negocio de los recursos hidráulicos y la irrigación. Ruiz Cortines nunca los dejó pasar.

De William Jenkins, con el fabuloso negocio de la «cadena de oro» de cines, teatros y espectáculos. De los banqueros porfirianos, a través de los Legorreta, Chauvet y compañía que reventaron cuando trono el primer pistache de la crisis de la Bolsa en 1981.

Los agricultores «nylon» del Noreste tamaulipeco, algodoneros financiados y apapachados por el Estado para producir en condiciones ventajosas del mercado textil y de las manufacturas durante la Segunda Guerra. Los Longoria y sus bancos quedaron como un ejemplo de lo que es inventar financieros y agricultores improvisados a escala.

En el periodismo nacional, los herederos del tribuno de derecha Félix F. Palavicini y la familia Lanz Duret, en El Universal. En el sindicalismo burocrático, los de las huestes sindicales de El Colorado Sánchez Mireles y de Jesús Robles Martínez, hasta el esperpento del líder emergente de la CTM.

Un pobre ‘pirrurris’, Gamboa Pascoe, favorecido por la fortuna, yerno de Jesús Yurén –uno de «los cinco lobitos», ex dirigente de la Federación de Trabajadores del DF– que heredó el liderazgo a la muerte del viejo cacique.

Ahora, el acomplejado «líder » devela, en su nombre y representación una estatua de bronce, mandando a la bodega la de Fidel Velázquez, el que hizo posible la existencia de su pobre estirpe. ¡Vaya ridículo el de esa gentecita!

No hay quien compre; no habrá quien produzca

Y ahora , los toluquitas van por los medios. Argumentan que la nación requiere el margen de maniobra necesario para hacer todas las labores de patio, usted sabe, desorientar, divagar, difuminar, diversificar lo sucedido. Ya dieron el primer zarpazo.

El Estado creó a la nación, pero ésta ya le queda chica. No estira para cobijar todo el páramo de la miseria. Salen del país y no les alcanzan las revistas de papel cuché para cubrir sus necesidades. Su ego inflado merece otro tratamiento. Necesitan sus propios medios.

El Hola! de petatiux y las pasarelas de moda con sus diseños de gran estilo y de prêt-à-porter no son suficientes. Los descobijan. Los evidencian demasiado. El animal mediático voltea hacia todos lados y no encuentra en quien cebarse.

Están llegando a sentir que si la pobreza se ha extendido demasiado, no hay quien cubra los impuestos para las necesidades apremiantes de la nómina de sus cuates y de su caja chica. Tampoco hay quien compre y dentro de poco ya no va a haber quien produzca.‎ Son leyes del mercado.

Ante el colapso del circo, antes que una rebelión social, deberían crear otra Nación, o buscar otros apoyos para recargarse.‎ Ahí está el sector económico del narcotráfico, les recuerdan sus asesores áulicos, pero responden que para eso no tienen interlocutores.

Fox no llena esos zapatos. Le quedan muy grandes, aunque él jure por ésta que sí puede. Ya propuso una holding marihuanera. Ahora apuesta por el diálogo. No es el negociador que se busca. Apúntense. Hasta que hay una vacante que no quieren absorber los toluquitas!

Necesitan contratar alguien de experiencia.

¡No vaya a ser que lo hagan al revés‎!

Índice Flamígero: Incompleto, cojo, mocho con los “moches” es el tan cacareado Sistema Nacional Anticorrupción recién aprobado en el Congreso. En 10 puntos, el colega Jenaro Villamil muestra su cortedad e inutilidad: 1.-Se mantiene el fuero a alcaldes, legisladores y gobernadores. 2.-No se harán públicas las declaraciones patrimoniales y de intereses del titular del Ejecutivo federal y de los Ejecutivos estatales. 3.-La Auditoría Superior de la Federación sólo hará investigaciones del gasto presupuestal “en tiempo real” para planear auditorías futuras. 4.-No se ponen topes y candados al gasto en comunicación social del gobierno federal y de los gobiernos estatales. 5.-No se establecen nuevos mecanismos para sancionar a la corrupción en el Poder Judicial. 6.-No se desarrollan esquemas necesarios de inteligencia financiera para combatir lavado de dinero. 7.-Se mantienen limitadas las funciones de la Secretaría de la Función Pública. 8.-Con este sistema no se podrán prevenir ni evitar nuevos casos como la Casa Blanca de Peña Nieto, la de Malinalco de Videgaray o las de Osorio Chong en Las Lomas. 9.-Tampoco se evitará el reparto discrecional del presupuesto que permiten los “moches”. 10.-No se crean espacios más amplios de participación ciudadana.

 www.indicepolitico.com / pacorodriguez@journalist.com / @pacorodriguez

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