La conclusión es que todos los aparatos del Sistema Nacional de Seguridad Pública y, por ende, de la seguridad nacional, están infiltrados

El sistema de seguridad, infiltrado

Informes confidenciales, reservados para altos estudios de inteligencia militar –hoy en poder de agencias externas– revelan un estado desastroso en la disciplina y el control de las instituciones encargadas de la seguridad nacional.

La conclusión es que todos los aparatos del Sistema Nacional de Seguridad Pública y, por ende, de la seguridad nacional, están infiltrados desde hace algunos años. Revelan una falta absoluta de conocimiento , experiencia y visión entre los jerarcas locales de la materia.

Creado para coordinar todos los esfuerzos del Estado en materia de seguridad pública y nacional, el secretariado Ejecutivo del Sistema nada cada vez más de «a muertito» en las procelosas aguas de la criminalidad y contribuye a que ésta vaya creciendo.

‎Graves fallas en el entrenamiento de sus encargados han propiciado fugas de información, robo de materiales bélicos y la realización de actos vandálicos que han herido de desasosiego y muerte a la sociedad nacional.

¿Por qué el Estado ha premiado los desempeños de Jesús Murillo Karam en la PGR quien, de un plumazo, acabó con la credibilidad de sus indagatorias en relación con los acontecimientos en Guerrero y en los principales casos delincuenciales del país?

¿Por qué premia con la que debería ser una institución de avanzada para la nación, como la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, sus gazapos, desatinos, errores y ‎frivolidades?

¿Por qué recompensa con un caro descanso las aberrantes deficiencias en la integración de los expedientes en las averiguaciones previas que cayeron en su conducción y que acabaron en un herradero vergonzoso para el Estado?

Los casos de Oceanografía, «El Basuritas», Jesús Reyna, el «Gerber» Vallejo, Ficrea, los esposos Abarca, los 100 detenidos por Ayotzinapa a quienes no han podido fundar un solo cargo penal específico, por citar algunos, ‎son emblemáticos de su desempeño.

¿Por qué premian con un organismo descentralizado, constitucional y autónomo de supuestas adicciones, al doctor-almirante-general-experto en seguridad y masajista deportivo Manuel Mondragón, cuando su paso por la secretaria Ejecutiva del Sistema Nacional de Seguridad fue un desastre de ineficacia y corrupción administrativa?

¿Por qué ‎recompensan con la subsecretaría de Derechos Humanos de Gobernación al otro ex encargado de la Seguridad, el infame Roberto Campa, quien fue omiso y torpe en su desempeño en aquél cargo? Las primeras declaraciones en el nuevo «premio» han sido de vergüenza para la materia.

¿Por qué los premiaron a los tres, si sus gestiones en las delicadas áreas de seguridad nacional han sido un fiasco y oprobio?‎ ¿Se trata de premiar el entrambulique, el Tancredo, la incompetencia?

A la Seido, sólo con padrinazgo de los cárteles

‎Derivadas de los informes de inteligencia del Ejército, las conclusiones escandalosas de acciones criminales ejecutadas con la complacencia de los altos mandos, no hablan nada bien de su profesionalismo.

Para empezar, desde hace más de diez años se sabía que militares de alta graduación trabajaban para las células de «Los Zetas» y en el seno mismo de la burocracia de la » Subprocuraduría especial de lucha contra la delincuencia organizada» (sic).

Incluso, para ingresar a los cargos referidos, no sólo se burlaron y adulteraron maquinadamente los controles de confianza, sino accedieron a ellos gracias al padrinazgo de las células criminales.

Células de «Zetas y «Rojos», por ejemplo, han puesto repetidamente en jaque a la PGR, en un claro «ataque» a la seguridad nacional, en claro connubio con altos mandos burocráticos de esa Institución.

Es emblemático el caso de los capitanes del ejército Alfredo Farías Carmona y Ricardo Antonio Ayora Pacho, dentro de la Seido.

En 2013, estos dos sujetos se presentaron uniformados como Generales de Brigada, Diplomados del Estado Mayor, ¡ante los jefes del cartel «Guerreros Unidos» para sobornarlos, en una materia delicada, de acuerdo a reportes confidenciales en mi escritorio.

A cambio de 600 mil pesos se comprometieron a gestionar ante el jefe de la Zona Militar de Chilpancingo el retiro de los soldados que habían sido acantonados en la lateral de la carretera Chilpancingo – Tixtla, en un lienzo charro con palenque, propiedad de Omar Cuenca Ramírez, líder del cartel de «Los Rojos» en esa región.

Y ahora están en la Seido.

Robos constantes a los arsenales militares

Otro informe relata que, a principios del 2005, fueron robadas 173 granadas de fragmentación de la bodega de Materiales de Guerra en la Zona Militar de Mérida. De éstas, 143 ya han sido estalladas en diversos eventos del crimen organizado, en palenques y carreras de caballos

Diversas pugnas entre el cartel de las metanfetaminas de los hermanos Valencia y de «El Chapo» Guzmán con bandas rivales, fueron solventadas con el uso de armas robadas al ejército. La PGR se ha limitado, con exceso de timidez, a levantar averiguaciones previas para decomisar material reglamentario.

El colmo de estos desaguisados, del que la opinión pública no ha sido enterada oportunamente, es el «robo» por parte de los carteles de mil quinientas ametralladoras «cuernos de chivo», cartuchos y lanzacohetes RPG con los que derribaron el helicóptero Cougar EC 725, matrícula 1009 de la Fuerza Aérea Mexicana, y mataron a una decena de soldados el reciente primero de mayo en Jalisco.

Se trata de uno de los actos más bochornosos en que haya intervenido el Ejército, con resultados letales para sus mismos «juanes». El encargado de las bodegas de materiales de guerra en la base militar de Santa Lucía, en el Estado de México, donde se perpetró el «robo», el General Herrejón, obviamente Diplomado de Estado Mayor, está detenido en el Campo Militar Número Uno «a la chita callando».

Cuando la sangre llega al río y se suscitan los enfrentamientos entre las bandas rivales de delincuentes utilizando material de guerra propio de la Secretaría de la Defensa Nacional, la PGR, con «astucia» supina, ‎siempre concluye en sus boletines acartonados de rigor que «lo más seguro es que se haya tratado de un ajuste de cuentas» entre narcotraficantes.

‎Y las “autoridades” de seguridad en brazos de Morfeo

Entrevistado al pie de las cenizas del helicóptero artillado, horas después de su derribo, el zar de la seguridad nacional, Monte Rubido, expresó para la historia que «los cohetes son impulsados por una granada» (!). Miró en lontananza y se retiró. ¿Dónde quedó la granada, Rubido?

¿‎Por qué ponen a tanto improvisado? Se trata de cubrir a los que realizan el trabajo sucio para conservarlos indemnes?

Por su parte, la «intrépida» Seido siempre se «compromete a trasladar a quienes sean responsables de la detonación de los proyectiles» para que se les puedan fincar «supuestas» «responsabilidades». La incompetencia total.

Por su parte, la secretaría de Gobernación es patética. Responde siempre con una tarabilla‎ de retintín: » los organizadores (del sorteo, las carreras o los juegos), nunca solicitaron el permiso para llevar a cabo esos actos de entretenimiento y por ello no cumplieron con la ley respectiva». De risa loca.

Autoridades menores de las áreas de seguridad del país dan cuenta cíclicamente de los decomisos de ametralladoras «cuernos de chivo», balas, granadas de fragmentación, etcétera. Nadie pone atención. Ya se han convertido en denuncias de bajo perfil.

El mismo Armando Chavarría, impulsor de la Coordinación Guerrero de Seguridad, con la participación de Sedena, Armada, PGR y lo que se acumule, fue asesinado afuera de su casa en Chilpancingo por partidarios de «El Gordo» Aguirre que, de este modo, le limpiaban a éste el camino hacia la gubernatura.

Hace poco, un columnista capitalino se sorprendió de que los primos Ángel Aguirre y Manuel Añorve, aparentemente enemigos políticos, comían alegremente en un mentidero capitalino, acompañados del flamante senador Sofío Ramírez, señalado como uno de los más adelantados ejecutores de las políticas de «El Gordo» en la sierra de la amapola negra.

‎Pero las autoridades de seguridad duermen el sueño de los justos. Disfrutan, sin merecerlo, el reposo del guerrero. En Del sentimiento trágico de la vida, Miguel de Unamuno los retrata: «el hombre, en su estado de individuo aislado no ve, ni oye, ni toca, ni gusta, ni huele, nada más que lo necesario para vivir y conservarse.

«En la completa oscuridad, el animal que no perece, acaba por volverse ciego». En la Ronda de los animales, Unamuno dice: «el pato parpa, el cuervo grazna, el gallo canta… el hombre escucha».

‎El hombre… ¿escucha?

Índice Flamígero: El General Guillermo Galván Galván, quien fuera secretario de la Defensa Nacional en el fallido calderonato, ya debe “sentir pasos en la azotea”. Por lo pronto, quien fuera su secretario particular parece estar ya a buen recaudo, aunque oficialmente se diga que se le localiza en Londres, en la agregaduría militar de la embajada mexicana ante la Corte de Saint James.

www.indicepolitico.com / pacorodriguez@journalist.com / @pacorodriguez

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