Con magia y al borde del llanto volvió a conquistar a los aficionados

Cuau dijo adiós
cuau
Con 36 minutos, el ídolo azulcrema vuelve a conquistar a los aficionados; casi hace un golazo e hizo una ‘Cuauteminha’.

Ciudad de México.-Ahora con una figura pesada, pero con la ligereza y el desparpajo de siempre a la hora de tener el balón entre sus pies, Cuauhtémoc Blanco regresó a la que fue su casa desde que tenía 18 años para despedirse del equipo de sus amores.

Con una mirada que reflejaba concentración al bajar del autobús, a la llegada al Estadio Azteca, testigo de grandes glorias del hoy dorsal ‘100’ de las Águilas, mostró la seriedad con la que tomó el cotejo pese a saber que esta tarde tendría su fiesta.

La ovación que se llevó al salir a calentar recopiló aquellas cascadas aplausos que el ‘Cuau’ se llevó a lo largo de sus casi 23 años de carrera como futbolista; cada movimiento realizado por Blanco Bravo era reconocido por la afición que tanto aclamaba su retorno.

Salió con el gafete de capitán al terreno de juego, como referente y ejemplo de la escuadra de Coapa, como tantas tardes lo hizo, no sólo con la querencia, también en aquellas escuadras con las que derrochó talento en México, España y Estados Unidos.

Arrancó el encuentro, el de Cuauhtemoc. Apenas tocaba el esférico y la gente se le entregaba.

No tardó mucho en iniciar el espectáculo. Al minuto cinco buscó asistir de ‘taquito’ al ‘Rifle’ Andrade, dejando en manifiesto que su genialidad sigue intacta, como para seguir dando emociones en el campo. La jugada no fructificó porque el colombiano fue derribado. Tiro de castigo a favor del América que, desde su marcación, se antojó para que fuera ejecutado por el ídolo.

Cobró el balón parado lejano y puso a temblar a la zaga de Monarcas, como tantas veces lo hicieron los rivales en turno al ver a Blanco en la delantera azulcrema.

Al minuto ocho pareció llegar el momento de Cuauhtémoc: eludió a dos defensas, sacó un pulcro toque elevado que techó al arquero y cimbró el travesaño. Pese a no convertir, hizo vibrar a la afición, como cuando marcó en los Mundiales del 98’, 2000 y 2010.

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