Con pura inspiración no se llega a ningún sitio, señala el escritor Eduardo Rojas Rebolledo

“Sin trabajo no hay nada”
 Eduardo Rojas
“Sin trabajo no hay nada”, dijo Eduardo Rojas, “con pura inspiración no se llega a ningún sitio, tiene que haber algún trabajo.

La Paz, Baja California Sur.- Eduardo Rojas Rebolledo es quizá el escritor sudcaliforniano más conocido a nivel internacional. Aunque hay que decirlo, él nace en la Ciudad de México, pero, como se lee en la solapa de la primera edición de sus Cuentos crueles, lo une a esta tierra “la línea roja del corazón”. Estuvo como invitado en la Feria Sudcaliforniana del Libro, donde presentó los libros ilustrados El Barcarola y Kakarracas.

Eduardo se considera a sí mismo un ermitaño, “no pertenezco a grupos, no pertenezco más que a mi trabajo”, asegura, al mismo tiempo que confiesa que le parece absurdo encasillar, sobre todo cuando se trata de literatura, de escritores y de estilos. Lo regional, explica, centrándose en la clasificación entre regionalismo y cosmopolitismo, no implica perder la universalidad.

“A veces se espera construir la gran narrativa sudcaliforniana o la gran novela sudcaliforniana y no hemos llegado a preocuparnos por hacer buenas novelas […] El maestro de lo que se llamó la literatura norteña fue Daniel Sada, pero él fue, como dijo Juan Villoro, el que supo hacer un bosque del desierto, en términos literarios. Nadie más manejo la riqueza del desierto como él, con una categoría universal”.

Sus novelas se sitúan en el pasado sólo por el capricho de construir imposibles, porque se siente más cómodo en espacios históricos, no le interesa ser biográfico ni analizar la realidad circundante, aunque no para huir de los problemas contemporáneos, advierte, sino para apartarse de la inmediatez y ser capaz de reflejar el otro lado de los acontecimientos.

“Me preocupa, más que todo esto que vemos ahora en México, las cuestiones de la violencia y todo, que es un hecho que no es nuevo. Entonces me gusta demostrar de alguna manera que la condición humana, las acciones humanas, no han cambiado a lo largo de la historia. Lo que han cambiado son los escenarios”

Después de El Cid entre líneas, De alquimia e imposibles, De luces y sombras, Cuentos crueles, La ruta del Aqueronte y Bálano, Rojas Rebolledo emprendió dos proyectos con su familia, El Barcarola, donde su padre, Eduardo Rojas Monedero, se encarga de las ilustraciones, y Kakarracas, ilustrado por su hija Zoe, de cinco años de edad.

“Los límites nos los ponemos nosotros”, apunta para explicar su incursión por la literatura juvenil, parafraseando además a José de Sousa Saramago, para comentar que le gusta envejecer, pero no madurar.

“Me interesó publicarlos aquí gracias al gran esfuerzo de Sandino, no del instituto, no voy a hablar del instituto, hablo del esfuerzo de un individuo y su equipo, que en este caso es Sandino. Decidí hacerlo con él, aunque había otras posibilidades, lógicamente, porque creo que es mi manera de saldar deudas con mi memoria, con la región y con los niños de aquí. Podía haber entrado a editoriales más comerciales, pero esto lo reservé para aquí […] Creo que en los niños y en la literatura infantil se abren más posibilidades para preparar a esos lectores que serán críticos, que serán lectores que sabrán discernir entre buena literatura y mala literatura, aportar un grano de arena a algo que es un problema magisterial, de educación”.

Eduardo Rojas adelantó algo sobre Apuntes para una biografía de la mujer ladrillo, su próxima novela, la cual saldrá a la venta en 2014. Se trata, dijo, de su mítico regreso al desierto y de una obsesión con lo grotesco, haciendo “de lo mínimo un acto poético”. Y a pesar de que se desarrolla en una ranchería que podría ser sudcaliforniana, no busca ser una novela regionalista, aseguró, sino universal.

Finalmente, ofreció una breve lista de títulos y autores que los escritores novatos deben leer, además de compartir un poco de lo que ocurre con él y su historia durante el proceso creativo, el cual considera una combinación entre magia y picar piedra. Se refirió a Yuri Herrera y Trabajos del reino, novela que califico como “una dulzura”; a David Toscana y Estación Tula; Álvaro Enrigue; Mijaíl Bulgakov y El maestro y Margarita, una de sus obras favoritas; Jaroslav Hašek y El buen soldado Švejk; y Bohumil Hrabal, con Una soledad demasiado ruidosa.

“Sin trabajo no hay nada”, dijo, “con pura inspiración no se llega a ningún sitio, tiene que haber algún trabajo, pero no creo en los proyectos en términos de que ‘en un mes voy a hacer un cuento, en dos una novela’, porque encasillas un proyecto, y a veces los textos se van por un camino que no esperabas, por lo que sí hay una parte mágica, un misterio en el acto de la creación. Yo nunca sé cómo va a terminar cada proyecto. Planeo, pero no puedo plantear estructuras temáticas. A veces mis personajes me sorprenden o la misma trama me lleva a quitar cosas. Entonces, no creo yo que se pueda planear tanto, porque al final de cuentas es arte”.

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