“Tú eres el rey papá, tu eres el héroe, mi concesionario precioso”

Transporte público

“Tú eres el rey papá, tu eres el héroe, mi concesionario precioso”

 Ahora que tenemos la buena nueva de que el transporte público subió su precio en el municipio de Los Cabos a 11.50 pesos, vuelve la reflexión sobre este miserable servicio que es tierra de nadie, no solo en Los Cabos, también en esta ciudad capital. Desde la oscura forma en que se otorgan las concesiones y la evidente sumisión de la autoridad municipal a los concesionarios del transporte, no se sabe bien quien manda o cual es la figura real bajo la cual se rigen estas relaciones en ambos ayuntamientos.

Deberíamos suponer que el transporte público es una responsabilidad de la autoridad municipal, es decir, proveer a la ciudadanía de los medios de transporte dentro de la ciudad; de igual manera que los sistemas de trenes o metro, es una responsabilidad directa de los gobiernos de las ciudades donde estos existen, aquí ante la falta de tal infraestructura es obligación de la autoridad municipal proveer los medios, y con esto no nos referimos a brindar directamente el servicio con un parque vehicular propio, sino a regular precio y condiciones del servicio, organizar rutas y horarios y, desde luego, otorgar las concesiones correspondientes a los particulares que ante la falta de capacidad del ayuntamiento, otorguen con sus propias unidades este servicio.

Las concesiones, como todas las demás relaciones que la autoridad gubernamental entabla con particulares para subrogar estos servicios, deben sujetarse a los términos que la ley le señale, desde luego, publicitar y licitar las concesiones a aquella empresa que otorgue las mejores condiciones para prestar el servicio en cuestión. En el caso del transporte, desde luego, no pasa eso, quienes ya tienen concesiones para prestar el servicio público de transporte tendrán más y más permisos para seguir brindando este servicio, así hasta el infinito, aunque su desempeño sea pésimo, aunque no cumplan con ninguna de las condiciones bajo las cuales les fueron expedidas las concesiones anteriores.

No hay ley, no hay autoridad en los ayuntamientos. Los dueños de los peseros se asignan sus propias rutas, buscando desde luego las que les generen mayores ganancias por el volumen de pasajeros, por eso vemos calles llenas de peseros peleándose el pasaje, entre mentadas y cerrones, mientras a una cuadra no pasa jamás el transporte público. No es culpa de ellos, ellos hacen bien en pensar en su ganancia, es culpa de la autoridad que no organiza y ordena las rutas, la autoridad debería defender la parte del ciudadano, del usuario, exigir las rutas y horarios que la gente reclama, aunque no les sea tan redituable a los dueños de los peseros y camiones. Del costo del servicio ni hablar, generalmente consume una tercera parte y hasta la mitad del sueldo diario de un trabajador, con un servicio pésimo, y no por el estado lamentable de la unidades, sino por la actitud grosera y déspota de los choferes, porque la misma falta de organización de las rutas aumenta el caos vial y desde luego retrasa exageradamente el traslado de un lugar a otro; la ineptitud y la negligencia de la autoridad municipal no sólo le cuesta al ciudadano dinero, sino que le cuesta horas de su tiempo.

Es triste ver como una autoridad municipal tiene tan poca capacidad, o tan poca voluntad para ordenar un servicio que afecta no solamente a los usuarios, afecta a toda la ciudadanía que transita por las calles de La Paz o Los Cabos. Siendo ciudades todavía pequeñas, nuestras autoridades son todavía más pequeñas, les queda grande el reto de ordenar el transporte. Tan obvia es la incapacidad de los municipios para regular este servicio público que no solamente no pueden regular tarifas, rutas, horarios, condiciones de la unidades, ni siquiera pueden hacer que los peseros y camiones respeten la regulación vial, se paran donde quieren, suben y bajan gente en medio de la calle, en medio de la cuadra, los paraderos y  espacios asignados para tales efectos son un mero adorno; ante la complacencia de los agentes de tránsito, los peseros día a día, con su transitar déspota e irresponsable nos dejan claro a los ciudadanos quién manda en materia de transporte público, nos queda claro que no hay más autoridad ni más ley más que la de ellos.

Tener un transporte público eficiente en ciudades relativamente pequeñas no debería ser gran problema, pero parece ser que esto es algo impensable par la autoridad, si ya hicieron caso omiso de las demandas ciudadanas respecto del costo del pasaje y de las condiciones de inseguridad de las unidades, por lo menos deberían de procurar un servicio decente para la ciudadanía; que tanto le cuesta a la autoridad municipal decirle al concesionario: “oye mano, ya que estamos sangrando a la gente con un servicio caro e infame, de perdida dales buen trato, dile a tu gente que no maneje a lo puro pendejo, ándale porfis, sí? Porfis! Y el otro año te dejo que les ensartes otros 2 pesitos de aumento, ándale tu eres el rey papá, tu eres el héroe, mi concesionario precioso”.

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