Se han vuelto más evidentes las grandes diferencias que tenemos los mexicanos entre nosotros.

Sin apasionamientos ni odios

A partir de que López Obrador, llegó a la presidencia de la República, se han vuelto más evidentes las grandes diferencias que tenemos los mexicanos entre nosotros.

Las heridas dejadas por décadas de gobiernos corruptos y malos manejos de los erarios, la proliferación de narco gobiernos en gran parte del país, y la enorme brecha entre la riqueza insultante de una cuantas familias y millones de personas en pobreza extrema, son el caldo de cultivo ideal para que estas contradicciones se conviertan en un gran resentimiento de la mayoría de la población, contra quienes los han gobernado.

En eso reside la enorme popularidad del presidente Obrador. En la esperanza que tienen millones de mexicanos de una sociedad más justa, más democrática y transparente.

El gran reto que como sociedad tenemos, es que estas esperanzas no se vean frustradas y que finalmente el México que queremos sea una realidad y no una mera utopía.

Pero debemos estar claros que eso no va a ocurrir en este sexenio, no con este gobierno, faltan todavía muchos años más de seguir empujando al país hacia esa sociedad ideal.

Hay que entender que esto es un proceso a largo plazo, por etapas. Y que, por el bien de todos, más nos vale encontrar la forma de salir de las dos grandes crisis, la económica y la sanitaria. Y la mejor forma de hacerlo, es dejando de lado, el odio, la confrontación, la sed de venganza.

Eso solo entorpece la salida de esta caótica situación que estamos padeciendo, agravada por la pandemia.

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