El México de hoy, en dos años muy poco ha cambiado en materia de corrupción.

Rateros, mentirosos y traidores

Uno de los preceptos más difundidos por Andrés Manuel López Obrador, durante su campaña electoral y hasta la fecha, fue el de no robar, no mentir y no traicionar. Esto junto a una promesa de lucha implacable contra la corrupción en todos sus niveles, comenzando desde las más altas esferas del poder.

A dos años de distancia de que López Obrador asumiera la presidencia del país, vemos qué lejos estamos de que se cumpla este propósito.

El México de hoy, en dos años muy poco ha cambiado en materia de corrupción, desigualdad, opacidad y buenas prácticas de gobierno. Eso es una realidad inobjetable. Negarlo o justificarlo solo le abona a que se sigan reproduciendo estos vicios.

Quienes tienen el interés explícito de atacar sistemáticamente al gobierno de la 4T, enfocan sus baterías para magnificar los pobres resultados que ha obtenido este gobierno en acabar con tanta corrupción, soslayando el hecho de que tenemos como nación siglos de una cultura de la corrupción tan arraigada como nuestras más representativas tradiciones.

El lastre de la corrupción no es ni siquiera un producto del prianismo como le gusta insistir a Obrador, o una herencia del neoliberalismo. Las raíces del problema vienen de varios siglos atrás.

Podríamos hasta especular al buscar el génesis del mal, en la misma alianza que hicieron los tlaxcaltecas y otros pueblos originarios con Hernán Cortés para derrotar al gran imperio azteca, o las enormes atrocidades cometidas durante el porfiriato y los gobiernos que le sucedieron. Pero lo real, es que en el México moderno, este del siglo XXI, la corrupción es una práctica tan extendida que forma parte de nuestra vida día a día.

El mal comportamiento de las autoridades en todos los niveles no es otra cosa que el reflejo de una sociedad que fomenta y reproduce los actos de corrupción y que ve estos con total indiferencia y termina justificándolos.

Ahora que estamos en pleno proceso electoral parece que, dentro de los perfiles de muchos candidatos, está el de ser rateros, mentirosos y traidores y esto aplica para todos los partidos políticos, incluido el de la esperanza, morena.

Me viene a la memoria aquella frase célebre de la panista Xóchitl Gálvez cuando exigió que los candidatos del blanquiazul no fueran huevones, rateros ni pendejos. Lástima, porque parece que le hicieron muy poco caso los de su partido.

Resulta increíble ver qué raquítica está la oferta de quienes aspiran a gobernarnos; y qué complicado, les resulta a los ciudadanos honestos acceder a los mecanismos de elección popular ya sea como candidatos independientes o a través de algún organismo político que los postule.

Por lo pronto, ciertos candidatos cumplen con alguno de los siguientes requisitos, como dijera Xóchitl, pues son huevones, pendejos, rateros, mentirosos y traidores. Y otros, cumplen con todos estos.

*Armando Sánchez participa a voluntad propia en las encuestas de MORENA como precandidato a la Presidencia Municipal.

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