Y nos devuelvan los territorios robados.

Que se disculpe Trump…

¿Sabes tu amiga lectora, lector, qué se conmemora el día 2 de febrero de 1848?

¿Recuerdas si en tus clases de primaria o secundaria estudiaste el pasaje de la guerra entre Estados Unidos y México y que terminó con el robo a nuestro país de los estados de California, Arizona, Nevada, Utah, así como parte de Colorado, Nuevo México y Wyoming? Más de la mitad de nuestro territorio nos fue arrebatado por la fuerza. Y la razón de que esto no forme parte de la discusión del día a día de los mexicanos, es que ambos gobiernos han acordado mantener este tema fuera de la agenda nacional. Y eso prevalece hasta nuestros días.

Ahora que está de moda pedir que se disculpen todas las potencias extranjeras que nos han agraviado como nación con el correr de los siglos. Bien valdría la pena aprovechar el raite y pedirles a los gringos que hagan lo propio y que nos devuelvan estos territorios. Que, dicho sea de paso, los conquistadores españoles se los arrebataron a su vez a los pueblos originarios de América del Norte y los anexaron al inventario territorial con el que se formó el virreinato de la Nueva España, el 8 de marzo de 1535, después de la caída de Tenochtitlan en 1521.

La Nueva España tenía en aquel entonces una extensión territorial de 7 657 000 km2. Además de los estados referidos al norte del continente, abarcaba hacia el sur de este, a Belice, Guatemala, Costa Rica, El Salvador, Honduras, y Nicaragua.

Con el triunfo de la Guerra de Independencia en México que inicia el 16 de septiembre de 1810 y se consuma once años después, el 27 de septiembre de 1821, se firma el Acta de Independencia de Centroamérica y estos países se separan del nuestro surgiendo como naciones libres y soberanas.

Así, nace el México independiente. Con una superficie territorial de 4 373 000 km2.

Pero muy poco nos duró el gusto a los mexicanos, pues veinticinco años más tarde, el ejército americano nos invade en 1846 y terminamos “vendiendo” la mitad del territorio en algo así como el equivalente al precio de un cigarrillo el metro cuadrado de tierra. Es decir 15 millones de pesos de aquellos años. Y nuestro país se queda reducido a solo 1 973 000 de km2.

El atraco a nuestra patria se consumó con el vergonzoso tratado Guadalupe Hidalgo firmado en 1848. En este acuerdo internacional se establecía originalmente que las concesiones de tierras que estaban en manos de ciudadanos mexicanos serían respetadas junto con todos sus derechos como habitantes de los Estados Unidos. ¿Y qué creen que pasó? Pues que a final de cuentas terminaron perdiendo sus derechos de propiedad y fueron dejados a su suerte siendo tratados como extranjeros indeseables en su propia tierra. Todavía en los años 60s del siglo pasado, en algunos establecimientos comerciales se podían leer letreros que decían.

“Se prohíbe la entrada a perros, negros y mexicanos”.

Y si de lavar ofensas se trata, el robo de nuestro territorio es más reciente que la conquista española. Pero en ambos casos resulta por demás ocioso estar reviviendo fantasmas del pasado con el pretexto de que nos seguimos sintiendo ofendidos. De continuar por ese camino los españoles deberían exigirles disculpas a su vez a los árabes por haberlos dominado durante ochocientos años, y los franceses estarían haciendo lo mismo con los italianos que los conquistaron durante el imperio Romano y la lista sería interminable. La historia de la humanidad es una de conquistas, guerras e injusticias interminables.

Habiendo otros asuntos más importantes que tratar con los demás países qué necesidad hay de reclamar cosas que corresponden a otros tiempos y otros hombres.

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