La generación que muere.

Qué haremos sin ellos

Hace unos días recibí un correo del compañero –ingeniero- Óscar Mendoza. Es una extraordinaria pintura del artista español Juan Lucena. En primer plano está una anciana, con andadera, volteando hacia atrás, donde después de una pared de vidrio están unos niños que fijamente miran al frente donde la fila de adultos de la tercera edad, parece ser, van al encuentro con la muerte. Un niño, muy cerca de la pared de cristal, con mano alzada tocando la vidriera, parece despedirlos.

Es una pintura excelente, ilustrativa. No tengo idea quién escribió el texto que antecede a la pintura: dice así.

(Qué Haremos sin ellos) La generación que muere Esta pintura fue realizada en honor a todos los abuelos que murieron durante el período de COVID y que no pudieron despedirse. Artista: Juan Lucena, España: Y esto cuadra con: SE ESTA MURIENDO LA GENERACIÓN DE HIERRO, PARA DARLE PASO A LA GENERACIÓN DE CRISTAL. La generación que sin estudios educó a sus hijos. La que, a pesar de la falta de todo, nunca permitió que faltara lo indispensable en casa. La que enseñó valores; empezando por Amor y Respeto. Se está muriendo la gente que enseñaba a los hombres el valor de una mujer y a las mujeres, el respeto por los hombres. Se están muriendo los que podían vivir con pocos lujos, sin sentirse frustrados por ello. Los que trabajaron desde temprana edad y enseñaron el valor de las cosas, no el precio. Mueren los que pasaron por mil dificultades y sin rendirse nos enseñaron cómo vivir con dignidad. Los que después de una vida de sacrificio y penurias, se van con las manos arrugadas y la frente en alto. Se está muriendo la generación que enseñó a vivir sin miedo.

El texto –además de la pintura- nos dicen mucho. Nos hacen reflexionar sobre esa generación de hierro que después de entregar todo a sus hijos, nietos y biznietos no encontraron el espacio para despedirse; no hubo el espacio para que su familia les entregara el último adiós. Aquellos que salieron de la casa y no regresaron; aquellos que merecían mil besos en sus frentes; un apretón de sus manos rugosas, en las tibias y vibrantes de la familia.

Cuántos fuimos arteramente sorprendidos por la llamada telefónica que nos anunció la muerte del hij@, abuelo, el padre, la madre, hermanos, sobrinos, tíos, primos, amigos y conocidos.

Cuántos no quisiéramos tener la dicha de haberlos despedido desde esa línea de cristal entre la vida y la muerte… decirles adiós con la mano alzada y el corazón en un puño.

Muchas cosas han pasado desde que nos atacó la mortífera pandemia…

Que Dios nos siga protegiendo y un recuerdo eterno a nuestros muertos…

Alea Jacta Est. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

21-04-2021

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