Vemos como el recurso agua que tan preciado es para la sobrevivencia de las especies no es valorado

Salvar al planeta de nosotros mismos

Agradezco a mi amigo Mauricio Domínguez del Portillo el título y la inspiración para la presente columna, seguimos destruyendo donde vivimos. Los impactos que la humanidad está teniendo sobre el planeta no solo están provocados por el calentamiento global o la responsabilidad de las empresas en causar modificaciones a gran escala. Si no también, los efectos de mediana y pequeña escala que también son relevantes cuando se toma en cuenta la sumatoria de todas estas modificaciones. Todos los días vemos como existen llamadas desesperadas a buscar tomar conciencia y acciones para proteger ecosistemas en numerosos lugares del mundo y por diferentes actores. En este sentido uno de los grandes problemas de mediana escala, que se tiene es que la mayoría de la población vive en zonas urbanas altamente desarrolladas y desconoce lo que llamamos “natural”. Para buena parte de esta población es desconocido que ecosistema estaba presente en el lugar donde vive por que ha sido totalmente removido. El crecimiento de las manchas urbanas es un asunto relevante ya que se genera un impacto absoluto sobre el ecosistema, no ha existido hasta el momento proyectos “amigables” con el entorno de tamaño considerable. Además, uno de los impactos más significativos en el ambiente terrestre es la construcción de carreteras o medios de comunicación que fragmentan y modifican el entorno.

Vemos como el recurso agua que tan preciado es para la sobrevivencia de las especies no es valorado en la medida que se requiere. Esos ecosistemas que estaban en donde ahora es una “selva de concreto” son relevantes en el tema de conservación y regeneración de los recursos hídricos. Con forme las ciudades crecen no se recupera el agua de la misma manera, pero más importante se pierde lo que cae por lluvias. ¿Cuánto valdría recuperar o conservar esa agua? En el sentido de ecosistemas ¿Cuánto valdría el aire limpio o la renovación del mismo por ecosistemas como un bosque? Observo muchos esfuerzos para reducir los gases invernadero, pero para eso se requiere de un espacio vital para desarrollar los proyectos y tal vez sería mucho más rentable hacer proyectos integrales. Con el actual crecimiento de la población esto no es vuelve cada vez menos viable porque los gobiernos dicen no tener los recursos para desarrollar estos esfuerzos y la iniciativa privada no lo ve como un buen negocio por que involucraría zonas de muy bajos recursos o sea poca ganancia.

Entonces al no poder (¿o no querer?) buscar que el crecimiento de las manchas urbanas sea empático con el entorno y por lo mismo sustentable. Se busca la compensación en el desarrollo de áreas para la conservación o protegidas. Para esto se busca que un porcentaje de los ecosistemas entren en un esquema de conservación que cada país tiene como compromisos de mediano plazo. En su diseño se requiere de conocer todos los ecosistemas de la región que se quiere proteger. El principio de si sabemos cuántos y como están distribuidos estos ecosistemas en nuestros países comienza el reto. Esto requiere de un esfuerzo titánico para poder generar, validar, mantener y renovar mapas nacionales sobre ecosistemas. Es obvio que los ecosistemas terrestres sean mucho más “visibles” que los acuáticos, pero existen vacíos en la información que nos dejan preocupados por sus implicaciones al tomar la foto completa. En este sentido la documentación de los ecosistemas se vuelve crucial pero el punto medular es donde y como se guardan las bases de datos. Un país sin un fortalecido y dinámico sistema de documentación de la distribución de ecosistemas, junto con su estado de salud, los logros que se puedan estar teniendo no se pueden observar de manera palpable. No se puede explorar alternativas como la restauración de los ecosistemas y tal vez en la recuperación de especies carismáticas. Por lo mismo estamos nosotros mismos con esta tendencia estamos destruyendo el planeta poco a poco pero sistemáticamente.

Parece afirmar esto un cliché gastado pero verdadero, el asunto es grave y ya existe información científica muy bien documentada en donde se ha evaluado la magnitud sobre los ecosistemas. Tenemos una ventana de oportunidad tan pequeña que en verdad debería existir un foro constante donde esto se discutiera entre los principales actores sociales para un real avance del USO del conocimiento científico y tecnológico para apoyar el esfuerzo de monitoreo para la conservación de ecosistemas. Y luego nos preocupa más, por que cuando se trata de hacer algo por revertir o solicitar reconsiderar cómo se desarrollan los proyectos usando los recursos naturales o como se evalúa su impacto sobre los ecosistemas, se hacen calificativos respecto a ser enemigos del desarrollo o no ser conscientes de la necesidad de empleo de la población, pero lo que no se dice es como esa población vivirá en proyectos de alto impacto y no sustentables. Ejemplos en nuestro país hay muchos y si no tomamos conciencia desde el hecho de no tirar basura por más elemental que esta sea (un chicle tirado por 20 millones de personas ya representa un impacto local relevante) representa un menor impacto directo a nuestros ecosistemas. Salvemos a nuestro planeta de nosotros mismos un buen tema para cualquier campaña, pero un slogan que deberíamos asumir los ciudadanos en nuestro accionar cotidiano. Por una cultura ciudadana que conserve y maneje ecosistemas/especies de manera sustentable.

Rafael Riosmena Rodríguez
Programa de Investigación en Botánica Marina, Departamento de Ciencias Marinas y Costeras, Universidad Autónoma de Baja California Sur.

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