El poema que transcribo lo escribí en la década del ochenta.

Pasos y nostalgias de fin de año

Se los entrego para que sea parte de su equipaje de fin de año…

 MI OTRA CASA…

 

Mis pasos retumbaron en la noche

y mi sombra fue una más de las mil sombras

mezcladas en el piso de la calle,

esa calle tan triste, tan sola, tan nada.

Por fin llegué a la casa señalada

y mis zapatos lastimaron el silencio.

El ruido viejo de la vieja vida

me caminó muy hondo por los huesos.

Una alfombra verdosa me miró muy triste

y con húmedo acento me gimió al oído:

por aquí pasó corriendo la vida

y la muerte la siguió presurosa,

sigilosa la alcanzó.

Mis zapatos caminaron con mis ojos

y se detuvieron en las sillas, en la mesa,

las tazas y cucharas en el comedor.

El ruido viejo de la vieja vida

me caminó muy hondo por los huesos.

Aquí se sentó la vida –comentó la silla-

aquí bebió la vida, aquí comió,

aquí platicó y caminó

gritaron la mesa, la taza y la cuchara

y los trastos de polvo en la cocina.

Aquí se acostaron los recuerdos y los sueños

me gritó una vieja cama en su cuarto viejo;

aquí se acostaron la vida… y la muerte…

y la muerte se acostó con ella…

se levantó la vida y no regresa.

La vieja cama en su cuarto viejo

me miró con tristeza de almohada

y me preguntó:

¿Acaso no viene contigo?

El ruido viejo de la vieja vida

me caminó muy hondo por los huesos.

Me desesperé, corrí del cuarto

pero mis zapatos y mis ojos

se fueron a platicar con la ventana:

por aquí se asomó al mundo –les dijo-

                    en mí reclinó su frente,

por mí suspiró sus quimeras

y un día pasó la rueda del tiempo

y se fueron cogidos de la mano.

El ruido viejo de la vieja vida

me caminó muy hondo por los huesos.

Me rodearon los trastos de la casa,

la mesa, las sillas y la cama,

los recuerdos y los sueños,

los pasos del silencio

en el vientre de la alfombra,

telarañas y polvos de los vidrios.

¿Acaso no vienes a quedarte?

¿No vienes a levantar la muerte?

¿No te devolvió la rueda del tiempo?

¿No vienes a revivir la vida?

me gritaron con espantosa desesperación.

Recogí mis zapatos y mis ojos

y salí corriendo por el patio.

Hasta allá escuché sus gritos y sollozos.

Traspasé el muro del silencio

y volví a la calle de la vida.

Recordé entonces

que el fin de año melancólico

nos invita a casas desoladas

que todos llevamos por dentro…

a casas de recuerdos y tristezas

que llevamos un poco o un mucho

en la casa de la vida.

¡Y el ruido viejo de la vieja vida

me caminó muy hondo por los huesos!

Alea Jacta Est.- 20-12-2020

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