De entre todo el dolor y drama humano que reviste la muerte del comandante Juan Antonio Salgado Burgoin,

Malos administradores

Conflictos laborales y aspiraciones políticas

 De entre todo el dolor y drama humano que reviste la muerte del comandante Juan Antonio Salgado Burgoin, una pregunta viene forzosamente a nuestra mente: ¿Qué tipo de personas nos gobiernan? Y no me refiero, ni me gustaría abonar a la hipótesis de que el atentado fue iniciativa de alguna autoridad, si no a la circunstancia que generó en todo este caso, y que tristemente no es el único en el estado.

 Me refiero al conflicto laboral que subyace como punto de partida en este terrible caso. Quienes aspiran a ocupar un cargo de gobierno, lo mínimo que deberían saber es que llegan a estos cargos para administrar el erario público, y no solamente deben estar concientes que dentro de sus obligaciones está el de administrar de manera eficiente el recurso económico, sino que además deben de administrar, de igual manera, eficientemente, el recurso humano.

 Pero al parecer lo que priva en las nuevas administraciones del estado es una visión patrimonialista del gobierno, quienes llegan creen que el gobierno es suyo y que los trabajadores son parte de una servidumbre que por herencia les fue concedida para atender sus caprichos. Son señores feudales que piensan que todo lo que existe hasta donde alcanza la vista es suyo, personas y cosas, negándoles a sus trabajadores el goce de los mínimos derechos que por ley les corresponden.  ¿Qué capacidad demuestra un servidor público, administrador de recursos humanos y económicos al servicio público, cuando no es capaz de administrar un conflicto laboral?

 No puede ser posible, primero, que la autoridad niegue los derechos laborales a sus empleados, empezando desde luego por el sueldo y las condiciones mínimas de higiene y seguridad en el trabajo, por otro lado, que sea la autoridad la que reprima los derechos de un ciudadano, aunque se a su trabajador, de manifestarse y exigir mejores condiciones laborales; creo que quienes tienen un mínimo de inteligencia están concientes que las relaciones laborales atienden a esta dialéctica, a este estira y afloja entre autoridad y trabajadores, es normal y no pasa nada, desde luego, cuando la autoridad está plenamente conciente que parte de su trabajo es atender esta demandas y mantenerlas dentro de los márgenes normales del conflicto de intereses. Pero permitir que un problema laboral escale a tal magnitud de que el trabajador se sienta en riesgo y acuse directamente a sus superiores por lo que le pueda suceder a él o a su familia nos habla de la gran incompetencia de las autoridades responsables de darle un manejo adecuado al conflicto. Es realmente delicado tal grado de ineptitud y de soberbia por parte de la autoridad.

 Yo no alcanzo a comprender como los santones de la política, los que se creen que se las saben de todas todas han llegado a descuidar de tal manera la relación con su planta laboral, no alcanzo a comprender como no tienen en cuenta el gran peso de la burocracia en ciudades tan pequeñas como las nuestras, no quisiéramos aventurar hipótesis pero llama la atención ver como han sido las administraciones de Loreto y La Paz las que se han destacado por tener una pésima relación con sus trabajadores, ni la administración de Guillermo Santillán que es un caos ha tenido tanto problema laboral. Los tiempos de la política se están llegando, y el tiempo de cobrar facturas también. Será acaso que los trabajadores de los ayuntamientos no votan, o no tienen voz para despepitar a diestra y siniestra las cosas que ven y oyen de las administraciones donde laboran, por eso a las autoridades no les preocupa atender sus demandas ni tener un trato digno con ellos. Será interesante ver como puede construirse una candidatura cuando ni por eficiencia ni por conveniencia política tienes contentos a tus trabajadores, como construyes hacia el exterior con el enemigo en casa.

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