Dice la Real Academia de la Lengua que encabronar no es grosería.

Los encabronados

Yo estoy encabronado, tú estás encabronado, él está encabronado, y ustedes señores del gobierno nos hicieron encabronar.

Dice la Real Academia de la Lengua que encabronar no es grosería, es el sinónimo coloquial de enfadarse o molestarse.

Aclarado lo anterior paso a explicar el motivo de mi encabronamiento que no es menor, me explico.

Resulta que me he estado cuidando como novicia ninfómana encerrada en convento para no contraer el malnacido virus de la pandemia de moda.

Trabajo desde casa, cerré la oficina para no atender a nadie ahí, abandoné mis calenturas electorales por no andar entre la tropa. Mis salidas se reducen a las terapias con el quiropráctico tres veces a la semana, al banco a sacarle dinero, de meterle ni hablar por el momento. Al super a veces, y a dos o tres fiestas Covid, entre pocos amigos, de las autorizadas, con sana distancia de por medio y mucho alcohol para desinfectar buche, pecho y garganta – puro mezcal del bueno, del que vende mi amigo Pepe Cantú-.

De ahí en fuera me mantengo a buen resguardo para no toparme con el señor virus. No vaya a tener yo la mala pata de un encuentro cercano del tercer tipo con ese malvado bicho.

Pues el caso es que hoy, que anuncian que ya está llegando la vacuna contra el Covid-19, se da a conocer que todos los adultos mayores, es decir los que rebasamos los 60 años, nos debemos registrar en la página mivacuna.com.mx  para ser acreedores a la multicitada vacuna y esto es así porque yo, al igual que millones de mexicanos  que no somos beneficiarios de los programas clientelares electorales, perdón, digo de los programas de ayuda social inventados en las mejores épocas del priismo paternalista, debemos ingresar a esa página para que se nos asigne un turno para recibir el piquete, sin albur, con el milagroso fármaco.

Y estoy molesto por varias razones. La primera es que tengo toda la mañana tratando de ingresar a la mugrosa página digital, desde todos los dispositivos electrónicos que cuento en mi haber, y es imposible hacerlo. O la página electrónica no está activada, o se colapsó por la sobredemanda que está teniendo. En ambos casos es reprobable que quienes la programaron no estén informando de esto y tampoco hayan sido capaces de prever que ello pasaría. No quiero pensar que los responsables del sitio electrónico sean de esas personas 90% honestas y 10% competentes que son tan populares en estos días.

La otra causa de mi encabronamiento, así se dice y no es mala palabra, es que – de golpe y porrazo con estos criterios de selección para ser vacunado, pasé de atractivo hombre maduro, a adulto mayor desamparado.

¡Y tan juvenil que me veo, dicen quienes me quieren bien!  Aclaro lo que establece el diccionario sobre esta definición, “Dícese de aquel que tiene las características que se consideran propias de las personas jóvenes (energía, vitalidad, vigor, frescura, etc.). Para que no digan los que no me quieren que pretendo pasar por “chavorruco”

 Y miren ustedes queridos lectores, que yo no soy nada vanidoso, aunque Dios sabe que me sobran razones para serlo.

Dicho todo lo anterior espero que durante los próximos días esté disponible la susodicha página electrónica oficial, para tomar mi turno de vacunación. Porque si nos aplican la máxima de que primero van los pobres, ya estuvo que me tocó el turno 8 984 576 atrás de los que son los adultos mayores que están registrados en el padrón del gobierno.

 Y pues ni modo, los fifís a la cola y a seguir encabronados.

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