Al negarse a seguir los protocolos de seguridad el mandatario envía un terrible mensaje a la población.

López Obrador y los cubrebocas

Inexplicablemente Andrés Manuel, ha mantenido durante toda la pandemia una negativa rotunda a utilizar el cubrebocas. Apenas ayer domingo 24 de enero, por la tarde anunció en sus redes sociales que se ha contagiado de Covid-19.

Dice el presidente que tiene síntomas leves de la temible enfermedad, esperemos que así sea y se recupere completamente y pronto. Por el bien del país.

Mientras tanto, el señor anduvo muy quitado de la pena ayer mismo por la mañana sin cubrebocas inaugurando un cuartel de la Guardia Nacional, en la población de Soledad de Graciano Sánchez, en San Luis Potosí. En las fotos difundidas por la prensa se puede ver a varios militares junto a él sin ninguna protección facial. ¿A cuántas personas habrá contagiado el presidente de México por su necedad de no usar la mascarilla sanitaria?

Esto ocurre en momentos en donde estamos llegando a más de mil muertes por día en el país, por la propagación del mortífero virus.

Al negarse a seguir los protocolos de seguridad el mandatario envía un terrible mensaje a la población, por menospreciar estas medidas que podrían salvar muchas vidas, aduce que no usa el cubrebocas “porque no se lo recomienda Hugo” (López- Gatell)

En tanto que al resto de los habitantes se les pide quedarse en casa y usar el cubrebocas, López Obrador, recorre alegremente el país en sus giras sin ninguna protección mandando con ello el mensaje de que tales acciones sanitarias son innecesarias.

Se predica con el ejemplo, y el que López- Gatell, el responsable del manejo de la pandemia a nivel nacional y el mismo Obrador nos dan, es lamentable.

Recordemos que el 16 de marzo del 2020 Hugo López Gatell respondió a la pregunta de los reporteros si el presidente podría contagiarse y ser propagador del virus en sus giras, a lo que respondió; “La fuerza del presidente es moral, no es una fuerza de contagio, entonces no tiene por qué ser la persona que contagie a las masas, o al revés” y agregó. “Casi sería mejor que padeciera coronavirus porque él, en lo individual, se va a recuperar espontáneamente y va a quedar inmune”.

Ahora que el presidente de México se ha contagiado de COVID-19, y vaya usted a saber a cuantos más habrá contagiado en estos días, valdría la pena recordar todas las veces que desde las mañaneras Obrador se burló de la pandemia como ocurrió el 18 de marzo del 2020 en donde presumió que él contaba con un amuleto conocido como el “detente” que es una estampa religiosa, que lo protegería del contagio.

Estas actitudes de menosprecio por la peste que azota a la humanidad se han visto reflejadas en el discurso oficial las incontables ocasiones en que se dijo que la pandemia ya se ha domado, que la curva se aplanó, que ya estamos saliendo de la crisis sanitaria o que estábamos muy bien preparados para hacerle frente, cuando la realidad es que cientos de trabajadores de la salud, médicos, enfermeros, personal de intendencia etc. han fallecido por la falta de equipo de protección adecuada. Y más de 150 mil personas que perdieron la vida demuestran el desastroso manejo de la pandemia en nuestro país. Si a estas muertes le aplicamos el mismo sistema del que presumía López-Gatell, el modelo Centinela, habría que multiplicarlas por tres, cuatro o muchas veces más.

Ojalá que López Obrador aprenda la lección y de hoy en adelante use el cubrebocas para su protección y la de todos los que le rodean.

 Ha quedado demostrado que quien se infectó del virus una vez, se puede volver a infectar y dudo que el detente, el trébol de seis hojas o el billete de dos dólares que trae el presidente en su cartera le sirvan para impedir que lo ataque nuevamente el COVID-19.

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