Bobby García

 La impunidad y el Atzheimer
A un año de las nuevas autoridades y todo igual

 Se ha dicho y es cierto, que la corrupción es el cáncer más mortífero que ataca el tejido social de la comunidad mexicana. Sin ponerme a analizar si hubo algún funcionario honesto en los inicios de la “vida republicana en la entidad” -como dicen algunos “analistas”-, es decir desde la instauración del estado, con sus gobernadores, diputados y alcaldes, puedo afirmar que la corrupción se disparó a finales de la década del ochenta (1987 en adelante). También hay que considerar que posiblemente en los doce años anteriores –primer y segundo gobernador- los recursos enviados al naciente estado eran pocos comparados con los de hoy. Y si una persona mira una bolsa abierta con poco dinero, si lo tienta el diablo “bien poco puede sacar de esa bolsa”. Aún así creo que el latrocinio descarado se inició en el tercer sexenio, sin querer afirmar que antes no existió. La corrupción nació con la esencia de ser mexicano y funcionario público que se han esmerado en crear el entramado casi perfecto que mantiene al pueblo en un puño. Al que sobresale por su inteligencia, sagacidad u oratoria, hay que comprarlo. Así como se dice que “el que no transa no avanza”, también el monstruo nacional maneja la tesis de “que todos tenemos un precio”. Pero el quiebre entre la prudencia y el asalto se dio desde que la entidad cayó en manos de los que se hicieron llamar perredistas. Los doce años que abarcaron los gobiernos de Leonel Cota y Narciso Agúndez y todo el entramado de esos doce años dejaron al estado hecho tiras y los dos exgobernadores y sus colaboradores así como los exalcaldes perredistas en esos doce años arrasaron hasta con el perro de la esquina. Y no debemos pasar por alto que Marcos Covarrubias fue alcalde perredista y también acarreó hasta con el perro de la vecina.

Los últimos días de abril los cinco ediles rindieron sus informes. Cuatro lo hicieron contraviniendo la ley electoral ya que fueron actos políticos públicos y el lucimiento y halagos mutuos con el gobernador. Solamente Estela Ponce Beltrán dio muestras de su calidad como persona y funcionaria. En reunión celebrada en la Sala de Cabildo informó sobre el estado que guarda la administración municipal. Pero el sello característico del que no escaparon ninguno de los informes fue que ratificaron una vez más el dicho también famoso del “borrón y cuenta nueva”. Ratificaron la impunidad que cobija a los expresidentes municipales y sus colaboradores. Ratificaron que la opinión pública y el hartazgo ciudadano no cuentan a la hora de “hacer cuentas alegres”. Si a Rosa Delia, René Núñez, Joel Villegas, Yuan Yee y José Ché Murillo, que dejaron en ruinas los municipios, no se les aplicó la ley y los munícipes actuales ignoraron ese pasaje tan denigrante, ¿qué nos espera a los sudcalifornianos? Seguramente que los actuales presidentes municipales serían –en aquel tiempo- conejillos de indias del célebre neurólogo y psiquiatra alemán Aloysius “Alois” Atzheimer, ya que viven, alarmantemente el presente y cada día el presente es pasado ya que los tres años terroríficos de sus antecesores no existen. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

 PASEMOS EL RUBICÓN: Y el gobernador fue testigo de honor de ese horror de olvidar los tres años anteriores. ¡Pero qué podemos esperar del gobernador si está en la fase irreversible de la enfermedad del Atzheimer! al mantener al orquestador del desfalco agundista, olvidar que fue parte de la grave corrupción en el trienio 2005- 2008, olvidó que entregó carta de posesión apócrifa en San Lázaro y olvidó que Narciso Agúndez y sus 40 ladrones saquearon las finanzas estatales. ¿Qué podemos esperar entonces? Si antes la bolsa abierta tenía poco dinero, ahora casi todos los funcionarios se hartan de riquezas y se pasean por todas partes sin rubor ya que la bolsa está sin protección alguna. ¿Con el tratamiento dado a los exfuncionarios del sexenio y los dos trienios, sin contar a Leonel y sus cien ladrones, quién no será tocado por el diablo y meter la mano hasta el fondo de la bolsa? Por eso propuse la creación de la CONTRALORÍA CIUDADANA que auditaría semestralmente las arcas estatales y municipales. Si el gobernador no fuera tentado por el diablo seguramente que instrumentaría la contraloría ciudadana para evitar en lo posible que la enfermedad del Atzheimer se campee sin correctivo dentro de cuatro años. Alea Jacta Est.  04-05-12. Mi blog: http://nivelcincuenta.blogspot.com

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