El proyecto de nación emprendido por el presidente de la república Andrés Manuel López Obrador no empezó, estrictamente, con el triunfo el 1 de julio del 2018.

El proyecto de nación emprendido por el presidente de la república Andrés Manuel López Obrador no empezó, estrictamente, con el triunfo el 1 de julio del 2018 o a su arribo a Palacio Nacional en diciembre del mismo año, sino es un proyecto trasversal que empezó desde mucho tiempo atrás, que aspira, en última instancia, a una nueva forma de hacer política.

Por ello, la Cuarta Transformación está situada por encima de los actores sociales, como institutos o actores políticos o de cualquier otro interés mezquino y egoísta, es decir, la cuarta transformación no se encuentra per se en morena, en los dirigentes de esta, ni de intelectuales públicos -o no-, etc., sino en cada individuo que busca el cambio real de la situación política, económica, social imperante en nuestro país.

A todo esto, los partidos de izquierda tienen el compromiso moral y político de sumar al proyecto que todos los días se constituye en cada rincón del país: que es un cambio de relación y de concepción de la política, de dignificación -como cualquier otra profesión- de la labor de los políticos que combaten los cánceres de México como lo es la corrupción, etc., es decir, «servir al pueblo y no servirse».

Aunado a esto, el cambio verdadero lucha constantemente, día con día, con los que se creían amos y señores de México: los conservadores. Esta forma de hacer política que descansa, principalmente en la corrupción, tendrá que ser erradicada, y para ello, es necesario que todos los aliados de la Cuarta Transformación se unan a un mismo fin: devolverle al pueblo el poder que se le ha sido negada todos estos largos años.

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