Y apenas empieza lo bueno de la temporada de huracanes.

Huracán Nora… ¡De la que nos salvamos!

El huracán Nora, que amenazaba con venirse directamente a Baja California Sur, y más específicamente a Los Cabos, se desvió e impactó a los estados de Jalisco, Michoacán, Colima, Sinaloa y Nayarit en días pasados, provocando severos daños en 44 municipios y causando el desbordamiento de 30 ríos. De acuerdo con lo que informó Laura Velázquez, coordinadora de Protección Civil del gobierno federal.

En Puerto Vallarta el desbordamiento de los ríos Cuale y Pitillal arrasó con viviendas y edificios que se encontraban en el paso de estos ríos. Un adolescente español de 13 años perdió la vida al derrumbarse parcialmente el hotel donde residía.

Otro estado severamente afectado fue Sinaloa, en donde seis municipios fueron declarados en emergencia. En ese estado colapsaron algunos puentes, y se han contabilizado cuatro mil doscientos hogares severamente dañados y pérdidas millonarias. Se reporta que en algunas zonas se alcanzaron los 400 milímetros precipitación pluvial

A pesar de que Nora fue catalogado como huracán categoría 1, la más baja en la escala Saffir-Simpson, cuyo valor máximo es la categoría 5. Por la cantidad de agua precipitada ha sido un fenómeno bastante destructivo a partir de lo que hemos podido apreciar en los lugares por donde pasó.

Si este huracán hubiera tocado tierra en el municipio de Los Cabos, los daños hubieran sido catastróficos, por decir lo menos.

Todavía tenemos fresca en la memoria a la tormenta tropical Lidia que el 31 de agosto del 2017, produjo una precipitación puntual de 400 mm de lluvia en la ciudad de Cabo San Lucas.  El daño provocado por este fenómeno fue caótico.

Según cifras oficiales, la tormenta tropical cobró la vida de cuando al menos siete personas, más de 2,500 fueron instaladas en albergues temporales y 10,000 se resguardaron con sus familiares. Lidia fue calificada como la tormenta tropical más poderosa del mundo en ese año.

Si en esta ocasión Nora hubiera llegado como huracán categoría 1 a Los Cabos, con la enorme cantidad de agua que le acompañaba, nuevamente las zonas de alto riesgo como son las invasiones de causes de arroyo hubieran provocado daños incuantificables. Muchas de nuestras vialidades se hubieran cortado en diferentes secciones y cientos de toneladas de basura habrían sido depositadas en el mar.

Las mismas causas que hicieron de Lidia una de las tormentas tropicales más destructivas de los últimos tiempos siguen estando presentes hoy en nuestro municipio.

En realidad, poco ha cambiado la situación aquí en nuestro tropical paraíso, desde aquel 31 de agosto de 2017.

Seguimos teniendo a miles de familias viviendo en el cauce de los arroyos, mismos que continúan convertidos en basureros clandestinos. Persiste la práctica de construir sin respetar las áreas de inundación. La Comisión Nacional del Agua, CONAGUA, hoy, lo mismo que hace cinco años, sigue siendo un profundo pozo de opacidad e ineptitud, incapaz de poner orden a todas estas irregularidades que son materia obligada de su competencia.

Y mientras la dependencia federal, encargada de vigilar el cumplimiento de la ley sea una mera figura decorativa, cada amenaza de tormenta tropical o huracán, nos tendrá con el alma en un hilo.

Y apenas empieza lo bueno de la temporada de huracanes.

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