Y aquí estás…

Hace 33 años

Hacíamos los preparativos para salir a vacaciones de primavera. Nuestro hijo, Julio César García Meza, (El Pico) vomitó por la noche y acordamos que si por la mañana seguía vomitando no saldríamos. Por la mañana se encontró perfecto y salimos. Llegando al Valle decidimos lonchar y nos estacionamos. El Pico tomó una vita de toronja –su preferida- casi congelada, y la bebió rápidamente. En la cuesta de Ligüi volvió a vomitar. Compramos medicamento para el mareo y continuamos. Llegó perfecto a Cachanía, saludó y abrazó a sus tías, cariñoso como siempre, característica universal de los Mongolitos (síndrome de Down) Por la noche se agitó y otro día lo llevamos al hospítal, lo inyectaron y la enfermera me dijo que se pondría bien, Por la noche lo llevamos ya muy agitado y con dificultad para respirar. Lo atacó una pulmonía fulminante y por la madrugada del día cuatro falleció. De eso hace ya 33 años. Murió el 4 de abril de 1988 y tenía 17 años.

Alguna vez el profe Marcelo Rubio me dijo que los que teníamos mongolitos éramos agraciados porque nos cuidarían en nuestra vejez. Él tenía (o tiene) uno que se llama Eugenio. El Pico no nos acompaña en la vejez, no hace los mandados, no tira la basura, no barre el piso, no pone el agua del garrafón, no nos acompaña a la mesa, pero desde allá nos mira y nos espera. Coyén (mi esposa) y yo lo extrañamos mucho para que nos acompañe en la vida vieja…

Su muerte nos devastó y tardamos para asimilar su partida.

La muerte de un hijo es un dardo relampagueante que perfora el corazón … con los años guardamos su recuerdo en todos los suspiros de la vida…allí duerme y su presencia es diaria.

A los 33 años de su partida atemperamos el dolor, pero allí está.

A los pocos días inicié el libro que se llama “Por el camino de los ojos”. En sus primeras páginas está el poema que hoy transcribo entregando un abrazo a las familias que con esta pandemia han perdido familiares. A los padres que sufren la ausencia de hijos…

                           ¿CUÁNTO TIEMPO HIJO MÍO?

¿Cuánto tiempo estarás en mi recuerdo

                                                    Hijo mío

Cuánto tiempo estarán en mi recuerdo

Tus juegos, tus bromas, tus apodos,

tu sonrisa y tus besos, por la noche?

Cuánto tiempo recordaré

                               Hijo mío,

Tu esperarme por las tardes

Tus carcajadas y tu saludo de mano,

Tus guaraches, tu caminar y correr

¿Cuánto tiempo, Hijo mío?

Cuánto tiempo recordaré tu música,

Tu cepillo de dientes, tu silla, tu cama,

Tus juguetes, tu ropa, tus fotos,

Tus silencios, tus reproches y tu mirada triste,

Esa mirada pesada y vivaracha

Cuánto tiempo llenarás mi recuerdo

                                             Hijo mío

¿Cuánto tiempo estará en mi recuerdo

Ese domingo tres de abril y ese lunes cuatro

En que la muerte rondaba, la sentías,

Te ronroneaba a la oreja

Y yo no supe ver…

 no supe identificar?

Ese domingo por la noche

En tu cama, con oxígeno y suero,

                      Diciéndome todavía bromas y apodos,

Llamando al doctor con esa voz tan tuya,

Pegada a tu garganta para salir ronca,

Pegajosa, melodiosa y caminante.

                     Tu inquietud de madrugada

                      Por tus pulmones que se llenaban de agua,

                     Tu desesperación por arrancarte las mangueras

y yo llamándote y calmándote

y tú diciéndome:

“turururu, ya mámonos teno miedo”.

Esa quietud que yo confundí con sueño

Y que era el encuentro con tu muerte;

Tu lengua pegada al labio

Y que vertí agua para despegarla…

Allí me enfrenté a tu muerte

Y empecé a morir más rápidamente…

Empecé a morir…empecé a morir.

¿Cuánto tiempo voy a llevar ese recuerdo?

Ese domingo y lunes, tu ataúd,

Tu cara cincelada en amor eterno,

Tus cejas pinceladas, dibujadas, tu cabello.

Cuánto tiempo te recordaré

                                Hijo mío

Tus cosas, tu presencia y tu sonrisa

Porque luego yo también seré recuerdo

Y nos encontraremos en el cielo

Y me llevarás de la mano

                     Con mi madre y a la morada de mi hermano,

                     Me llevarás con tus guaraches alados

Por una vereda verde y olorosa

A tu casita, blanca y bonita,

Llena de luz y música, perritos y juguetes

Con una puerta por dentro

Que comunicará un cuartito para mí

Y los dos lloraremos por los vivos

Y seremos recuerdos en la tierra

Y seremos estrellas en el cielo.

                                               4 de abril de 1988.

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* * *

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