Los gobernantes pueden decir muchas cosas

Gobernador de diez… instituciones reprobadas

Si quieren ser espléndidos donen más al teletón o únanse al redondeo, pero no anden regalando buenas calificaciones a nuestros gobernantes

Los gobernantes pueden decir muchas cosas: epidemiólogos, Okinawa, nenita te quiero mucho, efectivamente, los emisarios del pasado… pueden hacer muchas cosas, pavimentar y poner pasto sintético…repartir notarías, y nomás. Pueden ser distintas las valoraciones que se hagan de una administración, por la obra efectuada, por el carisma y sensibilidad del gobernante, por el perfil de los funcionarios, etcétera. Sin embargo, la percepción que nos formamos del buen o mal desempeño de una administración de gobierno poco tiene que ver con hechos objetivos y medibles, más bien la construimos a partir de afinidades ideológicas o políticas, así la realidad termina tomando la forma del cristal con que la vemos.

 Recientemente apareció la última encuesta donde nuestro gobernador sigue siendo de los mejores calificados del país, sin cuestionar la encuesta de las que ya todos sabemos que se hacen a modo como un medio más de propaganda política, tenemos que aceptar, aunque la encuesta fuera real y objetiva, que los ciudadanos carecemos en gran medida de elementos que nos permitan valorar a un gobernante  con objetividad.

 Existe una percepción ciudadana que choca con estudios y cifras recabados por asociaciones civiles e instituciones académicas que se dedican a establecer y estudiar los parámetros que deben de considerarse para que un gobierno se considere exitoso, es más, dichos parámetros generalmente marcan los umbrales mínimos que una administración debería cumplir para considerarse un gobierno, al menos, decente.

 Pero al parecer los sudcalifornianos somos muy espléndidos al calificar a nuestros gobiernos, pues mientras otorgamos excelentes calificaciones a los titulares de las administraciones estatal y municipales, por otra parte somos de los peores estados en materia de transparencia y acceso a la información, ya sin hablar de los índices de seguridad, de educación y salud entre otros; calificamos bien a gobiernos que ocultan la información de deberían publicitar. Quizá porque no tenemos acceso a esa información es que otorgamos tan altas calificaciones: ojos que no ven, gobernantes de diez.

 Las políticas de transparencia y el acceso a la información pública, aunque de reciente implementación en el país y de poco arraigo todavía en la cultura política de los ciudadanos, es uno de los pilares primordiales de un régimen democrático basado en la competencia electoral. El derecho a la información pública hace vigente en el principio de la soberanía popular, que emana del pueblo y está por encima de cualquier otra potestad, actualiza de igual manera el enunciado que dicta que las instituciones del estado se instituyen para beneficio del pueblo y por tanto, vigilar la buena marcha de los asuntos públicos es un derecho inalienable del ciudadano, entre muchas otras consideraciones que derivan de la teoría del pacto social y sobre la que se construye el andamiaje normativo de nuestra modelo republicano.

 En el ámbito electoral, conocer el uso y destino de los recursos públicos sería sin duda alguna uno de los principales elementos para evaluar el desempeño de un partido político en el gobierno; administrativamente sirve para fincar responsabilidades a funcionarios y resarcir los daños a la hacienda pública, de igual manera para contar con elementos que puedan servir de defensa para la ciudadanía en caso de verse afectada por la actuación o la omisión del Estado.

 Los indicadores oficiales en las distintas vertientes del quehacer gubernamental como son la economía, los indicadores sociales como salud, educación, vivienda entre otros, y desde luego, la transparencia, son argumentos sólidos y objetivos que debemos consultar para formar nuestro juicio sobre las administraciones municipales y estatal. Al final de cuentas no se trata de un concurso de popularidad, o bueno, sí, pero sobre la base del desempeño institucional y no de sonrisitas y ocurrencias, no podemos seguir teniendo gobernantes de diez con instituciones reprobadas en la medición de sus indicadores de desempeño.

 Si quieren ser espléndidos donen más al teletón o únanse al redondeo, pero no anden regalando buenas calificaciones a nuestros gobernantes, con las cuentas que rinden, o que no rinden, de por sí no crean que le ponen muchas ganas los vatos y poniéndoles una estrellita en la frente menos; habría que ser un poco mas juiciosos y estrictos en este sentido, ahora, que si lo que le gusta es regalar calificaciones, pues métase a dar clases en una prepa privada.

 Te amo nenita.

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