José Luis Rumiano.

Entre canciones, guitarras y mariachis

Llegué a San Ignacio a trabajar como docente en septiembre de 1960 y regresé a Santa Rosalía en junio del 64.

Tomé como costumbre concurrir a todas las fiestas del santo patrono del pueblo del palmar y la nostalgia.

En aquellos años las fiestas eran muy concurridas y lucidas ya que los pescadores de la costa regresaban a gastar mucho dinero. En la plaza siempre andaban hasta cuatro conjuntos de mariachis y conjuntos de acordeón y guitarras.

Entre el 27 o 28 de julio ya andaba por la plaza buscando mi mariachi preferido. Pedía me acompañaran no menos de diez canciones. Todas las fiestas se acercaban amigos y otras personas a escucharme. Terminaba una canción y dejábamos el espacio para “dar chance” a que otros escucharan sus canciones. Y así toda la noche y todos los días.

En 1961 en uno de “mis descansos” escuché una voz melodiosa y entonada. Fue un deleite escucharlo como si estuviera cantando Javier Solís o Pedro Infante. Mi voz era escandalosa y la de él un deleite para los oídos. Entré en contacto con él y nos hicimos amigos. También concurría todos los años.

Una o dos veces tomamos la puntada de alternar nuestras canciones con un solo mariachi. Como tres veces interpretamos “La negra noche”; nos debía salir bien pues los escuchas nos aplaudían.

El 64 fue el último año que concurrí –como cantor- ya que en el verano siguiente me fui a estudiar a Nayarit.

Al compañero José Luis Rumiano –el de la voz melodiosa- no lo volví a ver. No tengo idea si siguió concurriendo a las fiestas. Luego supe que contrajo matrimonio con Estelita, hija del profesor Gilberto Valdivia Peña, familia radicada en San Ignacio.

En la década del setenta supe que cantaba en un local ubicado por la Carretera al sur. Me informaron que era inconfundible el lugar ya que tenía en el techo un avión de la fuerza aérea.

Vine a La Paz y lo encontré. Tomé un lugar y varias veces le grité “compañero Rumiano”. Me escuchó, me ubicó me invitó a que lo acompañara en el estrado. Me pidió cantara con él La negra noche. Recordé los tiempos de San Ignacio.

Me comentó que alternaba su arte siendo gerente de ventas de una empresa llantera.

Cuando vine a trabajar a esta ciudad, algunas veces lo saludé en compañía de su esposa… los tiempos cambian: nunca coincidimos en alguna fiesta.

Luego lo miré dirigiendo conjuntos musicales, de maestros jubilados.

Hace algunos años lo saludé en la clínica del Issste. Su salud había mermado. Luego lo llevaron al homenaje que rindieron a Eduardo García mi sobrino y a otro músico saxofonista. Lo esperé a la salida del teatro para saludarlo. Su esposa, él y yo platicamos. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: Hace unos días escuché la fatal noticia de su fallecimiento. Mis neuronas viajaron hasta San Ignacio y en la plaza del pueblo lo encontré y cantamos La negra noche.

Esos compañeros de farra pueblerina nunca se olvidan…

Un abrazo fraternal para Estelita, sus hijos y demás familiares. Rumiano, seguro estoy, está cantando en el cielo.

Alea Jacta Est.- 07-1020

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