¡Vaya recuerdos!

El recuerdo como presente de un pasado sin tiempo

Revisando el archivo encontré la colaboración que transcribo. Es un documento boleriano, del tiempo de los setenta. Muchos, al leerlo, recordarán los nombres y los viejos tiempos, aunque hoy, las condiciones son distintas, tan distintas que la política ha dividido al pueblo… aun así, la camaradería, la broma y los apodos están vigentes. 

La mina vieja, la zapeta y la lámpara de carburo, el pitazo de la fundición (ronco y melancólico como ronroneo de gato siamés), el tránsito de los obreros atacando los rumbos para llegar a la chamba, y, el tránsito de los troques (término boleriano) que traían a los mineros de regreso de las minas ¡están en el recuerdo como presente de un pasado sin tiempo!

Un día encontré muchos Cachanías levantando con sus pies el mismo polvo de la misma vereda, subiendo a la vida para entregarse radiantes a la amistad y compañerismo. Santa Rosalía, como una contradicción más, mezcla los polvos luminosos de la vereda de la comprensión, con las huellas cansadas de la injusticia. Los Cachanías tenemos, además del distintivo clásico de la somnolencia histórica que nos incrustaron los franchutes, el distintivo especial que nos hace clásicos en la media península (claro que hay sus excepciones como en toda regla); somos afables, dicharacheros, pachangueros, bromistas, buenísimos para poner sobrenombres, amantes del béisbol, de la cerveza y el pan  -otra herencia de los franceses- y la política la tomamos (o tomábamos) como una pachanga más; los Cachanías van a todos los actos de los candidatos; van con los amarillos, tricolores y hasta con el PAN, siempre y cuando haya comilona y cheve. En los tiempos electorales engordan.

Los viejos y nuevos Cachanías nos fundimos en un compañerismo muy distinto al resto de los habitantes de la media península. Tan pronto ves a Mario Suárez y Rigoberto Garayzar, “pachanguiando” en La Sodoma ( en el burdel) al filo Del Cincuenta, como al rato los ves en cena solemne en El Francés (hotel histórico), con los Rotarios o Leones en compañía del gobernador. Muy bien puedes ver a Mario Vargas, cantando y declamando con el Pájaro, con el Gato Zúñiga y con Juanito Pérez, y otro día verlo en la cantina con el Mantonio (el Perro), echándose la caguama con el Caballo, con el Jaime, con el Camote, con el Quico o con el Sartén y, al rato verlo en la Progreso y estar atento al tiro de cubilete del Fay y el Quique García y luego despedirse porque en la noche inaugurará la reunión de análisis y consulta del gobierno estatal.

Así es mi Santa Rosalía; la amistad y la confianza no tienen siglas partidistas y políticas y en la Sodoma, la Progreso, en el estadio, en la cantina del Quicón, se rompen los protocolos aburguesados y todos nos damos la mano como grandes camaradas.

¿Quién no llegó un día medio triste o triste y medio con el Viejo o con Juan Ojeda y al instante, el grito, el golpe en la espalda o el “quiubo cabrón vente a tomar un trago” , no te sacó de tus melancolías y te fundiste en la sana camaradería? En Cachanía es clásico ver en la cantina a panistas, priistas y coalicionistas (ahora), departiendo alegremente.

Esa es mi Cachanía, la tierra de todos y de nadie, la tierra que se mezcla en el baile de la Progreso y el abrazo de Año Nuevo; la tierra que revienta y se aquieta al impulso de la justicia y la injusticia. La tierra del Calay y el Pito Loco, la del Coraje y el Pelón Garayzar, la del Güero Murillo, del Cali Beltrán y del Güero Nato (beisbolistas), la del Tenampa, de Domingo, Salvatierra y el Machi (policías). Esa es mi tierra, la tierra de la mina del cielo y del infierno; la tierra del Troque, el Mariguano y Alejito ( alijadores)  la tierra de Zatarain, Toño Romero y Alfonso Meza (taxistas), la tierra de los Ahumada, mi compa Chato Verdugo y de Luis Ernesto Núñez (comerciantes). La tierra de Padilla, el Bobby, Gibe, Laquito, Bastida, Padillita, Benito, Drew y Nonato…esa historia vieja de viejos y nuevos maestros, luchadores, y entreguistas, sindicalistas y democráticos. La tierra de los viejos y nuevos mesías, de los que hoy están en la nómina municipal y estatal sin tener  méritos y de los méritos que trotaron y trotan por sus calles resecas por la justicia y la igualdad…esa es la tierra de la cruz gigante de los panteones gigantes.

Esa es la tierra que circula por todos los poros de los Cachanías; esa es la tierra que hermana la vida y la muerte, la lucha y la pasividad, la luz y la sombra, el pitazo de la fundición que hoy circula sin oxígeno y sin atmósfera, y el pitazo de alerta para en nuevo amanecer…o para el viejo morir. Mi correo: raudel­­­tartaro@hotmail.com

Alea Jacta Est- 03-08-21

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