Desde luego ninguna de las teorías planteadas ha resultado ser infalible

El mejor candidato

Desde que la figura del estado se ha asociado a diversos métodos de selección de los titulares de sus instituciones, el hombre ha venido buscando la fórmula o el conjunto de características que aseguren que las riendas del gobierno estén en las mejores manos. Desde las tipificaciones platónicas de la mejor forma de gobierno directamente relacionadas con el tipo de personas que gobernará (oligarquía, democracia, aristocracia, etc.), pasando por la efectividad del ejercicio del poder descrito por Maquiavelo en El Príncipe, una serie de politólogos, sociólogos y demás interesados en el tema han planteado diversas teorías sobre las aptitudes y  atributos que deberían de tener quienes se ocuparán de llevar las riendas de un gobierno.

Desde luego ninguna de las teorías planteadas ha resultado ser infalible, si alguna atina a pronosticar que tal o cual candidato será buen gobernante, es más por casualidad que porque apliquen las hipótesis a la realidad política. Que sean de tal o cual partido, que tengan experiencia en el ámbito de la labor pública o una gran trayectoria dentro de la iniciativa privada, preparación profesional o cualquier otro argumento que se despliegue a favor de tal o cual candidato no asegura de manera alguna su desempeño a la hora de sentarse en la silla desde donde habrá de dirigir los destinos del país, el estado o el ayuntamiento.

Ante tal incertidumbre resulta difícil aventurar una receta o un perfil  que describa con certeza a alguien que sea candidato y luego resulte buen gobernante. Quizá en lugar voltear a buscar los atributos del hombre de estado, del estadista preparado y consciente de las necesidades sociales, de por si escasos, conocer sus virtudes y defectos como ser humano puede ser más ilustrativo para imaginar no el desempeño, pero al menos el empeño que pueda tener al ejercer el poder como gobernante.

En mi caso personal, es muy importante conocer si alguien es una persona preparada, si tiene experiencia -la capacidad es indispensable-, pero no es lo único ni lo más importante, saber por ejemplo, de viva voz de quienes lo conocen la opinión que tienen de él, sería interesante; uno de los aspectos que resulta por demás ilustrativo es como el ahora candidato ha sido con sus trabajadores, ya sea en el ámbito público o privado, si alguien que aspira a llevar las riendas de un estado un municipio en su desempeño profesional tiene antecedentes de ser un jefe o un patrón déspota, grosero o mezquino  con sus trabajadores, es una señal que nos puede dar la alerta de la forma en que ejercerá el poder.  No se necesita tener una bola de cristal ni ser muy avezado en la política ni en la sicología humana para suponer que una persona que es prepotente y avaro con sus subordinados, con los que convive diariamente y le hacen el trabajo, que los conoce por su nombre y conoce de igual manera sus necesidades y angustias personales y aún así es indiferente y abusivo en su trato para con ellos, será mucho más indiferente a las necesidades de ese conglomerado sin rostro ni nombre que se llama “pueblo” o “ciudadanía”, seguramente será aún mas mezquino en el ejercicio del poder, en el ejercicio del recurso económico y en su trato con la gente. Alguien que es mal patrón o mal jefe sería muy raro que fuera un buen gobernante, no tiene lógica alguna que alguien sea indiferente a las necesidades y aún a los reclamos de su equipo de trabajo y resulte ser sensible y dispuesto a atender las necesidades y reclamos de esa entelequia sin rostro en que nos aglutinamos los ciudadanos; lo más probable es que sea ajeno y muestre poca voluntad de atender las demandas de la población, pueda o no pueda, tenga o no tenga la capacidad de resolver las solicitudes que se le hagan. Al final de cuentas, un buen gobierno debe empezar porque el gobernante tenga la voluntad de atender los problemas que se le planteen,  y digo atender, no resolver, porque entiendo que es pedir demasiado. No sé que característica debe de tener un candidato para ser buen gobernante, pero creo firmemente que un candidato que ha sido mal patrón, será un gobernante distante de las necesidades de la gente.

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