Andan desatados.

¡Dios mío, danos paciencia con esta gente!

Andan desatados. La codicia es una fuerte motivación, tan poderosa que hace que la gente cometa estupideces.

Empujados por la ambición de llegar a un puesto de elección popular o cargo público, muchos aspirantes a candidatos de todos tipos y tamaños, en estos días están organizando reuniones, carnes asadas, borracheras y visitas a las colonias más pobres del municipio con la finalidad de reunir adeptos a su causa política personal.

Con el gastado cuento de que esta vez sí van a resolver los problemas que nos aquejan como sociedad y que ellos mismos han creado, están preparándose para el asalto a las arcas municipales y para ello aspiran a ganar el favor de los electores en la próxima campaña electoral.

La mayoría de estos singulares personajes son viejos conocidos de la política local, pertenecen al conciliábulo de los “Cartuchos Quemados” y al club de adoradores del Santo Hueso.

Nada nuevo hay en su proceder, cada tres años, sin falta, llega la temporada de las falsas promesas, las reuniones interminables, el reparto de candidaturas, los arreglos en lo oscurito y todas las demás trapacerías propias de esta actividad.

Lo que es digno de resaltar es que estamos en medio de una pandemia, que hoy, le ha costado al país más de 90 mil muertes, de esas, 629, han ocurrido en BCS, y particularmente en Los Cabos, llevamos 214 defunciones. No obstante, lo anterior, no ha sido impedimento para que los buscadores del tesoro electoral se lancen a las calles a desparramar el mortal virus y contribuyan con su actividad al agravamiento de la pandemia en suelo cabeño.

Ellos andan muy alegres y despreocupados haciendo reuniones aquí y allá.

¿Y las autoridades sanitarias donde están para poner orden?

Esos, como siempre, andan muy aplicados fastidiando a los negocios cuidando de que no tengan 20 o 30 clientes de más, mientras que los artífices de la politiquería reúnen a cientos de sus simpatizantes sin mayor cuidado ni protocolo de por medio.

Ya sabemos que la autoridad, no tiene autoridad.

Y como son cabras del mismo corral, entre ellos se solapan y se cubren las espaldas.

La posibilidad de enriquecerse en el servicio público de forma deshonesta es muy grande, ¿a cuántos funcionarios hemos visto entrar a la administración municipal con una mano adelante y la otra atrás, y al poco tiempo ya presumen de propiedades, autos, lujos y un sin fin de prebendas que a un simple mortal, le debe llevar una vida entera de trabajo adquirir?

Esa es la recompensa a su temeridad, y por ella están dispuestos a enfrentar al COVID-19, con la esperanza de derrotarlo. Si lo logran habrán adquirido el pasaporte de la inmunidad para seguir en campaña.

Les puede ir la vida en ello. Nadie sabe bien a bien como le vaya a resultar su encuentro con tan temible patógeno, pero que les importa.

Tendremos oportunidad de ver como en estas elecciones se habrá de erigir un monumento a la estupidez, con tantos irresponsables buscando que voten por ellos y de paso propagando el virus entre la población.

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