Ramón Cota Meza- el Pirri.

Cuaderno de Santa Rosalía  ( VI  y último )

“Entre 1914 y 1920, los trabajadores del Boleo estallaron tres huelgas parciales, aun sin estar sindicalizados. La primera fue en agosto de 1914 con la demanda de establecer el salario a destajo. La autoridad local resolvió que cada trabajador decidiera la modalidad. La segunda huelga ocurrió en noviembre de 1916 en demanda de la reducción de la jornada de trabajo de diez a nueve horas. Esto no se resolvió sino hasta la promulgación de la Constitución de 1917, que instituyó la jornada de ocho horas. Aun así, muchos trabajadores optaron por el pago a destajo, creyendo que así ganarían más. La tercera huelga ocurrió del 19 al 31 de mayo de 1920 en demanda de la supresión del salario a destajo (que los mismos trabajadores habían demandado seis años antes), aumento del salario y computación del tiempo de transporte a las minas como tiempo de trabajo. Esta huelga inició con 200 trabajadores y llegó a juntar a todos los trabajadores por un solo día.”

“El Gran Sindicato Obrero de Santa Rosalía, creado el 23 de octubre de 1923, es el primer sindicato en el Boleo y uno de los primeros en la minería del noroeste mexicano. Su antecedente inmediato fue una huelga abortada tres meses antes. Los líderes de esa huelga fueron deportados a Guaymas, lo que parece insólito para la época, el tercer año del gobierno obrerista de Álvaro Obregón, meses antes. El 17 de abril de 1925 el sindicato se fue a huelga, la cual duró 27 días, hasta el 14 de mayo. Los huelguistas ganaron apoyo de la Confederación Revolucionaria de Obreros de México (CROM), del Sindicato de Obreros y Campesinos de Mexicali y de la Unión de Marineros y Fogoneros del Pacífico. En 1926, el sindicato demandó la aceptación de un reglamento de trabajo redactado por ellos mismos. Tres años después, el sindicato se desafilia de la CROM por sus posturas ambivalentes alineadas con el gobierno y se afilia a la Confederación General del Trabajo, de tendencia anarco-comunista, con sede en Tampico, Tamaulipas. Al parecer, esta fue una mala decisión del sindicato, la cual le costaría caro cuatro años después. Desde luego, no todas las demandas fueron cumplidas inmediatamente por la empresa. El sindicato debió librar varias batallas más hasta que fue reprimido y mermado por el entonces gobernador del territorio, general Agustín Olachea, en 1930. Olachea fue empleado administrativo del Boleo antes de su incorporación al ejército constitucionalista bajo las órdenes de Manuel M. Diéguez en Cananea. No se puede decir que no haya conocido las tribulaciones de los trabajadores. Sin embargo, la cargó contra ellos: deportó a 40 trabajadores identificados por la empresa como líderes sindicales.”

“Este fue un gran golpe para los trabajadores, cuyo ánimo de lucha empezó a decaer. En 1934 fue creado el Sindicato Industrial de Trabajadores Mineros y Metalúrgicos de la República Mexicana, que terminó aglutinando a todos los mineros de México. Para incorporar a los trabajadores de Santa Rosalía, el sindicato envió a un representante, Herlindo Flores, de mala memoria por su corrupción. Fue él quien creó la Sección 117 del sindicato nacional en Santa Rosalía. Los mineros, completamente atomizados por la adopción del sistema de poquiteros en 1938, fueron excluidos de la Sección 117 en 1945.”

Basta con esta mínima síntesis para llegar a la conclusión de que Cuaderno de Santa Rosalía, de Ramón Cota Meza, es el extraordinario esfuerzo de un Cachanía que ama su terruño. Hoy nos entrega este libro que viene a dar luz sobre acontecimientos que forjaron el temple airoso de Santa Rosalía. Un libro que rompe con el mito de que José Rosa Villavicencio fue un ranchero que “por casualidad” encontró los yacimientos de cobre; nos lleva a fechas históricas como los inicios, la insurgencia minera y la huelga del Gran Sindicato Obrero, el surgimiento del sindicato de la Sección 117 y la figura de los “poquiteros,” los estragos de huracanes, la producción anual de cobre, el manganeso de Lucifer, la definición de que Purgatorio y la Soledad habían sido magistralmente nombrados ya que éstos encajaban en las condiciones sociales y laborales de los mineros –pura soledad y vida sacrificada-, el nacimiento y muerte de San Luciano, último Grupo minero que fue llamado como tal ( Santa Marta, Soledad, Purgatorio, Providencia y San Luciano), sus barcos: el Córrigan I, el II, el III y el IV  y el Argyl que luego se llamó San Luciano. Sus gerentes: el primero Eduardo Comenge, y el último que quedé en duda si fue Francisco García Quintanilla o Pierre Mahieux. Tengo información que fue este último.

Es en sí una obra que todos los Cachanías deberíamos leer… es un magnífico libro, apasionante, que hay que leer… es tan interesante que se antoja transcribirlo todo…

En mi próxima entrega narraré algunos tópicos que creo merecen una lectura.

Alea Jacta Est.- 01-06-20- Miembro de ESAC.

raudel_tartaro@hotmail.com

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