La epopeya de 1945.

Un aniversario más

Han pasado 135 años de aquel estallido que parió bolas de cobre por las cuatro quillas del mar.

Así lo consigno en uno de tantos poemas que he escrito de mi pueblo aguerrido, Santa Rosalía.

Recientemente he leído dos libros referidos a Santa Rosalía: “Las cartas de Helene Escalle” del doctor Cachanía Juan Manuel Romero Gil, y, “Cuaderno de Santa Rosalía” del investigador y sociólogo Ramón Cota Meza, radicado en Ciudad de México desde hace muchísimos años. En las dos lecturas he reflexionado sobre acontecimientos que marcaron la historia como tal y aspectos sociológicos de una época llena de contradicciones.

En las cartas de Helene Escalle se desmenuza las congojas de la autora, que añora su querida Francia, y la espera del barco Kórrigan I, que enlazaba el pensamiento “de allá y de aquí” en las tan ansiadas cartas que eran el puente lejano de sus realidades.

En Cuaderno de Santa Rosalía leímos pasajes históricos poco conocidos. Ramón Cota nos lleva desde las andanzas de los primeros exploradores en busca de yacimientos, hasta el siete de julio de 1885, en que empresa y gobierno firman el primer contrato. Fecha histórica que marca el inicio del Boleo, no así de la minería que inició varios años antes.

Nos reafirma la vida minera en los distintos Grupos (Santa Marta, Purgatorio, Providencia, la Soledad y San Luciano) formados por familias de mexicanos y yaquis, etnia a la que el Pirri le da una importancia capital en los inicios de la minería, importancia que comparte con Eduardo Cumenge, primer director de la empresa en s en 1885, que decía: “El Yaqui es honesto y como trabajador es infatigable. Su rendimiento equivale al doble o el triple de otros indios del interior del país. Se les puede confiar las tareas más delicadas y las más peligrosas (…) con la certeza de que las cumplirán eficazmente y daba importancia tal al decir: “El proyecto para hacer de Santa Rosalía una colonia formada exclusivamente por franceses y yaquis”

Cota Meza nos refresca la memoria con los años de la insurgencia minera que prende en los Grupos; la fundación del Gran Sindicato Obrero el 23 de octubre de 1923, que pone en jaque a la empresa al declarar la huelga en abril de 1925. Nos hace recordar fechas tan importantes como: en 1934 se funda el sindicato de la Sección 117, arma fundamental para que la empresa no reconociera a los mineros como sus empleados. En 1938 se adopta el sistema de poquiteros (del que mucho he escrito) Y los mineros son excluidos del sindicato en 1945. Tesis que fue nuestra lucha y bandera desde los setenta hasta los ochenta. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: Precisamente en el año que los mineros son excluidos del sindicato (1945) la empresa liquida a los mineros de San Luciano informándoles “que la mina se cierra” y que les ofrece la opción de trasladarse a Sonora, a Baja California o La Paz.

Mi padre nos informa que iremos al norte porque para allá tiene familiares nuestra madre. Se hacen los preparativos y muchas familias somos trasladadas a Santa Rosalía para abordar el Kórrigan IV, surcar el golfo desde Cachanía, pasar por Cabo San Lucas, surcar el Pacífico hasta llegar a Ensenada.

Por lo que declaro que posiblemente sea el último sobreviviente de la epopeya de 1945, que nos hizo atracar en Ensenada. En 1945 tenía cinco años y recuerdo la aventura del viaje. Recuerdo que para mí la cubierta del barco era una losa gigantesca en la que dormíamos y nos levantábamos todas las familias casi al unísono recogiendo los tendidos, bostezando y estirando los brazos…yo, un plebe de 5 años… no tengo idea de cuántas noches dormimos en cubierta. Basta decir que desde Cachanía a Cabo San Lucas hay aproximadamente 780 Km y de Cabo a Ensenada por el Pacífico debe haber unos 900 km. Hay que aclarar que el Kórrigan IV surcó el Golfo y el Pacífico en línea recta… ¿Cuántos días hizo?

San Luciano fue el último Grupo Minero ya que los demás habían desaparecido. Fue el último eslabón para que la empresa explotara los yacimientos cercanos a Santa Rosalía. La torre del antiguo Grupo es lo único que queda de esa época gloriosa. Otea el horizonte con esa coraza granítica, inconfundible, vigilando los tiempos en espera de los mineros que por la jaula entrarán al fondo de la tierra.

A 135 años de aquel estallido que parió bolas de cobre, detengo un instante mi tránsito terrenal, para rendir un sentido homenaje a los yaquis y demás mineros que quebraron la montaña para cincelar, poco a poco, el perfil de este pueblo aguerrido que a ratos es olvidado por los nuevos Cachanías.

“hoy en día los visitantes encuentran atractivo e interesante el pueblo, sin imaginar el siniestro campamento que fue” (Pirri Cota)

Alea Jacta Est-08-07-20- Miembro de ESAC.

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