El carro completo del PAN fue tan inesperado, súbito, brusco, insospechado, repentino, imprevisto, desconcertante, sorpresivo y ¡puta madre!

¡Y vamos a darle…lo que sigue!

¡Aguas con el agua y la salud!

El carro completo del PAN fue tan inesperado, súbito, brusco, insospechado, repentino, imprevisto, desconcertante, sorpresivo y ¡puta madre!, que dejó a Carlos y al gobernador, a los tamemes del fraude, al Toñaco y al Godínez, “sacados de onda”, tan sacados de onda que sintieron vergüenza de ellos mismos y no se atrevieron a festinar los resultados… pero, bueno, ya pasó y hay que darle a lo que sigue:

El gobernador electo mil veces repitió en sus actos: “contrátenme como su gobernador” y “haiga sido como haiga sido” los resultados electorales lo ubican como un empleado del patrón, que es el pueblo. Tan temeraria solicitud del ahora gobernador formalmente lo coloca como un trabajador del pueblo, y los trabajadores deben cumplir la tarea que les encomienda su patrón. De ese tamaño fue la desesperación de Carlos Mendoza. Si hubiese tenido la remota idea de que el sunami que se gestaba arrasaría con todo y con todos no se hubiera atrevido a los ofrecimientos que prometió a un pueblo desesperanzado en el largo camino de 16 años. ¡Cuidado con sus promesas! Prometió cosas imposibles de cumplir: agua las 24 horas del día, terminar con la violencia y las ejecuciones por intromisión del crimen organizado “en un tronar de dedos,” ¡ningún paciente impaciente!, ningún niño y joven sin cupo en las escuelas, mandar de vacaciones al desempleo y salarios dignos para todos. La pura solicitud de ser contratado como gobernador tácitamente lo obliga a trabajar en favor del pueblo, lo obliga a ser un gobernador incorruptible y obligar a ello a sus funcionarios, vivir de su salario y no amasar fortuna cuantiosa en su mandato. Y más que nada está obligado a ser un gobernante democrático, justo y vertical. Y resulta que en el ejercicio democrático la función de los servidores públicos es esa: cumplir con el mandato popular de ser empleado del pueblo, actuar democráticamente –en el contexto que esto implica- procurando el bien común, escucharlo y atenderlo, ser justo y humilde. Pero resulta que la cruda realidad nos dice que los funcionarios públicos desde el gobernador para abajo actúan anteponiendo sus intereses familiares, políticos y de grupo por encima del interés popular; la función pública se convierte en enfermedad por el poder y el dinero y para ello se valen de conducta deleznable que siempre golpea a los más jodidos y al pueblo en general.

¿Le irá a quitar el sueño al gobernador electo un pueblo de brazos al cielo pidiendo democracia y menos sufrimientos? ¿Se sentirá aplastado y derrotado por no poder cumplir la promesa de “agua las 24 horas”? ¿No se sentirá impotente cuando escuche el clamor de los pobres que ni siquiera el seguro popular los atiende y la impaciencia los mantiene al borde de la histeria? ¿O los cuadros dantescos de pacientes impacientes que mueren por falta de atención médica, de medicamentos y negligencia en el hospital y el Issste? ¿Enfermos que son regresados porque no hay camas? ¿Se irá a sentir apabullado por el desempleo galopante y por cientos de egresados de las universidades que no encuentran empleo?

Pero bueno, este arroz ya se coció y no hay que dejar que se haga bolas y se ponga duro. Hay que darle a lo que sigue procurando recobrar la confianza popular:

La madre de la inconformidad es la corrupción que brota como cáncer por los cuatro rumbos de la casa comunal. Si el gobernador electo tiene la intención política y moral de atacarla y erradicarla está obligado a crear la contraloría ciudadana integrada por ciudadanos honestos e incorruptibles en su vida social y familiar, que no tengan parentesco alguno con él y su gabinete. Lo mismo para los ayuntamientos. Ojalá se pudiese aplicar la pena de muerte a la corrupción comprobada. Enviar al congreso la iniciativa para eliminar el culto a la personalidad de los gobernantes así como de la obra pública. Iniciativa para la revocación de mandato. Iniciativa para la segunda vuelta en gubernatura y alcaldías. Salarios en la justa medianía como lo instituyó el ilustre Benito Juárez. Destierro total del nepotismo, compadrazgo y amiguismo, es decir, funcionarios capaces y profesionales. Si se instituye la contraloría ciudadana habrá transparencia y rendición de cuentas, y la corrupción se frenará. Iniciativa para eliminar las bonificaciones a servidores públicos al finalizar el trienio y sexenio…Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: Como soy parte del pueblo y Carlos Mendoza Davis fue contratado por él, dentro del plazo de los cien días entregaré en secretaría particular, en la privada y en la general, solicitud de audiencia para que me atienda. Si da vida a la contraloría y algunas iniciativas de las que propongo, no habrá necesidad de tal audiencia. Pero desde ahora señalo que ya no se vale más engaños al pueblo. Si Carlos Mendoza pidió que lo contrataran, está obligado a ser un gobernante democrático. Aseguró, además, que habría agua las 24 horas, premisa que no podrá cumplir ya que no depende de buena voluntad sino de millones y millones de pesos además que este líquido no es renovable. Puede instrumentar la contraloría y contratar funcionarios capaces y honrados. En el tema de la salud también fallará… pero, bueno… vamos a darle a lo que sigue… Alea Jacta Est. 19-06-15

Responder

Tu e-mail no seá publicado.