Tal como las calles, colonias, pueblos y ciudades son invadidas por las despensas

La pena capital

Tal como las calles, colonias, pueblos y ciudades son invadidas por las despensas, playeras, bolsas para el mandado, logos de todos los partidos –ahora serán diez- lápices y plumas, llaveros, gorras, banderolas, gallos, reuniones, así son invadidas por las mil promesas de los candidatos: “vamos a mandar a vacaciones al desempleo”. “No habrá un sur en opulencia y un norte en el olvido”. “Gobernaré sin colores”. “Una política diferente”. Recorreré constantemente mi distrito”. “Ninguna iniciativa pasará si no defiende el interés del pueblo”. “La hora del municipio ha llegado”. “Lucharé incansablemente por fuentes de empleo”. “No aceptaré el culto a la personalidad”. “Lucharé contra el hambre y la miseria”. “Rendición de cuentas y no más corrupción”… Y así, todas las promesas y propósitos del mundo recorren en cada campaña política los cuatro rumbos cardinales de la entidad. Y ahora el desempleo, la pobreza y la miseria se han acentuado por toda la geografía estatal. El robo en todas sus modalidades invadió ya el tejido social. Los contenedores de basura ya no contienen a los pepenadores que hurgan en ellos al grado de meterse al interior y revolver toda la inmundicia… y el valor sudcaliforniano no reflexiona en las infecciones a que se exponen estos miserables. Por todas las calles y colonias deambulan los atrapados por la droga en espera de los carros que les surten el chuqui. Y la política es la misma, y las autoridades hacen lo mismo, es decir, ignorar la verdadera tragedia que vive la pobreza y miseria popular. He visto jóvenes –hombre-mujer- que al hurgar en contenedores se llevan a la boca desperdicios de comida. Y esto no se miraba cuando estirábamos los ojos más allá de nuestra costa para indagar qué pasaba al otro lado del mar; cuando nos armamos de valor y luchamos por un gobernador nativo Y con arraigo. Desde Ángel César al actual han ocupado la silla gubernamental siete ciudadanos y trece legislaturas y el derrumbe y anarquía de la gobernabilidad y la convivencia social se precipitan como avalancha al fondo del abismo. La inseguridad nacional y local, el crimen organizado y las bandas delicuenciales invaden la sociedad y “los grandes del país” declaran todos los días que se está ganando la guerra a la delincuencia; que le estamos ganando la guerra a la pobreza, la miseria y que la jornada nacional contra el hambre es todo un éxito, mientras el estrato que casi vive en los contenedores y las familias muy pobres ya forman una ciudad fuera de la convivencia social. Y la inmensa mayoría de la sociedad nacional y local sabemos cuál es el remedio: la lucha frontal contra la corrupción y la impunidad. Una ley que castigue con pena de muerte a los funcionarios que no justifiquen con su salario los bienes materiales y cuentas bancarias. Pena de muerte para el crimen organizado. Una ley que prohíba que los senadores, diputados y magistrados se otorguen los salarios. Una ley que tase los salarios en la justa medianía de la que habló el ilustre Juárez. Una ley que prohíba la entrega de despensas y dádivas, una ley que prohíba la promoción de los funcionarios y el culto colgado en las paredes de todas las oficinas. En fin, una política pública que sea una jornada nacional contra la corrupción y privilegios. Esa sería la estrategia que desterraría riquezas ilícitas, funcionarios rapaces, la pobreza extrema y las jornadas contra el hambre. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: Amnistía Internacional pugna por la abolición de la pena de muerte y muchísimos tratadistas la señalan como: “una pena cruel e inhumana”. De ninguna manera comparto la idea de que esta pena se aplique en el contexto de las ideas políticas, o como en Estados Unidos que se aplica por asesinatos. O en países asiáticos por luchar contra el régimen, el adulterio o la homosexualidad. Si se considera una pena cruel e inhumana, habría que preguntarnos si no es cruel o inhumano que la inmensa mayoría del pueblo mexicano viva en la pobreza extrema y la miseria mientras la clase política –en lo general- se enriquece a la vista de todos y cínicamente exhibe sus carros de lujo, sus mansiones, sus viajes familiares y privilegios. ¿No es cruel e inhumano que el presupuesto nacional de egresos en 2013 fue de casi 4 billones de pesos de los que el senado se llevó 3 mil 757 millones de pesos, la de diputados 6 mil 530 millones, la suprema corte 4 mil 564 millones, el IFE once mil millones y los siete partidos políticos 3 mil 671 millones? ¿Eso será justo mientras el pueblo se muere de hambre? Desde hace tres sexenio propongo una contraloría ciudadana, sin compadrazgos con los políticos de primera. Acorralado no me queda más, mas que pensar en la pena capital para los políticos corruptos y para el crimen organizado que controla el mercado de las drogas. Ya vendrá el nuevo gobernador(a), los nuevos alcaldes y diputados. Les propondré la contraloría ciudadana. Machacaré en ello y los presentaré como corruptos si no la instituyen… Alea Jacta Est. 25-07- 14

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