La suerte está echada / La raíz que nació en las Normales

El miércoles señalé que para hablar del maestro y el magisterio se requiere de una tesis que al final de la exposición la clarifique abordando el mayor número de conclusiones. Se me antoja una tarea tan difícil como tocar el tema de la religión o la libertad de expresión: no cualquiera puede ser buen maestro aunque haya bebido del agua que corre por las acequias de las Normales Públicas del país, pero con Normales Públicas o sin ellas el maestro como ente ontológico es el sujeto que se enraiza en la libertad y la democracia, en la bondad y la humildad, en la abnegación y vocación . Y aquí una reflexión: no creo que el ser humano haya poblado este mundo teniendo como vocación la destrucción y la corrupción, el rencor, el odio y la avaricia… qué actitud asumiría el maestro de la escuela rural mexicana  si observara lo que han hecho del apostolado nacido en las trincheras de la Revolución Mexicana.

Por eso no es extraño que la insurgencia se manifieste en maestros y estudiantes de Normales. Tampoco es extraño que otros profesionistas no abracen esta lucha con pasión y entrega. Tampoco es extraño que a las maestras de preescolar, los de primaria y secundaria se les identifique con más facilidad que a los profesionales que ejercen la docencia en las escuelas superiores. Es que la inmensa mayoría de los docentes de educación superior no bebieron el agua de las Normales y su ente ontológico no se empata con los docentes de educación básica. También señalé el miércoles que a la educación la habían cambiado mucho, pero la educación en el campo de la ontología no puede cambiar: cambian los intereses y las políticas, y claro, cambian los planes y objetivos. Y en esta vorágine es arrastrado el maestro. Por eso la educación anda “patas pa´rriba”, porque hay buenos maestros de educación básica, pero también hay muchos malos, flojos e irresponsables fundiendo un eslabón más en la cadena que lleva al precipicio a la educación nacional. Pero en las prepas y universidades, públicas o privadas, también hay docentes que aunque no bebieron el agua de las acequias de las Normales, son tan buenos, responsables y abnegados como los de educación básica. Y pudiera adelantar la tesis de que aquí estriba parte del problema de la mediocridad educativa ya que los responsables de la educación superior no se fraguaron en la masa que modeló al maestro. ¿Qué tanto cambiaría la eficiencia y el amor a la educación si a los docentes de todos los niveles se le exigiera en su currícula ser maestro de Normal como ahora es requisito ser bachiller para cursar la carrera de maestro? Imaginemos a los directivos y docentes de escuelas superiores con título de maestro de educación primaria o secundaria: (no es la conciencia la que determina el modo de ser sino el modo de ser o existir el que determina la conciencia) ¿La inmensa mayoría de los profesionistas que ejercen la docencia (abogados, médicos, licenciados, contadores, ingenieros, etc,) vivirían (modo de ser) en el entorno social en el que se desenvolvieron los maestros de educación básica? Insisto: no es lo mismo un maestro abogado que un maestro maestro. Lo que realmente trastoca la armonía social en todos los escenarios, y particularmente en el tema de la educación es la impunidad y la corrupción, aunque me gustaría ver una escuela superior en la que el rector, los funcionarios y los docentes fueran maestros de las Normales y las Superiores, públicas. ¿Se imagina usted una generación de maestros de educación básica estudiando otras profesiones para arribar a la educación superior? ¿Llevarían a la universidad, como la de esta entidad, a la mediocridad, desprestigio y corrupción actual? Me gustaría verlo. La corrupción ha corroído todo el tejido social de la comunidad humana y la nacional en grado alarmante. Cuando un pueblo no confía en sus autoridades y éstas lanzan toda la jauría contra el magisterio para que sea repudiado por la sociedad, como pretenden actualmente, es una nación al borde del precipicio. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: creo que la primera conclusión a esta apretada síntesis es que el maestro no nació para ser flojo e irresponsable, nació para amar la sociedad, la cultura y la educación. Las Normales entregan el silo de la libertad y el pundonor al ente maestro, aunque muchos, muchísimos, pisotean la semilla y la dejan sin agua y abono. Las escuelas de los pueblos marginados carecen de lo indispensable para cumplir su cometido. A pesar de todo, la flama de la libertad y la justicia es enarbolada por los profes del sur de esta patria tan mancillada. La conclusión sobre si la educación superior debe ser impartida por profesionales que sean maestros de Escuela Normal, no la puedo presentar. Alea jacta est. 17-05-13