En Cachanía uno revive con la camaradería y las puntadas de los compañeros: revivieron en mí las parrandas –en plena banqueta- de Calle Uno y Dos, con el Calay viendo box o beis, en la esquina de la casa de Chato Bastida, en las fiestas de “los capitanes” frente la casa de Pancho Zúñiga. Y la del sábado 30 de marzo en la banqueta del mercado. Visitamos la iglesia histórica y los hot dog irrepetibles del Serrano y los tacos de “El Árabe”, sin faltar una imperial comida en “El Pollito”. Una disculpa para el compañero Nacho Arce, que por ir “medio loco” batallando con las nietas, no me animé a bajarme y saludarlo personalmente cuando lo vimos en el corredor de su casa.

Cuando estábamos comiendo en El Pollito les pregunté que si querían ir hasta Guerrero Negro. A su respuesta afirmativa hablé al compañero Álvaro Miranda, secretario general del sindicato salinero, avisándole y nos facilitara la entrada a los trabajos de El Chaparrito. El domingo salimos y la camioneta se desentumió en las cuestas del Infierno y las Vírgenes. Como a las diez de la mañana pasamos por el Mezquital y recordé “las mil veces” que llegué, platicar con doña Flora y ver su gato con cabeza de motor. Cuando asaltamos “la brecha”, línea recta de varios kilómetros, donde cazábamos muchas liebres –que ya no hay- Ankahara María, viendo al frente dijo: “y ahora para dónde vamos, nana? Creo que los muchos kilómetros ya la empezaban a enfadar. Desayunamos con Nano Fong, Edayan y Ankahara dieron cuenta –entre las dos- de un enorme plato de menudo. Mis recuerdos saltaron por los ojos cuando vieron los cerros del Telésforo y las Mulas, lugares a los que íbamos con el profe Valdivia a la caza del venado. Mis recuerdos viejos vuelven a estirar sus extremidades cuando pasamos por la Y, en el rancho de Físcher, que es el punto para iniciar la aventura a la costa del Pacífico Norte. ¡Cuántas veces no fue la parada para tomar un gran respiro y atacar la brecha insufrible que nos llevaría a Punta Abreojos y la Bocana! Como a la una de la tarde pasamos por la gasolinera de Vizcaíno y mis ojos voltearon a la izquierda y vieron la línea del asfalto; mi mente cerró sus ojos y miró el rancho abandonado que está a la vera del camino que conduce a malarrimo…y también vio las palmas de San José de Castro… y desde allí hasta Tortugas. Pero nosotros íbamos a Guerrero Negro: la mágica visión de la carretera envuelta en una bruma lejana que se traga los postes de la luz: más de 70 km. de dunas y desierto. Y por fin, allá a lo lejos se dibuja una línea como espejismo que parece una ciudad envuelta en una burbuja gigante. Y como fantasma extraterrestre se asoma y se esconde una línea vertical que al rato ya es el águila del paralelo 28. Náyade –nuestra hija- y las nietas iban sorprendidas por el paisaje y lejanía. Y es que todo es arena y viento, dunas y desierto. Por fin la civilización del bulevar Emiliano Zapata nos recibió con sus ojos y pestañas duras en arena. Nuestros cuerpos recibieron el frío característico de esa región. Buscamos el hotel Don Gus, lo encontramos y a instalarnos: eran las 2:30 de la tarde. Las nietas cargaron las baterías y sus ojos brillaron como felino. ¡Y ya no pararon, de un cuarto al otro! Me dediqué entonces a mostrar a mi esposa, hija y yerno, mi ciudad impensada, la que me mantuvo absorto por dos años escribiendo la novela: “La ciudad del canal”. El lunes a las once de la mañana el compañero Álvaro Miranda le pidió a una muchacha del sindicato, que nos llevara en una camioneta de la empresa a recorrer las instalaciones de la compañía y El Chaparrito con toda su infraestructura que permite una producción de sal en más de siete millones de toneladas. Un viento infernal y frío se había desatado desde la tarde que llegamos pero no impidió que nos tomáramos fotos en los vasos cristalizadores, junto a los dart gigantes, en la cargadora y lavadora de sal, frente a los remolcadores y pangones que llevan la sal a Isla de Cedros, y en los enormes promontorios que parecen edificios de cristal: ¡la sal que corre por las bandas y que ya lavada parece trozos gruesos de vidrio. En la tarde visité a los compañeros del comedor Biconsa y fui a casa del Machote. Faltó visitar a Min Arce (delegado) y la compañera Gloria ventura…luego los visitaré. Compañero Álvaro: un abrazo infinito de cordialidad y agradecimiento por las atenciones que nos brindaste Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: y el martes el regreso a cachanía y el miércoles a La Paz. Cuando llegamos las nietas bajaron, antes que nada, sus caracolas, con muchísimo cuidado: hablaron por teléfono: “tía faty, traemos unos regalos para la Gaby, Tania y tú. Buscaremos las pijamas para ir a dormir con ustedes y llevárselos”. Con una alegría infinita las colocaron en un baldecito y le hicieron guardia hasta que su papá y mamá las llevaron a dormir con la “tía faty”. Fue en verdad, un paseo que cargó las alforjas de todos con caracolas-mariposas, recuerdos que olerán a tierra mojada ¡y amarraremos el viaje en los caminos de la lluvia que son los caminos de Dios! Alea jacta est. 17-04-13