La suerte está echada / Al compañero Jesús Solís Alpuche, yucateco (I)

Primera parte 

Al compañero Jesús Solís Alpuche, yucateco 

En noviembre de 1980 fue la elección en que fui candidato a la alcaldía de Mulegé, por el Partido del Pueblo Mexicano (PPM), dirigido a nivel nacional por el socialista Alejandro Gascón Mercado. En esta entidad el PRI no tenía por qué cometer fraude ya que la oposición “no pintaba”. Durante la campaña la lucha popular creció y por todas partes se decía que yo ganaría la elección. Y no podía ser de otra manera ya que en mis actos la población acudía y se manifestaba con mucho entusiasmo. La campaña de Marco Antonio Orozco solamente concentraba a “los mismos de siempre”: líderes, dirigentes de ejido y cooperativas, al de la Conasupo, maestros comprometidos, algunos doctores. Por primera vez funcionó el fraude en todas sus manifestaciones y el candidato del PRI se alzó con el triunfo. Me vine a La Paz, continuamos en la lucha ya que con mis votos logramos el registro local definitivo. Luego dimos vida al Partido Socialista Unificado de México (PSUM) y en un congreso nacional volví a encontrar al compañero Jesús Solís Alpuche. El PSUM desaparece para crear el Partido Mexicano Socialista (PMS) y allí los viejos militantes de izquierda nos separamos y con Gascón a la cabeza fundamos el Partido de la RevoluciónSocialista(PRS). Por varias circunstancias la lucha de la izquierda se fue confundiendo, los militantes “nos tiramos a la güeva” y las reuniones y acción se acabaron. En los primeros años de la década del noventa informé a los compañeros que el PRD era el “único barco que había, que con todo y sus mil agujeros que hacían agua se mantenía” y que me afiliaría a él para “abandonar mi lucha virtual”. Un pequeño grupo nos pusimos de acuerdo. El que tomó la iniciativa me llama y me dice: “bobby, el viernes nos reuniremos en el hotel Los Arcos”. Nos reunimos en el bar, de botana nos dieron marlin ahumado y consumimos cerveza y whisky. Otro día platiqué con mi esposa y recordamos las viejas luchas en las que nos reuníamos en casas y la botana no pasaba de ser queso, latas de atún y galletas. En las campañas, dormíamos en las terminales poniendo las botas de almohada, en casas de compañeros, en tejavanes, en la playa, nos aseábamos en acequias, tomábamos café hecho en hornillas, comíamos sopa Campbell, los viajes –en nuestros carros- eran un infierno, solventados con nuestros dineros. Ahora, le dije a mi esposa, nos reunimos en Los Arcos y comimos marlin ahumado, manjar que nunca había probado. Desde ese momento intuí que los tiempos habían cambiado y la lucha “ya caminaba por otras oportunidades y oportunismos”. Me afilié al PRD, hicimos campaña, tomamos la dirección y eliminamos a los que “solamente manejaban el membrete”. Por primera vez en la historia de sudcalifornia realizamos una elección abierta y los militantes votamos en las plazas públicas. El compañero Carlos González encabezó la planilla y yo en la secretaría general. En la municipal de La Paz colocamos a la cabeza al compañero Adrián Chávez. Ganamos la elección y dimos estructura en La Paz, Los Cabos y Comondú. Hasta ese momento el partido se mantuvo en una fuerte línea democrática y obviamente sin componendas y corruptelas con el gobierno estatal. El PRD fue la vieja escuela de la militancia honesta y vertical. Dejamos la dirección, el consejo estatal me permitió ser funcionario en el ayuntamiento priísta de Mulegé. Entra entonces el grupo de Ricardo Gerardo, se inicia el maridaje hasta que llega Leonel Cota como candidato a gobernador. La historia, desde allí, ya es muy conocida. Padecimos doce años de imparable corrupción e impunidad; los dos exgobernadores perredistas y sus cuadros de primera línea se enriquecieron hasta el insulto. El hartazgo popular votó por Leonel y éste se aprovechó del poder para imponer a su primo Narciso por otros seis años. La democracia ya era letra muerta. En doce años el pueblo vuelve a vomitar asqueado y en otro acto antidemocrático el poder federal unge a Marcos Covarrubias como gobernador panista. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: La lucha de la humanidad por mejores formas de vida seguramente que ha inscrito verdaderas jornadas de sacrificio y pundonor. No creo que el esclavo Espartaco se haya rebelado contra la república romana 70 años antes del año uno del primer siglo de la era actual, con el afán insano de enriquecerse y corromperse. No creo que Ricardo Flores Magón, Zapata y Jaramillo hayan abrazado la lucha por la libertad por el afán torpe de “quitar unos corruptos” para entronizar la nueva corrupción con ellos. Lo que me queda bien claro es que el poder y el dinero, la vida de mil satisfactores, corrompen casi todo lo que tocan. Alea jacta est. 07-XII- 12. Continuaré el próximo miércoles.