La suerte está echada / Las iniciativas preferentes de Calderón (II)

 (Segunda parte)

Las iniciativas preferentes de Calderón
Mis opiniones antes de… por lo pronto 

En la colaboración del viernes externé mis puntos de vista sobre la Ley General de Contabilidad Gubernamental opinando que no se necesitaba ser un experto en leyes para señalar que esta ley pretende “remediar en parte” la grave corrupción en el manoteo de los recursos públicos que manejan los estados y municipios. Pero lo que sí es “terreno minado” es la reforma a la Ley Federal del Trabajo que delimita las relaciones obrero-patronales, tema discutible desde el origen mismo del trabajo y los trabajadores. Tema histórico que se inscribe desde los albores de la revolución industrial a mediados del siglo XVIII y principios del XIX. La máquina revolucionó las relaciones laborales tal como ahora, en pleno siglo XXI el desarrollo de la tecnología y la competitividad revolucionaron la relación obrero-patronal que debe estar inscrita en la adecuación de la Ley Federal del Trabajo. He escuchado la andanada de comentarios en pro y en contra de la ya famosa reforma laboral, comentarios totalmente opuestos entre sí. Y esto se explica por el bando “en que militan” los contendientes. Pero lo que no se puede aceptar es que sean tan contundentes sin haberla analizado a profundidad.  Mis opiniones serán sin haberlas leído, pero fundamentadas en la historia del proceso y la experiencia pública de la lucha laboral. Y aquí parto de una tesis que para mí es universal: “no es la conciencia la que determina el modo de existir sino el modo de existir el que determina la conciencia”. Dicho de otra manera: no son las ideas las que determinan el modo de vivir de la sociedad sino que el modo como se vive (como se trabaja) dan origen a las ideas, al mundo espiritual. Y por eso cuando revolucionaron las formas de crear los bienes materiales de la sociedad fue cuando cambió el mundo de las ideas. Cuando el hombre inventó nuevos instrumentos de trabajo, el arco, la flecha, la agricultura, desapareció el comunismo primitivo e irrumpió el esclavismo. No fue por magia o un designio sino por la forma de producir “la riqueza material”. Con la revolución industrial cambiaron drásticamente las relaciones de trabajo (mundo material) y surge el capitalismo y la lucha organizada de los trabajadores que con la Segunda Internacional en 1889 se declara el primero de mayo como día internacional del trabajo en memoria de los cinco huelguistas ejecutados en mayo de 1886 en la histórica huelga de Chicago. Desde entonces la lucha obrera se organizó en los sindicatos obreros que surgieron para defender los derechos laborales consignados en México en el artículo 123 de la constitución de 1917, y la ley federal del trabajo que mantiene conquistas históricas como la jornada máxima de trabajo, el contrato colectivo y el derecho a huelga. También contempla el salario mínimo que debería ser suficiente para satisfacer las necesidades elementales del trabajador y su familia. Y aquí me remito a la práctica sindical del país. ¿Han cumplido los sindicatos con el origen histórico de defender los intereses de los trabajadores? ¿El sindicalismo en México goza de credibilidad ante la sociedad? ¿Es gratuito el calificativo popular de sindicalismo charro? ¿Por qué existen los líderes vitalicios en los sindicatos nacionales? ¿Cuál es el origen del charrismo sindical en la CTM, la CROC, el SNTE, el sindicato de telefonistas y todas las direcciones nacionales de los sindicatos? ¿O habrá alguna dirección nacional que luche verdaderamente por sus afiliados?, ¿por un salario decoroso? La respuesta es obvia: la corrupción ha minado todo el tejido social y los sindicatos son una filial de la corrupción empresarial y la corrupción política representada por el Congreso de la Unión y todo el entramado político del país. Los liderazgos charros se multiplican en los comités estatales y municipales. Por eso los trabajadores estamos tan jodidos mientras los líderes charros y los políticos se comen todo el pastel y nos dejan las migajas. En ese contexto social surge la reforma laboral que ha levantado tanta polvareda entre los que han leído las reformas y los que no. Con conocimiento de causa o no lo cierto es que la ley federal del trabajo requiere de reformas que adecuen los adelantos tecnológicos –ya no de la máquina de vapor- de este mundo globalizado de cambios económicos y financieros constantes para crear la nueva energía de la competitividad y productividad empresarial que vincule definitivamente la relación simbiótica entre trabajo y trabajador, sin perder las conquistas históricas de contrato colectivo y derecho a huelga. Que la nueva reforma laboral dignifique al trabajador y el salario mínimo, letra muerta en este sindicalismo charro. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com. Alea Jacta Est. Concluiré el viernes este tema tan complejo. 03-10-12.