El martes recibí una llamada telefónica. Era el compañero Genovevo Cota que me invitaba a que me reuniera con ellos

Semana del libro sudcaliforniano

 El martes recibí una llamada telefónica. Era el compañero Genovevo Cota que me invitaba a que me reuniera con ellos, que integran la asociación “Reflexión” para que les platicara sobre mi novela La ciudad del canal. Te invitamos para mañana, me dijo. A lo que contesté que tendría la presentación de la segunda edición de mi novela. Nuestra invitación es para la mañana y la presentación es en la tarde, me dijo. Después de dos o tres vaciladas por teléfono acepté ir a platicar con ellos.

Fue una actividad aleccionadora porque se demostró –una vez más- que hay ciudadanos interesados en la cultura en general, en la problemática social y en las “andanzas literarias” de sudcalifornianos. Tuve la oportunidad de saludar a conocidos que en los viejos tiempos nos encontramos en la lucha política. Viejos militantes priistas, caballerosos siempre, que hoy en la retaguardia se preocupan por los escenarios en que se desenvuelve la función pública, copada por una corrupción alarmante y la violencia que a estas alturas el ajuste de cuentas de la delincuencia organizada ha dejado cerca de cien asesinados. Ocupé el espacio del invitado de honor acuerpado por el dirigente del grupo, licenciado Guillermo Mercado Romero, por los ingenieros Genovevo Cota Haros, que es el secretario de la asociación, y por el ingeniero Alfonso González Ojeda. Inició la charla el maestro Eligio Moisés Coronado leyéndonos un poema de Federico Galaz Ramírez, en el que dibuja la historia de Santa Rosalía hasta la segunda hégira ocurrida en 1954 cuando la empresa de El Boleo clausura definitivamente la explotación minera. Luego abordé el tema de La ciudad del canal y al final llegaron las intervenciones de algunos integrantes del grupo. Después de dos horas el compañero Genovevo me acompañó hasta la salida. Un integrante se me acercó y me dijo: “Me voy muy contenta porque fue una reunión distinta a las demás; aquí recordé mis viejos tiempos en que algunos poemas me llevaban al mar, la soledad y los silencios.”

Regresé a la casa un poco cansado y dispuesto a relajarme para recuperar fuerzas y estar en condiciones de cumplir el cometido en la presentación de la novela. Llegué al centro de convenciones cuando todavía estaba la presentación de la antología: “Verdad y belleza, La poesía en Baja California Sur,” del Doctor en Literatura Hispanoamericana Publio Octavio Romero, académico de la UABCS. Y en el momento que iba entrando a la sala, Publio Octavio se refería a mi persona:

“En su discurso poético García Manríquez devela los vericuetos de la historia oculta de su pueblo: denuncia las injusticias y desequilibrios del mundo, da testimonio de cada una de las desiguales circunstancias humanas. Como ante un tribunal se duele de los despojos que esta media península ha padecido; y es por ello que el poeta se erige en portavoz de una rebeldía que quiere ser colectiva. Hay en la atmósfera de sus textos un tono de melancolía y desesperanza, y sin embargo el poeta eleva su voz y se desborda en imágenes de un mundo surrealista y absurdo. La tierra, su aridez, contagia su lenguaje, pero el poeta no busca reticencias como pretextos para nombrar el paisaje: la crudeza de las palabras que lo nombran no deja lugar a dudas: contaminado por el hombre el paisaje se nos muestra en toda su desnudez. En su palabra está presente no sólo el poeta sino también el orador que la declama, por eso es una poesía para decirse en voz alta en la plaza pública.”

Me senté un lado de Christopher Amador, director del Instituto Sudcaliforniano de Cultura. Nos saludamos, se levantó y regresó con un libro con un separador en su interior: “allí está lo que habla de ti el Maestro Publio Octavio,” me dijo entregándome el libro. Ya sabía que Publio Octavio había ocupado unas hojas de su antología refiriéndose a mi literatura, pero no conocía el libro. Cuando leí lo que decía de mí se lo regresé, no, me dijo, es para ti. Es una antología de 396 páginas, en una bella portada en azul agua como si fuera un mar que se sale de su casa. Es una edición de la Universidad Autónoma de Baja California Sur. Platiqué con el autor y con uno de los comentaristas de su obra, Rubén Rivera Calderón. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: Los poemas escogidos por Publio Octavio son: “Se desmoronaron por el mundo,” “El viento,” “Por mis huellas viejas,” de mi libro “Y la palabra se llenó de miedo” publicado en 1985. Cierra con el poema, “De tormentas y fantasías” con el que obtuve mención honorífica en los Juegos Florales de San José del Cabo en 1996. Para hoy, ya los caminos deletreados de mis silencios, soledades y fantasmas, se han ido llenando con el ABC del tiempo.

A las siete con treinta minutos Sandino Gámez, Coordinador de Fomento Editorial, micrófono en mano llamó al joven Carlos Ibarra, negroguerrerense, comentador de mi novela, y a mí. Ocupamos los lugares señalados, Sandino dio la introducción y seguidamente invitó a Carlos a que iniciara con la presentación. Fue el tercer día de la semana del libro sudcaliforniano. Esfuerzo literario del instituto y particularmente del empuje y organización de Sandino Gámez. Alea Jacta Est. Concluiré el miércoles 30)

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