Independientemente de que los derechos y aptitudes de la mujer sean o no reconocidos

Independientemente de que los derechos y aptitudes de la mujer sean o no reconocidos, y de que el experimento de la “paridad de género” en las elecciones pasadas hayan parido el síndrome “juanitas” en nuestra entidad, la mujer debería ser reconocida por su capacidad y no por la paridad de género…pero surgiría una contradicción más: los dueños del poder difícilmente reconocen las capacidades, más en las mujeres que en los varones. Hace dos años escuché un bello poema al compañero Adrián Ojeda Escamilla, allá en Mulegé y quedé impactado. En la presentación de mi libro “Ojos de madera cuchillos de vidrio, aquí en La Paz, leí unas estrofas.

La escritora ecuatoriana Jenny Londoño escribió y envió a un concurso nacional el poema Reencarnaciones, que obtuvo el primer premio. Es escritora, poeta –poetisa- ensayista y cuentista, reconocida luchadora por los derechos de la mujer; es una incansable escritora que ha definido su vida luchando por la mujer. El premio Reencarnaciones lo realizó el Club Femenino de Cultura y llevó el nombre de Gabriela Mistral, por lo que se entregó en la embajada de Chile ya que Gabriela Mistral fue chilena y una gran escritora y educadora, premio Nobel de literatura en 1945. Transcribo unas estrofas del larguísimo poema triunfador: Reencarnaciones: Vengo desde el ayer, desde el pasado oscuro,/ con las manos atadas por el tiempo,/ con la boca sellada desde épocas remotas./ Vengo cargada de dolores antiguos/ recogidos por siglos,/ arrastrando cadenas largas e indestructibles./ Vengo de lo profundo del pozo del olvido,/ con el silencio a cuestas,/ con el miedo ancestral que ha corroído mi alma/ desde el principio de los tiempos./ Vengo de ser esclava por milenios./ Sometida al deseo de mi raptor en Persia,/ esclavizada en Grecia bajo el poder romano,/ convertida en vestal en las tierras de Egipto,/ ofrecida a los dioses de ritos milenarios,/ vendida en el desierto/ o canjeada como una mercancía./ Vengo de ser apedreada por adúltera/ en las calles de Jerusalén,/ por una turba de hipócritas,/ pecadores de todas las especies/ que clamaban al cielo mi castigo./ He sido mutilada en muchos pueblos/ para privar mi cuerpo de placeres/ y convertida en animal de carga,/ trabajadora y paridora de la especie./ Aboné con mis lágrimas la tierra/ que debí cultivar desde mi infancia./ He recorrido el mundo en millares de vidas/ que me han sido entregadas una a una/ y he conocido a todos los hombres del planeta:/ los grandes y pequeños, los bravos y cobardes,/ los viles, los honestos, los buenos, los terribles./ Mas casi todos llevan la marca de los tiempos./ Unos manejan vidas como amos y señores,/ asfixian, aprisionan, succionan y aniquilan;/ otros manejan almas, comercian con ideas,/ asustan o seducen, manipulan y oprimen./ Unos cuentan las horas con el filo del hambre/ atravesado en medio de la angustia./ Otros viajan desnudos por su propio desierto/ y duermen con la muerte en la mitad del día./ Yo los conozco a todos./ Estuve cerca de unos y de otros,/ sirviendo cada día, recogiendo migajas,/ bajando la cerviz a cada paso,/ cumpliendo con mi karma./ He recorrido todos los caminos./ Me han violado sin límite/ en todos los rincones del planeta,/ prostituta en Bombay y en Filipinas/ y siempre ha sido igual mi tratamiento./ De unos y de otros,  siempre esclava./ de unos y de otros,  dependiente./ He conocido el odio de los inquisidores,/ que a nombre de la “santa madre Iglesia/” condenaron mi cuerpo a su sevicia/ o a las infames llamas de la hoguera./ Me han llamado de múltiples maneras:/ bruja, loca, adivina, pervertida,/ aliada de Satán,/ esclava de la carne,/ seductora, ninfómana,/ culpable de los males de la tierra./ Después fui costurera,/ campesina, sirvienta, labradora,/ madre de muchos hijos miserables,/ vendedora ambulante, curandera,/ cuidadora de niños o de ancianos,/ artesana de manos prodigiosas,/ tejedora, bordadora, obrera,/ maestra, secretaria o enfermera./ Siempre sirviendo a todos,/ convertida en abeja o sementera,/ cumpliendo las tareas más ingratas,/ ¡Los hombres sin mujeres no caminan!/ Se pararon las máquinas, los tornos,/ los grandes edificios y las fábricas,/ ministerios y hoteles, talleres y oficinas,/ hospitales y tiendas, hogares y cocinas./ Las mujeres, por fin, lo descubrimos/ ¡Somos tan poderosas como ellos/ y somos muchas más sobre la tierra! ¡Más que el silencio y más que el sufrimiento!/ ¡Más que la infamia y más que la miseria!/ Que este canto resuene/ en las lejanas tierras de Indochina,/ en las arenas cálidas del África,/ en Alaska o América Latina./ Que hombre y mujer se adueñen/ de la noche y el día,/ que se junten los sueños y los goces/ y se aniquile el tiempo del hambre y la sequía./ Que se rompan los dogmas y el amor brote nuevo./ Hombre y mujer,  sembrando la semilla,/ mujer y hombre tomados de la mano,/ dos seres únicos, distintos, pero iguales. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: La lucha de la mujer por lograr igualdad en todos los estadios sociales tiene ya una larga historia; la ONU en 1975 celebró el día internacional, día que desde tiempo atrás ya se celebraba en muchos países del mundo. Este organismo internacional lo oficializó el día 8 de marzo y desde entonces es la fecha oficial. Hoy martes ocho debe haberse realizado alguna festividad gubernamental. Me sentiría honrado si me hubiesen invitado a leer estos fragmentos magistrales de Jenny Londoño a quien admiro desde que escuché al compañero Adrián. Alea Jacta Est. 07-03-16

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