En enero de 2009 el doctor Julio César Peralta Gallegos me llama a su oficina

En enero de 2009 el doctor Julio César Peralta Gallegos me llama a su oficina y de golpe me suelta un “lo felicito profesor por su novela Sueños de metal y lumbre, es una obra que me fascinó, es extraordinaria. Profesor, se lo pido por favor, usted puede hacer una novela de mi pueblo, yo sé que lo haría tan bien o mejor que su novela de Cachanía. Haga una novela de Guerrero Negro, por favor” De inmediato le contesté que no, primero porque nunca había pensado en escribir algo así sobre aquella población, y segundo porque en 1967 fui cofundador de la primera escuela secundaria en el emporio salinero y me enfrenté a la pasividad de los obreros que no tenían más opinión que la que les indicaba el director general Juan Bremen. Me disgusté con todo mundo, me enfrenté a la salinera y al año me regresaron a la escuela primaria de la que había salido en Santa Rosalía. Con esa idea, de que los pobladores eran muy apáticos y dependientes, me quedé y cuando Julio César me solicitó que escribiera, sencillamente me negué rotundamente. Si usted me autoriza, profesor, me decía, le hablo a Edmundo Elorduy, que es el director y además mi amigo, y le pido que lo apoyen con la comida y la estancia. El doctor en ciencias por varios meses estuvo insistiendo en que fuera a escribir la novela de su comunidad. Para marzo ya no pensé igual y me dije: “bueno, nada pierdo porque nada tengo; aunque allá cuento con varios compañeros, son muy apáticos y fríos –será por el clima?-, pero si no se me prende el foco me voy a los archivos y hago una novela histórica, aunque no es mi fuerte”. Los días últimos de abril lo encontré saliendo de Semarnat. Lo abordé y le pregunté si estaba en pie el ofrecimiento de hablar con el director de la salinera. Me contestó afirmativamente y como a los tres días me habló y me dijo que el ingeniero no estaba en Guerrero Negro, pero que volvería a insistir. El dos de mayo me habla y me dice que el ingeniero Elorduy me pide que me ponga en contacto con el licenciado Efraín Vázquez, que era gerente de Comunidad y servicios. El licenciado me proporciona su correo y me pide le detalle mi proyecto y el apoyo que solicito. El día 8 de junio a las doce de mediodía estoy en la empresa y a los minutos un empleado me lleva a la oficina del licenciado Efraín. Nos ponemos de acuerdo, llama al mismo empleado, me acompañan hasta la salida –hay una pluma que marca el tránsito vehicular- y le dice: “llévalo a Biconsa, Achoy ya sabe y le asignará un cuarto”. Desde ese día se inicia la aventura que al principio me causó muchos sobresaltos y “caídas de ánimo”, pero que al correr de los días y meses la grabadora y las hojas de mi libreta de apuntes se fueron llenando con los tópicos que al final resultaron ser La ciudad del canal. He escrito y publicado hasta hoy tres novelas y cinco libros de poemas, cuentos y relatos. Todos han visto la luz bajo mi estricta responsabilidad y esfuerzo económico, con el apoyo, claro, de buenos compañeros que me alientan y me acompañan en mis recorridos. Soy premio estatal de literatura 2013 en el género de crónica y ahorita estoy escribiendo una novela sobre San José de Magdalena, la sierra y sus ranchos.

El viernes 17 de junio de 2011 a las cinco de la tarde presenté La ciudad del canal en el Salón Fundadores de Guerrero Negro. Aquel pueblo que había calificado de apático, en más de cien asistentes hic una larga fila para que firmara el libro que compraron. Una grata experiencia que ni en mi pueblo he vivido. ¡Y es que es la primera novela que se escribe de la salinera población!

Recién estrenado el gobierno panista me ofrece encargarse de la segunda edición de la novela. Se inician los trámites, vueltas y mentiras. Para diciembre de 2012 le Coordinación Editorial del Instituto de Cultura me entrega la novela para que la lea y detecte los posibles errores que haya. Para mayo de 2013 el gobernador ordena –así me informaron textualmente -al Instituto de Cultura que mi novela debe salir a más tardar en el mes de agosto. Ya han pasado catorce meses de aquella información y de aquel ofrecimiento que no pedí, y la Ciudad del canal “anda perdida entre las dunas y el desierto”. Mi correo: Raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: A pesar de la información fallida en la que me traían envuelto, nunca pretendí asaltar al gobernador en algún acto de los tantos que realiza. El viernes 24 en compañía de mi esposa llegué a Mulegé –pueblo- a descansar un poco ya que venía maltrecho del infierno del camino al rancho San Dieguito. Me extrañó ver policías alrededor de la plaza y una señora dijo que llegaría el gobernador a la cancha. De golpe decidí hacerme presente y verlo. Lo hice y solamente le dije que el Rincón Beisbolero le había enviado dos documentos y que uno personalmente se lo entregué al compañero Salvador Salgado. Me ofreció que le harían llegar el documento y que ya enterado estudiarían las posibilidades. Me interrogó que si no podría ser el estadio Estrellas de Cachanía el lugar para dar cabida al local del “Rincón Beisbolero”, le contesté que no. La Ciudad del canal sigue esperando que el ofrecimiento de publicarla se cumpla. Alea Jacta Est.. 31-10-14

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