Hasta entonces Alán, amigo, poeta, hermano

Centenario del nacimiento de Alán Gorosave

El jueves 29 se cumplen cien años de que en el pueblo de Mulegé, en el municipio del mismo nombre, naciera el ilustre declamador internacional Alán Gorosave. Cuando le tocaba estar en su pueblo para la celebración de la Patrona, la virgen de Santa Rosalía de Mulegé, siempre era el mantenedor de los Juegos Florales de esa fecha. A su muerte, la festividad se cambió al 14 de noviembre fecha de su fallecimiento. El compañero Adrián Ojeda Escamilla, admirador del excelso arte de Alán, el miércoles 28, en compañía de varios amantes de la poesía y admiradores del declamador, se reunirán en el Centro Estatal de las Artes, en Ensenada para rendirle un justo homenaje. Luego, otro día, el jueves, se reunirán en Tijuana. Desde que se instituyó el 14 de noviembre como día de Alán, Adrián nunca ha dejado de asistir a la festividad. Concurre viniendo desde Ensenada, y declama la pieza oratoria que otro ilustre mulegino escribió a la muerte del bardo mulegino: Sé que agonizas, de Jesús López Gastélum:

Sé que agonizas, tu alma lumbre pensante se te hizo cáncer y el cáncer se te hizo muerte: muerte física que apagó tus ojos y tu aliento, sólo para fundirte en la magia eterna de tu bello paisaje: Mulegé.

Así es Alán, alguien tenía que detener tu avidez trashumante, de aquí, de allá, de más allá, de todas partes llegaban tus tarjetas y tus cartas. Tu angustia era la misma, angustia sin aduanas, angustia en sucesión de timbres postales, angustia en letras obsedidas de soledad y de nostalgia.

De todos modos, Alán, tú llevabas a Mulegé como centro de gravedad de tu existencia, como genealogía, como raíz, más que un paisaje fue para ti una dimensión espiritual, una manera de ser poeta y profeta para regar tu canto de arte hacia todos los puntos cardinales.

Y todavía tener tiempo Alán de regresar a tu origen, seguramente para renacer en el primer rayo de sol de mañana; ahora entiendo por qué te extasiaban los amaneceres: gozabas la sapidez de la aurora en el instante preciso de la transición; fundías tu júbilo en el ascenso inevitable de la luz y llenabas tus pulmones de ozono madrugal.

Ahora recuerdo cuando en Italia dibujaste aquel zapato roto amigo de tus hambres y aquel reloj teutón que nunca supo la hora de tus lágrimas y aquella horrible calle de París donde perdiste las huellas de tu búsqueda, y aquella playa adriática donde más tarde encontraste la paz, para otra vez reiniciar la fáustica aventura de vivir y ser, ir, llegar y seguir, siempre seguir, de prisa tras la prisa.

De América a Europa, del mar a la cumbre de los Andes, peregrino siempre, generoso, irascible, tierno, brusco, establemente inestable. No podías dejar de caminar, pero marchabas hablando la poesía universal y tus pasos sembraban la esperanza y tus manos gigantes, paralelas, saludaban el advenimiento del nuevo hombre de la tierra,

Hoy mismo nos parece escuchar la belleza y la riqueza de tu voz, sólo pretexto para que vibrara tu alma tensa y densa de amor; cenital siempre, siempre candente, alma fraguada en el verso que sube audaz la invisible escalera de los horizontes y los contagia en el incendio vespertino.

Algún día Alán, algún día, una calle, un paseo de Mulegé llevará tu nombre que es ala inmortal. Entonces tus amigos nos sentaremos frente al mar a esperar que amanezca en la otra orilla.

Y yo sé muy bien que escucharé tu voz en el primer aviso de la aurora.

Hasta entonces Alán, amigo, poeta, hermano.

 Y así, “como genealogía,” escuchamos entre las rimas del panteón mulegino, la interpretación altamente calificada del compañero Adrián Ojeda Escamilla, que le canta al “alma tensa y densa de amor que Alán supo entregar por los rincones de la poesía.

Por eso le rendirán su merecido reconocimiento en Ensenada y Tijuana… y el municipio de Mulegé, una vez más guardará la memoria de sus hijos predilectos entre la fanfarria y el relumbrón político.

PASEMOS EL RUBICÓN: Luis Pavía, seguramente escribió la Cigüeña Número Trece para que Alán la interpretara magistralmente:

Allá muy lejos, sobre el cielo parisino,

en el hogar celestial de las cigüeñas,

hablando de su “buen puntería”

estaban 8 de esas aves bellas.

Una repasa la lección de Geografía

Y coteja en un inmenso mapa,

Y comentando con las otras prometía

Ya no dejar ni un europeo … en Uruapan.

Otra muy grande, de plumaje reluciente,

Marcada en el ala, con el veinte,

Empeñaba su palabra de cigüeña

En no enviar cuates, o no ser ya reincidente.

Es indudable que hay finas y corrientes:

Unas de vuelo silencioso, otras potentes

y cual más aseguraba pretenciosa

el haber entregado a nobles gentes.

Yo, decía la ocho, presumida,

Cuando estuve en el Caribe laborando

Volé cual siempre, sin ruido ni rastro,

Y deje en Cuba a Fidelito Castro.

La quince asegura pretenciosa

Que tan fácil como se hace cualquier cosa,

O más bien, como se entrega a cualquier gente,

Les ha dado a diez países presidente.

La ochenta, con la cola desplumada, alegre,

Mientras cual más de las cigüeñas calla:

“Perdí la cola al efectuar urgente entrega

En el fragor de una batalla”

Y así seguían en platica amena

Aprovechando sus horas de descanso

En presumir cada cual de ser “más buena”

En aquel su celestial remanso.

Llego por fin su turno a la más fea

Y preguntándole a coro las demás

Qué hombres ilustres o qué héroe de qué pelea

Había entregado y le rogaron ser veraz.

Y emocionada la cigüeña aquella

que circula con el trece en el ala

emocionada como juvenil doncella

dejó escuchar su voz en la espaciosa sala.

Les contaré mis gustos especiales

Ya que he visto, contesto, que son sinceras,

Yo no entrego ni siquiera generales

Pero doy cada sorpresa a las solteras…

Alea Jacta Est.- 20-06-17.- Miembro de ESAC.-

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