El cerebro ordenó a los ojos y brotaron las lágrimas.

Los Juárez

La fotografía me impactó; el cerebro ordenó a los ojos y brotaron las lágrimas. Recordé mis muertos y lloré.

En facebook observé la foto en la que uno de los hijos de la señora Angelita León, (tronco de todos los Juárez León) le daba un beso de despedida en la frente. Es una foto impactante que envuelve todos los besos en la frente que se prodiga a la madre… allí cabemos todos y allí sufrimos todos. Tener la gracia de poder despedir en sus últimos alientos a la que nos dio la vida. Fundirnos en ese instante magnánimo que quisiéramos fuera eterno.

La estirpe de los Juárez tiene la huella marcada por las calles de Santa Rosalía, desde tiempo inmemorial ese apellido recorre los recovecos de Cachanía.

Tuve la oportunidad de convivir en las paredes olorosas a gis con el maestro Chebo Juárez allá por los sesenta en la escuela Benito Juárez, cuando regresé de San Ignacio. Solamente nos dividió una pared de madera, pero su señorío de maestro de mil batallas no entendió de paredes ni disgustos. Nos reuníamos en los recreos y siempre le profesamos respeto y amistad. Es el tronco familiar del que el apellido Juárez se inscriba hasta hoy por calles y colonias del pueblo minero. Ese apellido vive en la memoria del pueblo: América, Blanca, Gloria, Eva, Luis, Benito y un ejército de sobrinos, nietos y bisnietos dan perfil de una estirpe de maestros que dieron vida al tronco Juárez. La historia se ha ido llenando de Juárez profesionistas, todos, mujeres y hombres de bien.

Luis y Benito se sembraron en Cachanía y allí murieron. Fueron tranquilos en su quehacer familiar y social. Luis (padre de los Juárez León) maestro, ranchero y taxista. Era nuestro pagador, pero generalmente nos entregaba los cheques su esposa Angelita León ya que Luis andaba en la taxiada y el Mezquital.  Benito buscador del camino de revistas y amistad con poetas y escritores.

Un día me trasladaba a México desde Guerrero Negro en un “mortífero” aerocargas que bajó en la “aterrizaje” de la meseta arriba de Mesa México. Algunos taxistas tenían la costumbre de ir cuando llegaba un avión. Apenas me desentumía cuando llegó Luis en su taxi; llevaba a mi esposa y mi primera hija. Me sorprendí gratamente ya que no esperaba ver a mi esposa. Luis me miró bajar y fue por ellas.

Benito Juárez fue mi director en la escuela Antonio F Delgado. Allí trabajaba su hermana Gloria. Algunas veces lo visité en su casa cuando venían maestros del norte.

Cuando trabajé con Rojas Aguilar renté una casa con alto, en Calle Diez. Desde la ventana del segundo piso miraba a Luis y Benito que iban a un changarro de Calle Once a visitar al relojero. Benito compraba platos desechables.

Ya la historia se va haciendo vieja y las huellas se van borrando con el polvo de la vida. Los hijos, sobrinos, nietos y bisnietos se han ido forjando su propia historia y sus propias huellas… profesionistas responsables y rectos. A varios conozco de cerca y son positivamente provechosos. Lalo Juárez, mi exalumno en la primaria y prepa de Cachanía, un buen profesionista que ha forjado su profesionalismo en la UABCS.

Y la foto me impactó: en su alado aliento, en sus ojos tibios, Angelita, Esposa de Luis Juárez, recibió a sus hijos, nietos y bisnietos y hace unos días marchó al cielo para seguir forjando la estirpe de los Juárez.

Un abrazo solidario para toda la familia y un saludo oloroso a tiempo y distancias, sin distancias y sin tiempos, para mi compañero Lalo Juárez León.

El cerebro ordenó a los ojos y brotaron las lágrimas. Recordé mis muertos y lloré. Beso universal de despedida… Angelita se fue contenta y satisfecha.

Alea Jacta Est. 18- 01- 2021-

 

 

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