Como siempre ocurre por estas fechas, hacer la lista de buenos propósitos es tema obligado.

Buenos deseos vs realidad

Como siempre ocurre por estas fechas, hacer la lista de buenos propósitos es tema obligado para muchas personas. Los más comprometidos con sus propósitos, revisan sus metas, las ajustan, se plantean nuevos retos para el año que comienza, una vez superados los anteriores.

Así pasa con la gente que es altamente eficiente. Y esto aplica también para los gobiernos. Quienes ocupan cargos dentro de la administración pública, por ley, están obligados a presentar proyectos de gobierno anuales, así como asignarles los recursos económicos correspondientes. Pero es muy común que estos proyectos queden sin concluirse ni en tiempo, forma y menos aún, según lo presupuestado. En Los Cabos, esto se ve, todos los días.

 Nuestros gobiernos locales son como barcos de vela sin timón que navegan hacia donde los vientos de la fortuna los empujan, algunos de estos llegan por casualidad a puerto seguro, mientras que los demás naufragan en el mar de la mediocridad y la intrascendencia.

La mayor parte de los problemas crónicos que enfrenta la ciudad, no se resuelven porque siempre hay alguien obteniendo beneficio, principalmente económico, de estos. Y los gobiernos poco o nada hacen para que las cosas mejoren, pues están atados de manos por los compromisos contraídos con los personajes que lucran con nuestras problemáticas, quienes se oponen sistemáticamente a cualquier intento de solución definitiva a lo que nos afecta.  Estos bribones se valen de su poder político, social o económico para mantener esta ciudad en el caos, porque así les conviene.

Los buenos propósitos de que esta comunidad prospere, cada año se estrellan contra el muro infranqueable de la corrupción, que es la madre de todos los males que nos aquejan como destino turístico.

Corrupción e indolencia, son dos caras de una misma moneda, que propicia el desorden urbano, al ignorar restricciones de usos de suelo, fomentar invasiones en predios de particulares, o zonas federales, permitir la destrucción de extensas zonas de vegetación sin cumplir con una sola condición impuesta por la SEMARNAT, que está ausente de la vida de Los Cabos, al igual que la Comisión Nacional del Agua, CNA, o la PROFEPA. Todas estas dependencias que deberían velar por el respeto al medio ambiente brillan por su ausencia, y dejando que con esto se cometan graves ecocidios, sin decir ni media palabra.

Nuestros buenos deseos para que nuestra ciudad, sea una de las mejores del país, terminan hechos añicos ante la realidad de que no contamos con autoridades capaces ni comprometidas con la sociedad.

Cada uno hace aquí lo que le da la gana. ¿Y las autoridades apá? Esas andan comiendo rosca, de Reyes.

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