En tiempos difíciles cada cual es puesto en el lugar que le corresponde.

El verdadero liderazgo

En tiempos remotos, mediante el principio de la selección natural, todas las tribus primitivas, designaron en su momento a los hombres o mujeres, que los deberían de conducir.

Estos individuos tenían características específicas que los diferenciaban de los demás. Ya fuera fuerza, inteligencia, audacia, empatía con los otros miembros de la tribu, o la suma de algunas de estas virtudes.

Pero de entre todos los atributos que pudiera tener un jefe de tribu, sin duda el más preciado era su capacidad para anticiparse a los eventos, cualidad que se asociaba con poderes de adivinación. A los más talentosos, incluso se les concedía el título de brujos, chamanes, sabios o sacerdotes en las sociedades más estructuradas.

Esta cualidad, le permitía al líder prever los peligros que acechaban a la comunidad y anticiparse para ponerla a salvo de estos.

La base de esta actitud previsora radicaba en su capacidad de observación y la inteligencia para descifrar las señales que otros no alcanzaban a ver. Ellos estaban atentos a los cambios que veían en el clima, el comportamiento de los animales, de los miembros de la comuna o de las otras tribus vecinas.

Al ser sensibles a estos cambios, podían imaginar escenarios de respuesta que a los demás no se les ocurrían.

Pero no solo eso, a su capacidad de entender el entorno cambiante, añadían su poder de convencimiento lo que les permitía salir colectivamente de las contingencias.

Esas cualidades de los líderes primitivos siguen siendo válidas en nuestros días.

Hoy, los verdaderos líderes son las mujeres y hombres que se ponen al frente de sus comunidades y que alcanzan a entender los fenómenos que se les presentan, y marcan las rutas para salvar las adversidades.

Ocurre con mucha frecuencia que estos visionarios son incomprendidos y señalados con desprecio por la masa, por atreverse a cuestionar el estatus quo, o a ir en un sentido diferente al que les marca la costumbre y la conveniencia.

Incluso son segregados de los espacios donde puedan resultar incómodas sus opiniones.

Frecuentemente los otros líderes, sobre todo los que están enquistados en las instancias de poder, se dan a la tarea de crear animadversión entre la población contra quienes ponen en cuestionamiento sus erradas decisiones o su falta de actuación oportuna.

Todos aquellos que ostentan el poder y que no estén a la altura de lo que estos tiempos demandan, serán evidenciados y habremos de ver como de manera natural los verdaderos líderes asumen la dirección de la sociedad.

En tiempos difíciles cada cual es puesto en el lugar que le corresponde.

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