Este sentimiento llega a ser tan intenso que se desarrollan trastornos emocionales, tales como ansiedad, depresión, insomnio, frustración e ira, entre otros.

El flagelo de la incertidumbre

Como un efecto secundario de estos tiempos aciagos, está la incertidumbre sobre el futuro inmediato que padecen millones de mexicanos. Este sentimiento llega a ser tan intenso que éstas desarrollan trastornos emocionales, tales como ansiedad, depresión, insomnio, frustración e ira, entre otros.

En ciertos casos eso contribuye a la pérdida de la confianza en nosotros mismos y en nuestra capacidad para resolver nuestros problemas.

 En tiempos de relativa normalidad una crisis financiera nos daría suficientes motivos para estar más que preocupados, pero esto que estamos viviendo hoy, no es solamente un asunto que tiene que ver con nuestra situación económica. Literalmente nos jugamos la vida cada día.

Salir a comprar los víveres, a pesar de nuestras precauciones puede convertirse en una actividad letal, si por desgracia nos llegáramos a contagiar del COVID-19 y pertenecemos a ese grupo de individuos que reacciona terriblemente a este virus.

Este estado de angustia se alimenta con la amplia difusión en medios de comunicación de todo lo relacionado con esta crisis sanitaria y que se agrava  durante la cuarentena.

Ya se está viendo que una cantidad indeterminada de empresas no volverán a abrir sus puertas pasada la pandemia. Los empleados que laboraban en ellas se quedarán sin trabajo y en consecuencia no podrán hacerles frente a los gastos de colegiaturas, hipotecas, préstamos, y hasta el sustento diario estará en entredicho. Por otro lado, millones de personas, en este momento han quedado en el desamparo al verse imposibilitadas para trabajar y sin ingresos ni ahorros están pasándola bastante mal, lo que agrava su situación emocional.

Preocuparse y pasar las noches en vela no resuelven nada, al contrario, las preocupaciones se reflejan de forma directa en un incremento en el nivel de estrés lo que desencadena una baja en el sistema inmune y nos vuelve más susceptibles de ser atacados por diversas enfermedades.

Tener confianza en que las cosas habrán de mejorar y enfocar nuestra mente y atención en las diferentes opciones de solución, nos brinda la oportunidad de encontrar la salida. Al tener la certeza de que nos podemos adaptar a las nuevas condiciones nos libera de la carga de la incertidumbre.

Pero para llegar a este estado emocional debemos estar dispuestos a evolucionar.  Entender que no solo han cambiado las reglas del juego, el juego en sí mismo cambió. El COVID-19, llegó para quedarse. Aunque pase la pandemia rondará nuestras vidas.

Tendremos que aprender a vivir en esta nueva realidad, desarrollar otras habilidades, adquirir diferentes conocimientos, incluso hasta mover nuestra residencia si es necesario y ajustar presupuestos para entrar en un modo de sobrevivencia básica prescindiendo de gastos superfluos.

Nadie puede saberlo, pero tal vez para muchos de nosotros esta pandemia traiga cosas mejores a nuestras vidas si sabemos aprovecharla en nuestro beneficio.

 Las crisis son como los huracanes, se llevan todo aquello que estaba mal puesto.

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