La sierra y Misión de Guadalupe.

Dominicos, Historias y Cochimíes

Camino misionero 

El día 5 del mes, el compañero Luis Domínguez Bareño, director del Archivo Histórico Pablo L. Martínez, me hizo el favor de llevarme hasta la casa los ejemplares de mi novela, que me corresponden.

Desde ese día tengo en mi poder la novela que transita desde San José de Magdalena, sierra arriba hasta la Misión de Guadalupe. Luego tomar la cresta del norte, desde San Ignacio, pasar por San Joaquín y San Zacarías, luego por el Álamo y demás ranchos que están en esa dirección hasta llegar al rancho Las Higueritas, de don Mayelito Rojas, que desafortunadamente ya falleció.

El tránsito de los dos ramales es infernal. Desde San José para internarnos por La Marcelina y llegar al rancho San Dieguito, del afable y bondadoso don Carpóforo López, el tránsito es insufrible. Por arriba de la sierra desde San Ignacio los arroyos y camino también es criminal.

La novela se llama Historia de la Sierra de Guadalupe, nombre que por política del Archivo así se tituló. Desde siempre la llamé La Marcelina y el Granadito, que aparece en la portada abajo del original. Aclaro: el cambio no es responsabilidad de la dirección actual.

No es la historia de la sierra sino historias dentro de la sierra:

Los misioneros Dominicos que llegaron el último tercio del siglo XVIII y fundaron la Misión de Guadalupe en lo intrincado de la sierra.

La novela dibuja el tránsito de las huellas de sandalias de los misioneros y Cochimíes que recorrieron enormes distancias para, por el camino misionero, llegar a San Ignacio y Santa Gertrudis.

Dibuja el martirio y vida sacrificada de los indios y neófitas que soportaron mil injusticias.

Por el camino misionero el dominico Teodoro de Asturias mandó desollar dos indios porque lo habían visto en el sótano, cuando fornicó a la novicia Sor María Eugenia.

De esas historias y más trata la novela:

La casona de piedra donde Arnulfo Sui Qui hospedó por más de un año a un servidor: Una noche escuché que llegaba el Chato Bastida y la Bicha, su esposa, y gritando –el Chato- les decía que se bajaran del picap y acomodaran las cosas para la pachanga de otro día.

¡El Chato y la Bicha habían muerto muchos años antes!

La novela da cuenta de la historia del artero crimen de doña Cuquita, y la niña que se aparece en la escuela y el internado.

La profecía del Guama que señaló en la cueva ahumada que quien encontrara el esqueleto del niño sacrificado y los cuatro lingotes de oro, a los 150 años se repetirían las calamidades que sufrían. Que habría jóvenes que recorrerían los arroyos cargando una muñeca como si fuera su novia. El Guama profetizó que habría una comunidad de seres infrahumanos que impedidos de sus facultades mentales caminarían por la sierra como seres guturales.

No es la historia de la sierra sino historias en la sierra… ranchos y comunidades que viven del pasado y presente: que no tienen futuro porque la cadena del tiempo no da para más: el presente es una película diaria: de la cama a la madrugada para soltar las chivas a la montaña, tareas propias hasta la tarde para ir a la montaña a concentrar las chivas y pastorearlas hasta los corrales. Llegar a la casa, platicar con la esposa y los hijos de lo mismo, cenar y volver a la cama… todos los días hasta que los hijos toman el trabajo del padre. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: No es la historia de la sierra, sino historias narradas en 190 páginas.

Historias reales y fantásticas de ese inmenso universo de misioneros, indios e injusticias. Historias en ese techo del mundo donde los rancheros todos los días están más cerca de Dios y más lejos del gobierno.

La Marcelina y el Granadito está a la venta en el Archivo Histórico, en la Casa del Libro Sudcaliforniano, a un costado del Museo Antropológico, en el Teatro de la Ciudad y en Librería Ramírez.

Allí puede concurrir a comprarla. Cuesta CIEN PESOS…

“Hay otros libros de arqueólogos americanos sobre los rastros de las misiones en esa ruta, pero ninguna novela. Creo que la del profesor García Manríquez viene a llenar un hueco o, mejor dicho, descubre una veta de ricas historias” Contraportada. Licenciado Ramón Cota Meza. Letras Modernas Inglesas, en la Facultad de Filosofía y Letras, de la UNAM.

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