Cada vez me convenzo que para avanzar en la política, a forziori se tiene que ser perverso, huevón, incumplido, inhumano, deshonesto, frívolo

¿ Y?

Cada vez me convenzo que para avanzar en la política, a forziori se tiene que ser perverso, huevón, incumplido, inhumano, deshonesto, frívolo. Y muchas características que todas juntas hacen la masa ideal para un político perfecto en la entidad. Y por el contrario quien aplica la lealtad, trabaja, se la parte en su responsabilidad, no merece el estímulo de seguir adelante y su futuro que le roza la nariz lo lleva al ostracismo y por ende a la fría banca. Lo veo hoy. Y lo reflejo en Armando Martínez Vega un político profesional, que después de haber sido el pivote de la pasada victoria en donde el PAN se llevó todo. Y en especial donde su alcaldía brotó con holgura de votos, empieza a oler a un abandono total. No compite una Senaduría como era lo más lógico. Tampoco una diputación federal. Y mucho menos el placer de ser reelecto. Esto creo que a diferencia de Loreto y Los Cabos con sus aciertos y errores, Armando lo merecía. Se queda a terminar su período. Bien por la ciudadanía. Mal para su carrera que justifica por desgracia que ser alcalde en La Paz es un mal fario. O para ser más concreto es un re sumidero de políticos. Armando es de esos hombres buenos. Lo conozco y me sentía su amigo. Pero creo que no lo soy. No de mi parte. Pero Siempre lo he admirado por su inteligencia y vocación humilde. Es sencillo y desprendido. Es de los pocos políticos que válgame la redundancia saben de política. Se le abona que en su chamba lo hace bien. Que falló en estrategias aplicadas es cierto. Pero también lo es que ha hecho cosas buenas que su vocero debería de cacaraquear. Este es Armando. Un edil solitario y dejado a un lado por su partido y su grupo. Y con él un equipo de trabajo de valía. Un ejército licenciado que verá desde las montañas la próxima batalla electoral ¿ Y Armando?

As bajo la manga

Manuel Macklis Fisher ya no vive. Murió hace 6 años. Pero aquí entre nos, creó que está vivo. Y pienso que el morirse fue una jugada más que le hizo al destino… Y espero que un día de estos me llame y me invite a comer por ahí. Manuel, fue un hombre fuera de serie. Un cuerpo grande, tan grande, que albergaba cómodamente un corazón de igual tamaño. Le conocí bien. Lo quise como amigo, como jefe, como socio. Y como mi segundo padre. Les confieso que ese amor no fue siempre. Es más, por muchos años, no nos hablábamos. Un, ¿hola cómo estás? Bien, señor Macklis. Y punto. En sus tiempos de multimillonario, el tenía sus amigos periodistas. Me caía gordo, sin saber porqué. A lo mejor por sus desplantes de hombre rico. En los noventa el destino nos unió, cuando asumió la alcaldía paceña. Entró a suplir a José Carlos Cota Osuna y yo me desempeñaba como director de comunicación social Y el primer día de su mandato. Y antes de que me corriera, porque no era santo de su devoción, hice mi oficio de renuncia y fui a la presidencia a entregárselo. Y ahí estuve en antesala durante seis horas. Y no me recibía. Hasta las once de la noche, Alberto Ceceña Cosío, su secretario particular, me dio el pásale. Y ahí estaba en la silla presidencial. Ancho cual era. Una chamarra de piel española color crema, camisa italiana. Y sin más preámbulo, me soltó la pregunta ¿Ya cenaste? Me sacó de onda la pregunta. El sabía que estaba ahí, esperándolo. No. Le dije. Y le añadí. Y no tengo hambre. ¿Y qué traes en el folder? Mi renuncia. Y es con carácter irrevocable. No quiero trabajar con usted. ¿¿ Y eso? Una decisión muy personal. Le respondí. Hizo un silencio. Y volvió a la carga. Mira, está bien. Pero antes de que te vayas, vamos a echarnos unos tacos. Y hacer un recorrido por la ciudad. Acepté y fuimos a la taquería La Vaca Muda, de cabecita. Nos dimos una hartada. Y antes de terminar la cena me pidió “Quédate. Te voy a mejorar el sueldo.” Y vamos a ser amigos. Das el perfil, para que seas mi colaborador. Estás gordo. Y ahí, signamos un pacto de amistad para siempre. Después vinieron giras por las comunidades rurales, quitó los exclusivos de los funcionarios y se los dio al pueblo. Audiencias públicas, muy seguido. Entregó miles de títulos a gente necesitada. Le atoró al problema del bacheo y del agua potable. De iluminación. Y compró unidades del transporte urbano, el mismo que otro alcalde lo tracaleó a sus cuatachos. Manuel hizo en un año, lo que no se hizo en trienios. Y nunca cerró la puerta de Palacio municipal. Nunca se mareó con el poder. El último día de su mandato convivió con sus colaboradores y les dio las gracias. Al otro día, cocinó para todos ricos pescados. Y siguió su vida. Las penurias económicas se le vinieron en cascada y de aquel millonario, quedó solo un hombre modesto, que daba el bocado a propios y extraños, sin pedir nada a cambio. Fuimos socios en una Revista, Colla. Y desbaratamos la sociedad en Constitución frente a unas ricas viandas de mariscos. Me dijo No me gustas de socio. Te vendo mis acciones. Dame veinte mil, sin moverte de aquí. El destino me había puesto en mi bolsa esa cantidad. Cuando vio el dinero, soltó la carcajada. Digo que Manuel trae un as bajo la manga. Y no miento. Su vida, era la de un buen jugador de póker. En momentos difíciles, cuando el camino se cerraba soltaba su juego: Pokar de ases. Sin duda un ganador. Y esto lo aplicaba en el amor, la salud, la vida en sí. Lo hizo en los negocios que le dieron fama y dinero, viajes por el mundo. En la cercanía con amigos. Y un día en enero del dos mil once, me habló por teléfono: Gordito, llévame a comer, fuera de La Paz. Vamos a platicar. Y dejé lo que estaba haciendo y lo llevé a San Pedro. Y desde que se subió me empezó a contar su vida. Me habló de don Cruz, su padre. De su madre y sus hermanos. De su primer amor, Mary. Hasta los demás. Me habló de sus ilusiones, de todo. Comimos barbacoa. Y de regreso, la risa, los recuerdos. El inventario de nuestros negocios, donde ni ganábamos ni perdíamos. Y un día que no quiero recordar me llamaron para decirme que Manuel había muerto. De pronto me acordé  de lo que siempre he dicho que hombres como Manuel, que nacieron para compartir, para amar, para servir, no mueren, solo se van de vacaciones a los paraísos desconocidos. Y en el caso de Manuel, vendrá, con esa franca sonrisa y en la mano. Un as.

Vidas Paralelas

Me la platicaron ayer. Y así la cuento. Dicen que en el Valle los ejidatarios que tienen accesos a la cuenta de Face del aspirante a diputado federal Venustiano Pérez lloran con el video que este sube a cada minuto donde sale pastoreando vacas lecheras de alto registro. Y el cómo el hombre Marlboro. El motivo de su llanto es que esas vaquitas eran de ellos. Ah raza…Y con esto nos despedimos deseando lo mejor. La vida misma. Y no olviden: hagan el bien. Y sean felices.

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