El sanguinario asesinato de Luis Jaime Farías Tuchmann

Uno más

El sanguinario asesinato de Luis Jaime Farías Tuchmann, no es más doloroso que las decenas de víctimas inocentes en esta guerra del narco. Ni tampoco de los cientos y cientos abatidos en estos 900 días de muertes seriales. No, duele igual. Y la condena por este acto es igual de enérgico. La diferencia si le podemos llamar así en el caso de Luis es que fue un hombre con todos sus errores y aciertos un sudcaliforniano comprometido con su tiempo. Duele este crimen porque de manera quirúrgica llega a las fibras sensibles de los afectos. Y este crimen artero quita la vida a quien desde la trinchera del periodismo se ganaba la vida con decoro. Un pasado exitoso en el servicio público por la alcaldía de Comondú y posteriormente en asesorías parlamentarias. Una vida útil que la maldita violencia desparramada por toda la geografía Sudcaliforniana nos está asesinando poco a poco a todos. Una vez más pido y no me canso de hacerlo a las autoridades federales, locales y estatales que recapaciten en sus estrategias para combatir la violencia. Ya no son casos ocasionales sino continuos y permanentes que deber tener el seguimiento adecuado para dar con los responsables. Una fría y escueta carpeta que se levanta por cada muerto que cae no es suficiente. En concreto señores de la autoridad pedimos en todos los casos. Y en especial el de Luis, castigo para sus asesinos.

Cuaderno

Ahí está: sencillo a más no poder. Alto y elegante. Es el escritor Elmer Mendoza. Está aquí para impartir un taller de novela policiaca.

Una silla negra. Una libreta roja, donde apunta y apunta. Y una silueta que recrea los perfiles, ya sea de aquellos periodistas de la nota roja. O la de los detectives misteriosos y legendarios ¿Su propio Zurdo Mendieta?

O nuestro añorado Ramón Elizondo Almeida, el hombre de la texana y la lugger a la cintura?

No sé. Solo sé que este hombre de fama mundial. Su obra se lee en diez idiomas. Y está aquí. Y esto es un acontecimiento.

Primer día de clases: me presento- bienvenido Jesús. Me extiende su mano. Un saludo. Y después me comparte» puedes tomar café. Y pastel.»

4 días al máximo. Días largos.  Cinco horas de enseñanzas. Yo creo que uno aprende del maestro Elmer, con solo escucharlo. Bajo de los limbos y reflectores e intenta en el paraíso calisureño que esos veinte alumnos capten la esencia  de este género en el que el navegara más de 20 años buscando su Dorado o la Cálida Fornax, lechos de oro, leche y miel. La buena vida a la que hoy accedió con sus múltiples obras, donde él, con la casaca del Zurdo, recrea a los miles de lectores con hazañas y vicisitudes.

En los recesos pide a Siri de su iPhone que lo comunique y atiende pendientes. Después saboreando un café negro se sume en largos pensamientos. Y otra vez a la carga. Revisa capítulos de los escolapios. Yo le leo el mío y le aclaro » siento una herejía leerle a un personaje de su talla» le sale un asomo de sonrisa.

Usa un chaleco verde, fino. Zapatos negros bien lustrados. Apunta cada detalle de sus clases en una pequeña  libreta roja. Nos habla por nuestros nombres. Eso me halaga.

Nos pone hacer ejercicios a cada rato. Y los escucha con atención. Nos da las fórmulas para la escritura y la lectura. Tiene oído fino. Y la paciencia de Job.

El tercer día me lo topé  cerca de la puerta y aprovecho y pregunto ¿ Desde qué edad le gusto leer maestro? Desde siempre. Me contesta. Se va. Y de inmediato retorna  y añade «me gusta leer desde el día que aprendí».

Cuatro días se fueron como agua. El maestro Elmer se va. Estará estos días en Puerto Rico, después en Madrid y en Londres. Y de este último lugar casi a principios de junio estará otra vez en La Paz. Otra parte del taller.

Es un ciudadano del mundo. Viaja y comparte.

Se despide de nosotros por la noche del jueves en la presentación de su libro «Besar al detective.»

Nos ubica desde lejos y pregunta con señas, ¿ y eso?

«Le respondo: acompañando al maestro» Sr.

Vidas Paralelas

En su más reciente viaje a la Ciudad de México, el gobernador Carlos Mendoza Comenta » Estuve reunido con Raúl Cervantes Andrade, Procurador General de la República, trabajando en soluciones a la problemática estatal, particularmente la del municipio de Los Cabos. Es prioridad recobrar la tranquilidad de las familias sudcalifornianas, nuestro mayor reto es garantizar que los sudcalifornianos puedan vivir en paz ¡y lo vamos a lograr!»  Bien… Y con esto nos despedimos deseando lo mejor de la vida. Y no olviden: hagan el bien. Y sean felices.

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