La ilusión del cambio se mantiene firme.

Tangible

La ilusión del cambio se mantiene firme. Después del proceso electoral, las expectativas ciudadanas están a la vera del camino esperando aún las buenas nuevas. El desencanto no amaina en el mando presidencial donde la popularidad del ejecutivo frisa arriba del sesenta por ciento. Y si bien crece la desaprobación Andrés Manuel está firme. Digo esto porque nuestro pueblo es de fe. Y por lo tanto sabe esperar. Y en lo que espera es lo más esencial. Es decir lo que necesita para vivir bien. Seguridad pública, alimentos accesibles, energía eléctrica barata, agua potable. Gobiernos responsables u certeza jurídica en lo suyo; personas y bienes. Y educación para sus hijos entre otros satisfactores. Y de estos hay unos en específicos que corresponden facilitarlos al gobierno de la República. De esa República en la que confía el ciudadano. De los pendientes y de los que todos pedimos se alcancen son las tarifas eléctricas. Estas se han disparado de manera exagerada. Golpea de manera inmisericorde a todos los hogares y a una parte importante de la planta productiva. La energía que consumismos es la más cara del país. Y para acabarla de amolar no hay una sola consideración para que se mitigue en parte alguna el ramalazo. Por ello esperamos que el gobierno de Amlo se conduela y pronto tengamos una tarifa justa que nos ayude a paliar la crisis económica que nos golpea de manera crónica. Después de la energía tenemos que los desniveles fiscales tienen que equilibrarse. Los golpes recibidos al quitarnos la consideración de estados fronterizos y negarnos una probable reducción del IVA nos daña. Y hay otras necesidades que esperamos que se cumplan. La seguridad en las calles, los hogares y las personas. Y mucho más de lo que poco a poco iremos comentando. Gracias y reitero a los Sudcalifornianos nos embona bien ese dicho de que la esperanza muere al último.

Coyote

Soledad, aridez y un calor insoportable, son los candados que aprietan mi cuello. Aparte del alambre que me sujeta de una pata e impide mi libertad. Soy un reo de la insensatez humana, que al cautivarme me van matando poco a poco y de paso muestran su bajeza.
Soy Chuy el Coyote. Mi cárcel sin paredes está en Las Pocitas. Aquí me tienen desde hace dos años. Lejos de mi familia, bajo una sombra de palmas. Y pegado a la carretera. Veo a diario el incesante circular de vehículos. Los frenos de motor me taladran los oídos.
Mi hogar es un circo de una sola pista. Vienen a verme muchos humanos. Me tiran desperdicios, y en el cuenco del agua, me ponen cerveza.
Unos me avientan monedas, como si pudiera comprar buena comida- no puedo, porque soy coyote. Un animal. Y mi hambre no se acaba. Como lo que puedo. Hay días que no pruebo bocado.
Odio cuando mi captor Salvador, cuenta la trillada historia de mi captura. “Una mañana, desperté. Y fui al gallinero. La imagen fue devastadora, todas las aves habían desaparecido. Rastros de plumas. Y sangre. Y unas huellas delatadoras, de este criminal. Lo encontré en su madriguera. Y Aquí lo exhibo como prueba fatal de sus atrocidades, para que pague con vergüenza.”
Miente. Yo no fui. Sin embargo acuso el castigo con resignación. Déjenme que les cuente. “Soy de la manada del norte. Mi padre Josué y mi madre Rosalina, son de la cañada de Iritú. Nací, en las piedras lajas. Y de ahí nos mudamos en busca de comida a la Playa del Pacifico. En ese lugar había bastante comida. Almejas y peces varados. Y muchos más alimentos. Pero todo se acabó. La hambruna liquidó a mi especie.
Los que sobrevivimos nos concentramos en el llanito, cercano al arroyo de Las Pocitas. Ahí construimos nuestra morada. Una cueva fresca, cómoda y protegida de todo; vientos, aguas y cazadores. Y comíamos lo que encontramos. Una mañana salí a buscar alimentos. Y una reata cayó en mi cuello. Fui lazado por una turba humana encabezada por Salvador. Me molieron a culatazos de sus rifles. Me sangraron. La saña era mayúscula. Del dolor, perdí el conocimiento. Y al despertar me encontré en esta situación: un coyote amarrado. Y el morbo de la gente sobre mis costillas.

Una noche de frío invernal vino a visitarme mi madre. Con ojos llorosos me anunció la muerte de mi padre. “El gran Josué, el rey de la pradera. Murió atropellado, cuando venía a rescatarte. Ya no lo verás jamás”.
Me dolió en el alma la primera noticia. Y la segunda me aniquiló. “Yo me voy con lo que queda de la manada a los  Llanos de Hiray. Allá viviré. Si llegamos bien”. Después me acercó su cuerpo para darme calor, pero yo estaba congelado. Y triste ¿Por qué la vida es así?

Vidas Paralelas

Cuando más ocupa uno de sus padres, se van.
Hoy moriré. Me voy al lugar de los muertos. Donde están mis hermanos y mi padre. Busqué la muerte. Sin comer por días y días. Y como nadie se da cuenta si vivo o muero. Ya no más. La vida de un coyote cautivo, no tiene ningún valor.
La vida de Chuy el coyote de las Pocitas se fue extinguiendo. Pero en su mente se recorría una película. Era una mañana en el cantil. Su padre al centro y su madre al lado, repartían carne fresca de gallinas y pollos. La satisfacción del gran Josué. Y la felicidad de su madre, por llevar que comer, era indescriptible.
Por ese momento, bien vale la pena morir.* Este esbozo de cuento, es en memoria de Chuy el Coyote que de manera salvaje y cruel era mostrado en una sombra. Final… Me gusto esta frase: Los políticos no ocupan amigos cuando están en el poder. Los necesitan cuando ya no están …Y con esto nos despedimos no olviden hagan el bien y sean felices.

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