La Hojarasca.

Neruda y García Márquez

Pablo Neruda en un congreso internacional de literatura esgrimió el argumento de que se debía suprimir la ortografía, y la Real Academia tomar las palabras tal cual son sin fijarse en la ortografía salvo cuando se cambie el sentido de la palabra. Tal propuesta fue desechada.

No sé cuánto podría interesar en la actualidad tal propuesta ya que el escribir sin faltas de ortografía a veces es un reto y tenemos que acudir al google, con la pérdida de tiempo que ello ocasiona. Otras, la palabra mal escrita –y al darnos cuenta- nos causa un pesar y congoja y nos hacemos mil conjeturas: ¿por qué no la escribí bien si sé cómo se escribe? ¡Hasta no podemos conciliar el sueño¡ (aquí me equivoqué en el signo de admiración, pero es que tengo un nuevo teclado y hay algunas cuestiones que no entiendo) ¿Pero qué tanto cambia el sentido de lo escrito?

Los acentos son indispensables porque al ponerlo o no en una palabra cambia el significado. Porque no es lo mismo México que Mexico. La primera es palabra esdrújula y la segunda es grave, dátil y datil, la primera grave y la segunda aguda… en fin… la mayoría de las palabras mantienen su significado con ortografía correcta o incorrecta (ocasión y ocación)

Cuando leo a Neruda o García Márquez no lo hago para buscar faltas de ortografía, sino por lo extraordinario de su literatura.

Leyendo “La hojarasca”, de Gabriel García Márquez encontré una palabra que explotó en mis ojos; una palabra explosiva: dos faltas de ortografía en dos renglones corridos, pero la primera me impactó. El texto es el siguiente:

LA HOJARASCA:

No sé por qué no ha venido nadie al entierro. Hemos venido mi abuelo, mamá y los cuatro guajiros que trabajan para mi abuelo. Los hombres han traído una bolsa de cal y la han vaciado dentro del ataúd. Si mi madre no estuviera extraña y distraída, le preguntaría por qué hacen eso. No entiendo por qué tienen que hechar cal dentro de la caja. Cuando la bolsa quedó vacia…,”

La mayoría de los lectores sabemos que “hechar” no lleva “h”, y la palabra vacía lleva acento.

Y la Hojarasca la escribió en los 50s, es decir “ya tiene rato el error”

¿Qué pasó, por qué se cometió el error? ¿García Márquez necesitaría un diccionario? Mi correo: raudel_ tartaro(a)hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: Hace como un año, un cachanía radicado en la CDMX me mandó un mensaje en el que me dice que “me compre un diccionario ortográfico”. Obviamente me inconformé y le contesté diciéndole que “como era muy chingón viniera a La Paz para que me diera unas clases de ortografía.

Ahora bien: por esos errores de La hojarasca, ¿García Márquez estaría urgido de un diccionario? Seguramente no revisó el texto, ¿o se le entrampó el rifle?

Alea Jacta Est- 04-09-20-

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