La crisis económica que golpea en seco a la mayoría de los sudcalifornianos, tiene diferentes rostros

Fases

La crisis económica que golpea en seco a la mayoría de los sudcalifornianos, tiene diferentes rostros. Tiene la del sufrimiento y la desesperación…La del abuso, del cinismo, de la desvergüenza. Y la deslealtad, entre muchas más. Lo entiendo y más cuando ayer tuve la oportunidad, como en mis viejos tiempos de corroborar algo que ya sabía, pero para comentarlo tenía que ratificarlo. Fue la concurrencia exagerada a todos los casinos que operan en La Paz. Todos no tenían un cajón vacio en sus estacionamiento. Al full. Y la otra parte checada: las casas de empeño al reventar. Largas colas de pignorantes con artículos que usted ni se imagina. Hay violines, guitarras, placas dentales de oro, cámaras, lentes, tanques de gas, plantas de luz, carriolas, vajillas, camitas de bebé. En fin de todo. Es notorio los rostros suplicantes de la gente humillándose, rogando que se les acepten sus prendas. Y los empleados de las negociaciones con tratos despóticos y burlones. Nos vamos hacia lo primero y es la apostadora. Es interesante lo que está pasando en estos momentos en los casinos. Ahí quedan los ingresos del padre de familia y si la esposa trabaja, también. La ilusión de ganar un recurso que fortalezca sus ingresos se convierte en una fallida esperanza que pauperiza a quien cae en las garras de este tobogán de lo imposible. Al perderlo todo se cae en el delito del robo, de la estafa, de acabar con todo el patrimonio familiar. Y también con la moral. Y aunque hay quienes creen que la moral ya no existe porque pasó de moda, hay hogares donde todavía cuenta. Pero también hay la acechanza contra esto y son los brotes de prostitución que se dan en este entorno de los casinos, donde se prostituye para seguir jugando. Es decir seguir perdiendo dinero de manera ilusa. Este es un problema real, latente. Ahí está en espera de que se le atore. Ahora falta saber que institución se anima.

Gato

Los pobres vivimos de mitos, y creer en fantasmas es algo común. Y siempre pensamos en ellos en blanco. Y flotando. Yo conocí uno diferente negro y nadando.

Eran los años setenta y cacho, mi vida iniciaba en una familia feliz. Y un pueblo maravilloso era mi casa Puerto San Carlos que apenas nacía. Tenía yo tenía solo doce años. El despertar a todas las cosas, Entre ellas la amistad.

Éramos inseparables Samuel, Esteban y yo: Heriberto. Nos comíamos a puños las madrugadas y los atardeceres de ese lugar. Una triada inquieta. Pícara, exploradora. Hijos de pioneros de ese lugar. Mi padre albañil. Construía las casas de capitanía la familia de Samuel eran los dueños del único restaurante. Y Esteban era hijo del policía del lugar.

A las 6:00 en punto salíamos corriendo de nuestros jacales de palma y vigas. De palo fierro y nos enrumbábamos al puerto. No había controles como hoy. Un puerto libre para todo y todos.

Había si, inundando el ambiente un aroma de agua viva de sargazos, de ruidos de motores, de misterios. Olores de vida, de aventuras. Y de ilusiones.

Una plataforma gigante pilastras donde se amarraban los gigantescos barcos provenientes de Grecia, Rusia, China. Y  de muchos países mas que se llevaban el oro blanco, en pacas de algodón producido en el Valle de Santo Domingo y también el trigo, el cártamo. Era la salida de voluminosas riquezas.

Y ahí, en la parte sur del muelle empezábamos la faena. Tres adolescentes tres pescadores en ciernes. Seis manos en movimiento. Primero el lance del curricán. Pescar, es atracción fatal. Orgásmica. Indescifrable.

Y regresa el anzuelo con pequeños peces llamados aguijones carnada para la corvinas que abren sus bocazas para devorarlos sin saber que al hacerlo son presas de esos tres pescadores que van acumulando. Sus trofeos que en un par de horas, serán el plato fuerte del desayuno, sus familias.

En la sexta corvinas pescada, paso algo que nos dejó fríos. El mar se ennegreció, frente a nosotros era una mancha negra en movimiento. Los peces pequeños asustados y las corvinas, salían del agua en saltos intempestivos. Me entró un escalofrío y las manos y pies me temblaban.

– Es el fantasma del mar- dijo Samuel. Y Esteban lo secundo. Es el guardián del puerto. Y es un monstruo de siete cabezas. Se aparece solo cuando hay luna llena.

Yo no escuchaba. Solo seguía observando esa cosa que se desplazaba bajo el agua. Y que al llegar al séptimo pilastrón, se me perdió de vista.

Ya no pescamos. Nos fuimos a casa. Y ya no fueron igual mis días, de pesca, después de ese día. La aparición del fantasma del mar me quitó la alegría. En varias ocasiones. Más, lo vi. Y sentía el mismo pavor.

– Ya  no voy a pescar. Le dije a Samuel. ¿Y eso? Tengo miedo. No quiero que ese fantasma me devore.

No pasa nada Heriberto. Mira vamos por ultimo este sábado y el lunes nos cambiamos al puente. Allá caen pargos y  cochitos. Y en los mangles sacamos pata de mula. Sale pues.

Y ahí estamos otra vez en el muelle. Y ahí viene el méndigo fantasma. A diferencia de otros días, hoy viene derechito a nosotros. Y de pronto sale del agua el monstruo. Era algo espeluznante. Una masa café. La cabeza horrible colmillos puntiagudos. Antes de correr caigo de espaldas en un montón de mecates. Y me levanto para unirme a la estampida de mis amigos.

¿Lo viste? Me pregunta Esteban. Sí. Es el diablo del mar. Responde también Samuel.

Esa noche ya no pude dormir. Le pedí un campito a mi padre en su cama. Y lo abracé para quitarme el miedo. En la mañana antes de desayunar mi padre me pregunta ¿qué tienes? Cuéntame ¿qué te pasa? Vi al diablo del mar ayer. Es una cosa horrible.

¿Dónde lo viste? En el muelle a ver –Descríbemelo-. Y le doy las características del monstruo. No termino de hablar cuando mi padre suelta una sonora carcajada. Y grita a todo pulmón. Es don Gatooooo. Es don Gatooooo.

¿Y quién es don Gato? Me explica: Mira no te asustes ya. Eso que viste es un mero gigante. Vive en unas cuevas que están bajo el muelle. Yo lo conocí cuando trabajé en la construcción del puerto. Esa es su morada. Sale de vez en cuando. Y tiene como siete años de vida.

Me tranquilicé. Y en cuanto pude fui a darles la noticia a mis amigos y reanudamos la pesca en ese muelle y las apariciones de Don Gato las festejamos con agrado.! Hey don gato! le saludábamos con respeto y con cariño.

Todo lo que gozamos queremos y amábamos acaba.

Vidas Paralelas

Un lunes 16 de agosto de 1975 por la mañana esos tres chiquillos lloramos y ofrendamos nuestras lágrimas a Don Gato. Fue arponeado por Juan Mosqueda del Club de tiro pesca y caza Las Palomas de Villa Constitución en un torneo del mero más grande.

Lo sacaron con una grúa de Los Quijano. Y lo subieron a un camión negro de redilas, de las que nos colgamos los tres y condenando a cada minuto, al asesino de don Gato.

El puerto: Su muelle, San Carlos. La pesca. Y  Nosotros ya no fuimos los mismos.., Y con esto nos despedimos, deseando lo mejor. Y no olviden: hagan el bien. Y sean felices.

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